26 de agosto de 2026 - 06:35

Por qué al cerebro le aterrorizan los cambios: cómo afrontar la ansiedad que generan los nuevos comienzos

Una mudanza, la jubilación o una separación generan una incertidumbre que paraliza. Por qué hacer zoom en lo negativo distorsiona la realidad según una experta

Jubilarse y reconfigurar la rutina diaria, armar las valijas para vivir solo por primera vez, afrontar la partida de los hijos de casa o dar el paso hacia una separación. Los grandes cambios de la vida -incluso aquellos que representan un avance deseado o una etapa natural- suelen venir acompañados de ansiedad e incertidumbre.

Frente a estos escenarios, esta sensación punzante en el estómago no es más que la respuesta ante la falta de certezas. En el marco de un espacio en Aconcagua Radio, la licenciada en Psicología Florencia Chiófalo analizó cómo opera la mente humana ante las etapas que se abren y aportó claves para no quedar paralizados por el temor al cambio.

Cuando la emoción distorsiona el futuro frente a los cambios

"Lo que pasa con los cambios es que nuestro cerebro es muy malo para predecir las cosas, le cuesta bastante pensar en cómo va a ser tu vida después de que pase un cambio grande", advirtió la psicóloga.

Según explicó Chiófalo, existe toda una línea de estudio científico vinculada a la denominada "predicción en relación al afecto". Este concepto indica que las personas tienden a proyectar el futuro según la intensidad de la activación emocional que produce el evento.

¿Por qué los cambios generan tanta ansiedad?

¿Por qué los cambios generan tanta ansiedad?

“Si el cambio nos activa mucho emocionalmente, tendemos a sobredimensionar las consecuencias de ese cambio en nuestra vida. Eso es un sesgo de predicción: sobreestimamos los efectos y hacemos como un 'zoom' en el cambio", detalló.

El problema de esa mirada telescópica radica en que la persona se encandila con la modificación drástica y olvida el entorno: "Nos cuesta imaginarnos que, además de todos esos cambios, nuestra vida tiene que seguir igual en el resto del contexto. Yo voy a seguir trabajando, tengo que seguir cultivando mis relaciones. Los estudios dicen que tendemos a predecir que nos va a costar más adaptarnos a la situación y que nos va a afectar más emocionalmente de lo que pensamos. Y eso también nos retrasa en tomar decisiones".

El mito del momento perfecto: el cerebro prefiere el no

El miedo a la incomodidad suele llevar a la postergación. Al evaluar un reinicio -ya sea ingresar al "mercado de los solteros" tras una ruptura o renunciar a un empleo para buscar nuevas metas- es habitual posponer la decisión a la espera de un escenario ideal.

Ante la consulta sobre la búsqueda de que "todo salga bien", la especialista corrigió el enfoque: "Si esperamos a que todo salga bien, a que se alineen los planetas para poder tomar esta decisión tan importante en nuestra vida, no la vamos a tomar nunca. Nuestro cerebro tiende a eso: 'no, ahora no es buen momento porque pasó esto', 'no, ahora no tenés que tener esa charla incómoda', 'hoy no puedo por la situación económica'. Siempre nuestro cerebro va a encontrar excusas para no tomar la decisión incómoda porque detrás de eso hay incertidumbre".

Por ello, la profesional remarcó que "el momento perfecto no está nunca". Frente a esa realidad, recomendó "animarnos a pensar no tanto en las consecuencias, sino en la transición".

La importancia de tolerar el proceso de cambio

Uno de los grandes temores al dar un salto vital es el arrepentimiento y las ganas de regresar al estado de confort previo. Sin embargo, Chiófalo fue tajante: "Ninguna decisión en la vida es irreversible, salvo la maternidad. Una vez que tomaste esa decisión, no podés ir a devolver el bebé, pero todas las demás decisiones son reversibles, obviamente dentro de los contextos".

Jubilarse, armar las valijas para vivir solo por primera vez, afrontar la partida de los hijos de casa o separarse: grandes cambios de la vida que suelen venir acompañados de ansiedad e incertidumbre. 

Jubilarse, armar las valijas para vivir solo por primera vez, afrontar la partida de los hijos de casa o separarse: grandes cambios de la vida que suelen venir acompañados de ansiedad e incertidumbre.

Para evaluar si la elección fue correcta, instó a tolerar el período inicial de adaptación: "El cambio va a generar incomodidad, la adaptación a las situaciones nuevas va a ser incómoda y desde esa perspectiva, tengo que primero sostener en el tiempo la decisión un rato. La nueva pisada tiene que amoldarse y me tengo que adaptar; tengo que esperar unos meses para decir: '¿Qué me pasó a mí con esta decisión? ¿Qué pude construir?'".

Cómo rearmarse para los cambios

La pérdida de los automatismos cotidianos (el horario de salida, los compañeros de trabajo, los hábitos compartidos en pareja) sacude la estabilidad emocional. Al respecto, la licenciada sugirió encarar la reestructuración desde la identidad deseada.

"Es muy importante no tanto enfocarse en qué hacía yo, con quién estaba o qué horarios cumplía, sino en qué persona quiero ser yo. A través de pensar qué persona quiero ser y qué tipo de vida quiero vivir, empezar a construir de nuevo la rutina. La estabilidad tiene que estar", enfatizó.

Para ejemplificarlo, puntualizó: "Si yo iba al trabajo, ¿qué representaba para mí ese trabajo y de qué manera me sentía cómoda ahí? Bueno, quizás porque me sentía útil o sentía que ayudaba a las personas. Entonces tengo que buscar otros espacios para poder ayudar. Hay que pensar el valor que representaba para mí la actividad y tratar de implicarlo a ese mismo valor en otras actividades".

El rol del psicólogo ante el cambio

A la hora de abordar la resignación o el pánico ante lo desconocido, Chiófalo aclaró el rol de la terapia psicológica en estos momentos de bisagra personal, diferenciándolo de la búsqueda de respuestas mágicas o delegadas.

"Nosotros podemos ponernos a charlar de lo que puede pasar, pero hasta que no tomes la decisión, no podemos entrenarte en la adaptación a esa decisión que tomaste, porque si no lo único que hacemos es generar un sufrimiento sobre una situación que no ha pasado", reflexionó.

"La decisión es algo que solamente puede tomar la persona. Uno como psicólogo puede ayudar a clarificar opciones y a ver cuáles son los motivos por los cuales tomaría una u otra decisión, pero la decisión siempre la va a tomar la persona", concluyó.

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