Por la crisis, crecen las consultas para irse a vivir a otro país: la historia de cuatro mendocinos que se fueron

Por la crisis, crecen las consultas para irse a vivir a otro país: la historia de cuatro mendocinos que se fueron
Aeropuerto de Ezeiza (Gentileza Clarín)

En los consulados de Italia y España dicen que ha aumentado la demanda de información y turnos, pero a la vez por la pandemia la atención se ha visto afectada. Las historias de cuatro mendocinos que decidieron irse en busca de otra vida.

“Nuestra bandera flameaba,

en medio del temporal.

Del norte el frío mataba,

se hizo dura la piel.

el terror fue la ley”

(El viento trae una copla, Bersuit Vergarabat. La Argentinidad al Palo, 2004)

A probar suerte, ya sea con una mano atrás y la otra adelante o con el contacto de un hermano/amigo/familiar/primo de un tío que está viviendo allá y tal vez puede conseguir un trabajo para arrancar. Las historias de argentinos que toman la decisión -por lo general, dolorosa- de dejar su tierra e ir a probar suerte al extranjero han sido una constante, una tendencia que comenzó a observarse con fuerza (y cada vez más) con el comienzo del siglo XXI. Y durante el último año, tras el brote de la pandemia de coronavirus en el medio (un flagelo que, vale aclarar, es mundial), las consultas por iniciar y obtener ciudadanías extranjeras se incrementaron considerablemente.

“Podemos confirmar que ha habido un aumento en las consultas y trámites de ciudadanía española, pero no podemos asegurar el motivo. Dicho incremento, en proporciones que no podemos precisar, se ha podido deber, tanto a que hay hoy un mayor número de argentinos que desean radicarse en España, como a la acumulación de consultas y trámites que no pudieron ser presentadas en su momento, debido a que este Consulado General ha estado o bien cerrado temporalmente o con limitaciones en la atención al público desde marzo de 2020 al iniciarse la pandemia”, destacaron desde el Consulado General de España en Mendoza a Los Andes.

Con la ciudadanía y los distintos documentos consulares italianos, en tanto, también se ha evidenciado una situación similar. “Efectivamente han aumentado las solicitudes de información relacionadas a los requisitos para obtención de ciudadanías, inscripción de hijos menores y tramitación del pasaporte, entre otros servicios consulares. Si bien es un incremento difícil de cuantificar, lo cierto es que ya desde antes de la pandemia había un incremento constante. Y luego de que en marzo del 2020 se parara un poco todo, al momento de reabrirse hubo un movimiento mayor”, resaltó el cónsul de Italia en Mendoza, Piero Vaira.

El diplomático destacó que los distintos protocolos que se siguen en el contexto de pandemia -y que llevan a limitar turnos y convocar a una menor cantidad de personas de forma diaria- también inciden en que se espacie un poco más la atención. “Son varios factores los que inciden en este mayor movimiento. Desde personas que quieren irse a vivir al exterior, hasta aquellas que quieren dejarle la oportunidad a los chicos a futuro”, destacó el cónsul.

Más allá de esta situación, Vaira resaltó que las ciudadanías o pasaportes no son el único motivo por el que los italianos o descendientes de italianos en Mendoza se acercan al consulado. “Estamos aquí para fortalecer los lazos entre Italia y Argentina, y los ciudadanos siempre estuvieron presentes. Me gustara invitar a quienes aspiran a la ciudadanía a descubrir nuestra cultura, idioma y tradiciones. Italia y Argentina tienen muchos elementos en común, como son arte, cultura y deporte”, destacó el cónsul.

En contrapartida con quienes están armando o ya armaron las valijas para irse de Mendoza, también están aquellos (y aquellas) que decidieron regresar a Mendoza en medio de la pandemia, aun habiendo tenido su vida ya estructurada en el extranjero. Estas son algunas de las historias, en primera persona.

Quienes se van: camino a Israel

David Rapaport tiene 36 años, es licenciado en Administración de Empresas y tiene una maestría en Negocios. En los próximos días, junto a su esposa y sus dos hijos, dejarán su casa de Maipú y viajarán a Israel para rearmar sus vidas. Y, con una mezcla de dolor y de impotencia, reconoce que es el momento para tomar esta decisión.

