30 de marzo de 2026 - 14:30

Sufrió bullying, ataques de pánico y escribir le permitió salvarse: el joven escritor que ayuda a los demás

Una infancia atravesada por el bullying y la ansiedad, y una maestra que le mostró en la escritura un refugio. Iván convirtió su experiencia en un libro.

Iván Nesteruk es de General Alvear, más precisamente de Bowen. A partir de sus vivencias conviviendo con un trastorno de ansiedad generalizada (TAG) y ataques de pánico -que acompañaron al bullying que vivió en su adolescencia-, escribió un libro titulado "No soy el ansioso”. Tiene la esperanza de que su historia pueda ayudar a otras personas que atraviesen situaciones similares.

Nieto de un inmigrante ucraniano radicado en Mendoza que se dedicó a la agricultura, y el hijo más chico de la familia, recuerda haber tenido una infancia feliz hasta su ingreso a la escuela primaria. Allí, su físico, su buen rendimiento académico, su forma de hablar y hasta su ropa comenzaron a convertirse en motivo de burlas, insultos, empujones y distintas situaciones de bullying que hoy relata en su libro.

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No da respuestas ni recetas mágicas, solo ofrece su historia.

No da respuestas ni recetas mágicas, solo ofrece su historia.

“En la primaria empezó una de mis peores etapas, pero también fue donde se abrió la herramienta que me salvó y me sigue salvando, que es la escritura”, cuenta a Los Andes. “En la primaria empezó una de mis peores etapas, pero también fue donde se abrió la herramienta que me salvó y me sigue salvando, que es la escritura”, cuenta a Los Andes.

Aunque en un momento se animó a contarle lo que le pasaba a una maestra, la situación no mejoró. Por el contrario, empeoró.

Ese Iván de 8, 10 o 12 años nunca le contó a nadie lo que le pasaba. Mi mamá y mi papá trabajaban todo el día y, cuando llegaban, re cansados, yo quería disfrutarlos y pasarla bien con ellos. Creo que fue el parchecito que encontré en ese momento frente a tanto dolor”, se sincera.

La secundaria, la soledad y el miedo

Cuando ingresó a la secundaria, pensó que las cosas podrían cambiar. Pero, el hostigamiento no desapareció: solo cambió de forma. Las risas, los comentarios y la mirada de los otros lo llevaron a aislarse cada vez más y a enfocarse en su rendimiento académico.

“Lo físico siguió siempre. Tengo distintas patologías en la espalda, entonces tengo una curvatura visible”, explica.

Más adelante se mudó a San Luis para estudiar. Allí, lejos de su familia, empezó otra etapa difícil.

“Los primeros años fueron duros por la soledad. Si bien te rodeás de pares, el amor y la contención de la familia estaban a más de 300 kilómetros”, recuerda. “Los primeros años fueron duros por la soledad. Si bien te rodeás de pares, el amor y la contención de la familia estaban a más de 300 kilómetros”, recuerda.

Fue en ese contexto cuando ocurrió algo que marcaría un antes y un después.

La pregunta que le dio nombre a lo que sentía

Un día de 2014, después de volver de cursar, se acostó a descansar. De repente, empezó a sentir un fuerte dolor en el pecho.

“Me costaba respirar, temblaba, tenía taquicardia, sudoración y sentía que me estaba por morir. En mi mente no había otra posibilidad de que esa situación terminara en algo que no fuera la muerte”, relata. “Me costaba respirar, temblaba, tenía taquicardia, sudoración y sentía que me estaba por morir. En mi mente no había otra posibilidad de que esa situación terminara en algo que no fuera la muerte”, relata.

Volvió a su pueblo y la escena se repitió. Entonces decidieron llevarlo al médico. Le hicieron múltiples estudios, pero todos los resultados dieron bien. La crisis volvió a aparecer por tercera vez y fue entonces cuando consultó a un médico del pueblo que, después de revisar todos los estudios, le hizo una pregunta que le cambió la vida: “¿Tenés miedo?”

“Yo me largué a llorar. Me di cuenta de que lo que me pasaba en esos momentos era eso: miedo. Mucho miedo, pero real”, recuerda.

A partir de ahí, le explicaron que lo que había sufrido eran ataques de pánico. Lo derivaron de urgencia a un psiquiatra y, tras varias sesiones, recibió el diagnóstico de trastorno de ansiedad generalizada con ataques de pánico.

"Vivía preocupado por todo”

Iván explica que el diagnóstico le permitió ponerle nombre a algo que venía arrastrando desde hacía mucho tiempo.

“El TAG se me diagnostica después de empezar a entender lo que vivía en el día a día. Tenía preocupación constante por temas que no tenían justificación. A veces aparecían síntomas como los ataques de pánico, pero más aislados: solo taquicardia, o solo opresión en el pecho. Pero eso desencadenaba una serie de pensamientos catastróficos”, cuenta.

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También habla de las consecuencias que esa ansiedad tenía sobre su vida cotidiana.

“Tenía problemas para dormir, para socializar. Me daba miedo juntarme con gente por no saber qué hablar, cuándo, cómo, si iba a caer bien o no. También sufría tensiones musculares que me llevaron a muchos años de fisioterapia. Y el factor común era siempre el mismo: una preocupación constante y excesiva asociada a cosas que, en la mayoría de los casos, eran normales”, recuerda el escritor del libro.

La escritura como refugio

Durante sus años de terapia, empezó a escribir cada vez más. Lo hacía en cuadernos, hojas sueltas, apuntes de la facultad o cualquier papel que tuviera a mano. Escribía lo que sentía, lo que pensaba, lo que le pasaba.

