1 de julio de 2026 - 00:41

El celular como refugio: por qué la ansiedad social y la nomofobia están cambiando el cerebro de los adolescentes

Expertos advierten sobre una crisis silenciosa. El teléfono se convierte en un escudo contra el miedo al rechazo y la incertidumbre que requiere especialistas.

La dependencia del celular para trabajar, estudiar y hacer otras actividades cotidianas es cada vez mayor. Pero el asunto puede hasta volverse patológico cuando literalmente “no se puede soltar”.

Es algo que los especialistas en salud mental reconocen que sucede cada vez más y lo cierto es que la “abstinencia” hasta causa malestares o trastornos. Lo denominan “nomofobia” (del inglés no mobile phone phobia) y es descrito como el miedo o la ansiedad irracional a estar sin teléfono móvil. Esto incluye quedarse sin batería, no tener señal o estar incomunicado. Incluso cuántos habrán experimentado esa intranquilidad que se siente cuando se ha olvidado el celular.

Representa una dependencia psicológica que afecta a millones de personas, de diferentes edades. Pero los especialistas advierten que hay una franja etaria particularmente sensible al tema: los adolescentes.

El celular, los adolescentes y la validación social

Ya en 2015, una publicación de Damsu, el departamento de salud de la UNCuyo, daba cuenta del asunto en Mendoza: “La nomofobia es el miedo extremo a estar separado del teléfono celular y, sin duda, es uno de los trastornos de la conducta que más se ha desarrollado en los últimos años”. Una década después, los celulares han ganado mucho más territorio.

Celular - seguridad
Crisis silenciosa: Expertos advierten sobre el aumento de la dependencia del celular en adolescentes por ansiedad social.

Crisis silenciosa: Expertos advierten sobre el aumento de la dependencia del celular en adolescentes por ansiedad social.

En un informe de la UFLO Universidad, se señala que la adolescencia temprana - de 12 a 15 años de edad- es una etapa crítica para la consolidación de los modelos de apego y la validación social. Refiere que un estilo de apego inseguro genera en los adolescentes un temor constante al rechazo social. En este escenario, el celular se convierte en un refugio seguro que permite evadir la incertidumbre de las interacciones cara a cara. Por eso señalan que la nomofobia y la ansiedad social se retroalimentan en una etapa crítica del desarrollo neurológico de los jóvenes.

El cuadro afecta a todas las edades.

La publicación de Damsu, refiere que en el Reino Unido más del 50% de los usuarios admiten que una de sus preocupaciones es la de perder contacto con el smartphone, chequeando el estado del equipo más de 200 veces por día. “En este territorio la nomofobia, según estudios realizados en los últimos años, puede causar síntomas como ansiedad, taquicardia, pensamientos obsesivos y tensión muscular”, enumera.

Asimismo, trae a colación de que ya en 2010 una universidad en Maryland, Estados Unidos, había realizado un reconocido experimento llamado “El Mundo Desconectado”. Allí se les pedía a más de 1000 participantes de 10 países que se desconectaran por 24 horas de cualquier dispositivo electrónico o medio de comunicación. Sostienen que los resultados fueron abrumadores: la mitad de los encuestados admitió sentirse deprimidos, aburridos, amputados y solos sin su teléfono celular.

Pero la adolescencia temprana es una ventana crítica de "poda sináptica" y mielinización. Gabriel Genise, doctor en Psicología, especialista en Terapia Conductual Contextual, y director de la Carrera de Especialización en Psicoterapia Infantojuvenil de la casa de estudio, asegura que el cerebro es altamente maleable durante estos años.

Hacen falta profesionales especializados

El experto señala que esta problemática requiere un abordaje integral que combine la teoría con la práctica clínica rigurosa. "Los profesionales que trabajan con adolescentes deben estar preparados para comprender tanto los mecanismos psicológicos subyacentes como las dinámicas actuales que moldean el comportamiento de los jóvenes".

En definitiva, lo que sostiene es que, frente a la magnitud de esta problemática, la formación de profesionales especializados en el trabajo clínico con adolescentes se vuelve fundamental.

Según la psicología, las personas que miran redes sociales pero no publican nada no son pasivas
Crisis silenciosa: Expertos advierten sobre el aumento de la dependencia del celular en adolescentes por ansiedad social.

Crisis silenciosa: Expertos advierten sobre el aumento de la dependencia del celular en adolescentes por ansiedad social.

En ese sentido, refiere que la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) aborda esta problemática de forma integral, atacando el problema en tres frentes simultáneamente. En primer lugar, identifica las creencias nucleares de insuficiencia que caracterizan al adolescente. Luego, cuestiona los pensamientos catastróficos vinculados a estar desconectado del dispositivo. Finalmente, utiliza la exposición gradual para que el joven afronte situaciones sociales presenciales sin la "muleta" del teléfono.

El profesional sostiene que cuando la pantalla se usa como anestesia ante la incomodidad emocional, las técnicas más eficaces son el entrenamiento en tolerancia al malestar y los experimentos conductuales. En sesión terapéutica, se guía al adolescente para que permanezca en situaciones emocionalmente incómodas -como el aburrimiento o un silencio tenso- sin recurrir al celular. Al registrar y tolerar estas sensaciones, el joven comprueba empíricamente que la emoción negativa tiene un pico y luego desciende por sí sola, sin necesidad de evadirla digitalmente. Este descubrimiento es fundamental: el adolescente aprende que la angustia es tolerable y pasajera.

Asegura que una intervención temprana con TCC no solo modifica conductas actuales, sino que literalmente "reconfigura" las vías neuronales, fortaleciendo el córtex prefrontal -encargado del control de impulsos y la planificación-.

Cómo identificar la nomofobia

Según refiere el informe de la universidad, hay estudios que indican que el uso nocturno del móvil y la baja autoestima son predictores significativos de la nomofobia. Esto afecta gravemente la calidad del sueño y la atención escolar. Según Genise “la necesidad de validación nocturna suele estar impulsada por el FOMO (Fear of Missing Out), el miedo a perderse algo importante.

La psicoterapia interviene a dos niveles: conductual y cognitivo”. A nivel conductual, se aplican pautas estrictas de control de estímulos e higiene del sueño. Por ejemplo, los dispositivos se retiran de la habitación, eliminando la tentación de revisar redes sociales o mensajes durante la noche. A nivel cognitivo, se reestructuran las creencias sobre la disponibilidad continua. El terapeuta cuestiona afirmaciones como "si no respondo ya, me quedaré solo", ayudando al adolescente a reconocer que estas creencias no son ciertas. Se entrena al joven en técnicas de relajación y respiración diafragmática para que logre auto-calmarse al llegar la noche, sustituyendo el uso electrónico por recursos de regulación internos que le permitan conciliar el sueño de manera saludable.

El rol de los padres ante los adolescentes y el celular

La calidad de la relación con las figuras de apego es determinante en la salud mental del adolescente. Cuando un joven de 13 o 14 años ya presenta un cuadro de ansiedad social y dependencia extrema al celular, el rol de los padres es clave. Deben pasar de ser "policías del celular" a ser "co-reguladores emocionales". En la TCC, esto se trabaja mediante la psicoeducación y el entrenamiento en habilidades parentales. Se les enseña la técnica de validación emocional: comprender y empatizar con la ansiedad que siente su hijo antes de intentar cambiar su conducta. En lugar del autoritarismo, se establecen contratos de contingencias -acuerdos claros, negociados y predecibles sobre el uso de la tecnología- y se promueve la creación de rutinas compartidas libres de pantallas que refuercen el vínculo afectivo de forma positiva.

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