“Lo cierto es que hay una decadencia muy grande. Yo me recibí hace 12 años, me costó mucho conseguir laburo y hace más de dos meses que lo perdí. Tengo una inmobiliaria, además; pero las propiedades ya no se venden”, reflexiona con resignación.

Hace dos semanas a David le robaron su auto, con el que cometieron un robo millonario en un depósito de Godoy Cruz. Este jueves fue a la Policía a recuperarlo; o, mejor dicho, recuperar lo que quedaba de él: estaba destrozado. “La Argentina en sí no se puede prever, pero dentro de lo que se ve, sobresale un horizonte de decadencia. Dentro de todo, nosotros pudimos comprar una casa, tener nuestro auto. Pero empezamos a sentir que está decayendo todo en nuestra situación, y antes de que decaiga por completo, decidimos irnos”, destacó Rapaport.

Según relata el sanjuanino radicado en Mendoza (al menos hasta el mes próximo), por el solo hecho de tener un abuelo judío, el Estado de Israel le costea los pasajes a toda la familia y le da casa por seis meses y obra social de los chicos. Esto es un incentivo más para tomar esta decisión.

“Uno sabe que el resto del mundo no es Disney y sé que no voy a Israel a que me contraten como gerente de una empresa. Pero la verdad es que el país me está dando inseguridades económicas, jurídicas. Es una decisión difícil de tomar, pero estoy en la edad justa, con un nene de 5 años y una nena de 8 meses. Tiene que ser sí o sí ahora”, acota.

La familia ya superó el duelo por tener que dejar su país. “En mi caso no tira lo sentimental, ya di vuelta la página. Ha sido un proceso de uno o dos años, entonces me quiero ir. Siempre hemos vivido en el centro de Mendoza y nunca vi nada ni me pasó nada. Pero ya me están pasando cosas difíciles. El futuro del país está complicado. Estamos en la edad justa de preguntarnos: ¿qué hacemos? ¿Esperamos? ¿Seguimos perdiendo años? No sabemos cómo vamos a llegar”, reflexionó.

Quienes se fueron: mudarse a España en plena pandemia

Nicolás Logiacono tiene 39 años, es profesor de Educación Física y, hasta principios de 2021, vivía en San Martín. Pero en marzo de este año se fue a a Málaga junto a su esposa, Mercedes Marquina (28).

“En 2007 tuve la posibilidad de irme a vivir a Italia, donde estuve jugando al fútbol. Y en los pocos meses que estuve allá me alcanzó para saber cómo era la vida en Europa. Luego volví, hice el profesorado y siempre supe que mi destino iba a ser volver a vivir acá”, cuenta Nico desde Málaga.

Nicolás Logiacono y Mercedes Marquina se fueron, ya iniciada la pandemia, a Málaga, España.

Incluso, de regreso en Mendoza, Nicolás siguió ligado con amigos del otro lado del Atlántico. Y hasta llegó a considerar la posibilidad de irse a vivir a Estados Unidos. “El motivo principal por el que nos fuimos es que siempre quise trabajar en lo que a mí me gusta. Y me di cuenta que iba a poder prosperar más en España de lo que me esperaba en Argentina. Intenté instalarme antes de decidir irme, pero considero que por la situación de nuestro país se hace cuesta arriba; desde la infraestructura hasta las posibilidades”, sigue el sanmartiniano.

Su anterior estadía en Italia le permitió a Nicolás ya identificar los momentos en que se hace más duro vivir tan lejos de la tierra natal. En el caso de Mercedes, fue un proceso más difícil ya que fue dejar todo atrás de forma repentina. “Nos pasa lo que le pasa a cualquier persona y que tiene que ver con la familia. Yo tengo un hijo de 14 años que quedó allá (por Mendoza). Además, mis sobrinos son chicos y eso es lo que se hace más difícil y cuesta arriba”, destaca el mendocino.

“Por supuesto que se extrañan los viejos, mis hermanos. Es difícil. También se extrañan las cosas cotidianas, como ir al almacén del barrio o ponerse a charlar con la gente en la calle”, sintetiza.

Quien no vuelve: entre el fútbol y la vida de granja en Oceanía

Andrés Philippens tiene 30 años y hace 9 emigró de Mendoza. Lo hizo para no volver, al menos por el momento y de forma definitiva -salvo algunas visitas excepcionales-. Primero estuvo en España, jugando al fútbol, y desde 2016 está viviendo en Oceanía.

