Se estima que unas 200.000 personas terminarán pasando por el santuario de Orfila, Junín, este 7 de agosto, en la celebración del Día de San Cayetano, patrono del trabajo.
El día frío no torció la fe y durante toda la jornada hubo un incesante desfile de feligreses por el santuario de San Cayetano, Junín
Se estima que unas 200.000 personas terminarán pasando por el santuario de Orfila, Junín, este 7 de agosto, en la celebración del Día de San Cayetano, patrono del trabajo.
Un clima inestable, especialmente por la mañana, conspiró un tanto con la llegada de los fieles al histórico distrito de Junín. Después de las 14 el viento cesó, la temperatura fue aumentando un poco y desapareció la llovizna intermitente que por momentos había caído en la zona. Esto hizo que la concurrencia aumentara después de esa hora.
Como todos los años, la concentración mayor se da a las 20, cuando se realiza la última misa de la jornada, anterior a la clásica procesión de antorchas que, por el callejón de ingreso al santuario, atraviesa los viñedos. La concurrencia estimada para ese instante es de 2.000 personas.
El lema de este año fue: "Junto a San Cayetano, la esperanza es semilla del trabajo".
Siempre, cada 7 de agosto, se intenta analizar si la convocatoria es mayor o menor que otros años y se busca alguna explicación, casi siempre desde las condiciones económicas del país.
Pero, una observación detenida de lo que ha ocurrido cada 7 de agosto en Orfila en los últimos 20 años, se puede casi aseguran que la variación de concurrencia ha dependido más de las condiciones climáticas y también del día de la semana en que cayó ese 7.
Es que los feligreses del Santo son constantes en su peregrinaje, o para pedir o para agradecer, más allá si el año es bueno o malo en lo económico.
Más allá de esto, también hay un sector, un “creyente circunstancial”, que va concurre al santuario de acuerdo a la necesidad personal.
Pero la mayoría son “sancayetanistas” desde las tripas, más allá de cualquier circunstancia.
“Vengo a agradecer. Tengo 75 años y San Cayetano cumplió con una promesa cuando yo tenía 35. Trabajé y me jubilé en ese lugar donde comencé a trabajar gracias al santo. Y nunca dejé de venir a agradecer”, explicó Víctor Gómez, que llegó desde Lavalle.
Su relato se repite en otros, con condimentos personales. “Vengo a agradecer por el trabajo de mi hijo, que entró a una petrolera hace cinco años”, contó María Angélica Vergara (65).
Marcos Fernández (45) concurrió, como los últimos tres años, “a agradecer, por darle salud a mis padres”.
Claro, hay una larga, larguísima lista, de gente que llegó a pedir. Salud y trabajo. Lo demás viene por añadidura.
Este año fue una jornada fresca, por momentos nublada y con llovizna. Pero la gran mayoría de los 7 de agostos son fríos. Como para que los fieles reafirmen su fe. Así es el trato.
El arzobispo de Mendoza y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Marcelo Colombo, celebró la misa de medianoche, la primera de este 7 de agosto, en el santuario de Orfila, pidiendo “solidaridad y empatía (…) a la comunidad y a también a los gobernantes” con quienes menos tienen.
Era costumbre que el jefe de la Iglesia presidiera la última misa de la jornada, después de la procesión de antorchas, pero este año el arzobispo tuvo que viajar a Buenos Aires en el primer vuelo de la mañana para cumplir con obligaciones que le impone su cargo de presidente de la Conferencia Episcopal Argentina.