Toda mi vida leí y escribí. Desde los 6 años leía y, sobre todo, escribía mucho. Siempre tuve mucha facilidad para ambas cosas”, dice.

En ese recorrido aparece una figura clave: su maestra Gladys, la única persona nombrada en el libro.

“Yo tenía un montón de errores de ortografía, muchísimos. Mi seño Gladys no me los corregía y mi mamá fue a hablar con ella: ‘¿Cómo la maestra no le corrige los errores?’. Y Gladys le dijo: ‘Iván tiene una gran imaginación y le encanta escribir y leer. Si lo hacemos concentrarse en los errores, va a perder esa libertad que hoy tiene. Con el tiempo y la lectura los va a ir mejorando’”, recuerda.

Y agrega: “No se equivocó. Hoy no tengo esos errores y hoy tengo lo que ella me regaló: libertad para expresarme a través de la escritura”, reflexiona.

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Un ataque de pánico, un cuaderno y el inicio del libro

El punto de quiebre llegó el año pasado, mientras trabajaba en una empresa. Estaba solo cuando comenzó a tener un nuevo ataque de pánico.

“Como pude, agarré un cuadernito y una lapicera y empecé a escribir lo que me pasaba en mi cuerpo, en mi cabeza y lo que pasaba a mi alrededor”, cuenta.

La crisis pasó. Cuando logró tranquilizarse, transcribió lo que había escrito y se lo mostró a un compañero de oficina. La respuesta fue inmediata: “Esto tiene que ser un libro”. Ese momento fue decisivo.

“Pensé que todo lo que he pasado y todo lo que he escrito podía servirle a otras personas para entender qué les pasa, que no están solas, que se puede seguir a pesar de todo y, sobre todo, que necesitan hablar de lo que les pasa”. “Pensé que todo lo que he pasado y todo lo que he escrito podía servirle a otras personas para entender qué les pasa, que no están solas, que se puede seguir a pesar de todo y, sobre todo, que necesitan hablar de lo que les pasa”.

Un libro crudo, pero esperanzador

Hoy, 12 años después de aquel primer ataque de pánico, Iván continúa en tratamiento psicofarmacológico. Pero, asegura que hoy cuenta con herramientas que durante mucho tiempo no tuvo y que construirlas le llevó años de constancia, trabajo y voluntad.

Su libro es una edición independiente. Eligió ese camino porque, según cuenta, algunas editoriales le pedían modificar partes del contenido o adaptarlo a determinadas líneas editoriales. Pero él quería que el texto conservara su esencia.

Tapa y Contratapa

“Quise que fuera crudo. Si es intenso, es porque la ansiedad es intensa. Si es duro, es porque el bullying es duro. Si es esperanzador, es porque se puede seguir a pesar de todo”, explica el mendocino.

A través de sus redes sociales, comenzó a compartir el proyecto y recibió una respuesta que no esperaba.

“Desde el poco alcance que tengo en mis redes, pude difundirlo y llegar a varias personas. La repercusión me hizo entender que puede ser un camino para poner estos temas sobre la mesa: el bullying y la salud mental. Y si alguien se sintió menos solo después de leer el libro, yo ya había cumplido”, dijo.

“No doy recetas mágicas”

Iván aclara que no escribió el libro con la intención de dar respuestas absolutas ni fórmulas universales.

“Yo no doy respuestas ni recetas mágicas, solo ofrezco mi historia. Por ahí hablo de herramientas, como la meditación, pero son cosas que a mí me sirvieron. No las doy como la clave para salvar a nadie”, afirma. “Yo no doy respuestas ni recetas mágicas, solo ofrezco mi historia. Por ahí hablo de herramientas, como la meditación, pero son cosas que a mí me sirvieron. No las doy como la clave para salvar a nadie”, afirma.

También remarca que su objetivo no es económico: “No busco sacarle un rédito económico. Solo cobro el costo del libro, porque lo que quiero es ayudar”.

Cada ejemplar tiene un detalle muy personal: “Yo preparo cada libro pensando siempre en quién lo va a recibir”, dice.

Poner en palabras lo que a veces no se puede decir

El objetivo del libro, explica, es abrir conversaciones necesarias: hablar de salud mental, de ansiedad, de depresión y de bullying sin vergüenza ni tabúes. También busca poner en palabras aquello que muchas veces cuesta decir.

“Quiero mantener el bullying sobre la mesa porque es importante que entendamos el daño que puede causar. Y también poner en palabras lo que muchas personas no pueden expresar. Si alguien está pasando por algo parecido, ojalá no se sienta solo”, relfexiona.

Como se trata de una edición independiente, Iván también se encarga de la venta, preparación y distribución de cada ejemplar. Quienes quieran conseguirlo pueden contactarlo a través de su cuenta de Instagram @ivannesteruk o por Facebook, en su perfil Iván Nesteruk.

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Antes de cerrar, vuelve a una idea que atraviesa toda su historia: el valor de expresarse.

“Creo profundamente en el poder de hablar, escribir o expresarlo como puedas. Es de las cosas más sanadoras que existen. A mí la libertad que me dio mi seño Gladys me salvó. Por eso siento que esto puede ayudar a otra gente”. “Creo profundamente en el poder de hablar, escribir o expresarlo como puedas. Es de las cosas más sanadoras que existen. A mí la libertad que me dio mi seño Gladys me salvó. Por eso siento que esto puede ayudar a otra gente”.

Y suma un detalle que termina de explicar el espíritu del libro:

“Con cada libro también regalo una libretita. Mucha gente no lo sabe. Dice: ‘Este espacio es para vos’. Porque puede ser el comienzo de soltar algo… y entonces la mochila ya se siente un poquito más liviana”, cierra.

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