“En octubre de 2012 me fui a España a jugar al fútbol y desde ahí no paré de viajar, le agarré el gustito a vivir afuera. Me fui a Europa y estuve a prueba en el Sevilla, el Mallorca, en Puerto Llano (en Castilla, de la tercera división). Luego fui a las Canarias (Granadilla de Tenerife)”, repasa su carrera de futbolista.

Desde 2012, Andrés solo regresó a Mendoza de paso, como ahora. Su desembarco en el continente oceánico también fue de la mano del fútbol. “En Nueva Zelanda jugué en primera división y hace unos dos meses estuve jugando en la tercera división de Australia, donde vivo actualmente. La realidad es que me fui por el fútbol, pero cuando llegás y ves la realidad de los países y comparás, te das cuenta que se está mejor. Económicamente te sacás un peso de encima, de la cabeza. Lo mismo ocurre con la inseguridad”, resalta.

Andrés Philippens por su carrera como futbolista se fue hace varios años y desde 2016 está en Oceanía.

Su paso por la escuela técnica Pablo Nogués también le facilitó aprender ciertos oficios que le permitieron trabajar en su actual país de residencia. “Tengo un poco de idea de todo. Durante siete meses estuve trabajando en una metalúrgica de Australia y mi último laburo ha sido de jardinero. Quizás son laburos que no pensás hacerlos nunca, pero desde lo económico son muy convenientes”, se sincera Andrés.

Ni bien llegó a Australia, Andrés y su futura esposa (se casarán en Mendoza en noviembre) estuvieron viviendo y trabajando en una zona rural y allí hasta aprendió a ordeñar vacas.

“Mendoza se extraña un poco. De hecho, podríamos haber venido más cerca de la fecha del casamiento, pero vinimos en agosto para disfrutar más de la familia, los amigos y, por ejemplo, ir a pasear a la montaña. Pero lo que me impulsó a irme fue, por un lado, el fútbol y ese deseo que tiene uno siempre de irse a Europa. Además, si ponés en la balanza las oportunidades, la economía y la seguridad, en ese sentido no te dan muchas ganas de volver”, concluye.

Quienes volvieron: cuando de Chile me vuelvo

Estefanía Donaire (33) y Enzo Valentino (35) son mendocinos, aunque se conocieron en Chile. A aquel país se fueron a vivir juntos en 2015, aunque la mujer -a quienes sus conocidos llaman Coca- se había instalado en Santiago en 2013.

Estábamos allá instalados, viviendo y con una rutina bastante armada. Yo estaba trabajando en un holding, primero en comunicación y luego en e-commerce, mientras que Enzo estaba en el área de finanzas de una tienda de dulces”, resume la mendocina, quien regresó a la provincia junto a su pareja en noviembre del año pasado.

Enzo Valentino y Estefanía Donarie estuvieron viviendo en Chile y decidieron volverse.

“A la hora de proyectar, veíamos a Mendoza como el lugar donde queríamos vivir. Chile es muy lindo, pero la pandemia fue lo que más nos impulsó a volver. Veníamos ya pensando un poco en la decisión y, cuando empezó la pandemia, la dejamos en stand by. Pero después nos dimos cuenta de que queríamos estar más cerca de la familia y las emociones se afectaban, por lo que nos volvimos”, destaca Coca.

Aunque la feliz pareja ha decidido instalarse en Mendoza, agregan que no le han cerrado las puertas al país trasandino. “Chile es nuestra segunda casa. Nuestra idea es estar yendo y volviendo periódicamente, aunque ahora con la pandemia se ha complicado. Y si bien no queremos dejar la ‘vida de Chile’ definitivamente, son rutinas muy distintas, como ocurre con las comidas y los horarios”, sintetiza Estefanía.

“Cuando decidí irme a Santiago, lo hice pensando en que estaba cerca de Mendoza. Pero es otra cultura. Y aunque tenemos nuestros amigos allá, la calidez de la gente, ese compartir en familia o amigos y que siempre salga algún plan es una de las cosas que más extrañábamos. Queríamos seguir viviendo, más allá de situaciones de trabajo o la economía. Por eso volvimos”, sintetiza.

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