Perder el olfato incide en la calidad de vida, los vínculos y la seguridad: unos 400.000 mendocinos afectados
Este sentido es un sensor que brinda información crucial del entorno, pero también se asocia al placer. Advierten sobre subdiagnóstico. Cómo impacta en la vida cotidiana.
La distorsión de olores se denomina "parosmia" y puede afectar aromas y sabores. | Imagen ilustrativa / Web
El olfato es uno de los sentidos que permiten a las personas tener información del entorno para tomar decisiones, incluso aquellas que pueden prevenir riesgos. Por eso, se advierte que perderlo puede afectar diversos aspectos de la vida diaria e incluso la propia seguridad.
Este sentido, como el resto de ellos, es un sensor del entorno que brinda información indispensable para las acciones cotidianas. Permite, por ejemplo, advertir la presencia de humo, un escape de gas o advertir si un alimento no está en condiciones de ser ingerido. Pero además, es el medio para la conexión con otros y hasta una fuente de placer.
Sin embargo, la pérdida del olfato muchas veces no se percibe y su alteración o pérdida suele ser subestimada por la comunidad médica, que termina por considerarla una condición menor. Por el contrario, esta situación puede afectar la cotidianidad, la calidad de vida, la salud e incluso poner en riesgo la vida.
Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, cerca del 5% de la población mundial vive con pérdida total del olfato y entre el 15 y el 20% presenta algún grado de disfunción olfativa. Extrapolado a la población argentina, esto implica que podría afectar a más de 2 millones de personas. En Mendoza, la estimación apunta a que unas 400.000 personas podrían tener algún grado de afectación de su sentido del olfato.
fruta para el olor de la cocina
El olfato es uno de los sentidos que permiten a las personas tener información del entorno para tomar decisiones
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“Si uno toma las últimas publicaciones internacionales, básicamente el 20% de la población puede tener algún grado de alteración del olfato, que puede ser una pérdida completa, una disminución, una alteración leve, y si eso lo trasladamos a Mendoza, que tiene un poquito más de dos millones de habitantes, podemos hablar que cerca de cuatrocientas mil personas pueden tener alguna alteración del olfato”, sostuvo el doctor Eduardo Figueroa, médico otorrinolaringólogo, especialista en rinología, que se desempeña en Clínica de Cuyo, también es médico asociado al sector de Rinología del Hospital Italiano de Buenos Aires.
Más consultas por este problema de salud
La pandemia de Covid hizo volver la mirada sobre esta condición: es que parte de las secuelas de la infección es una pérdida o una alteración del olfato, que en general es transitoria.
Pero una vez superada la fase aguda, en muchos pacientes las secuelas persisten. “En los últimos años, recibimos un aumento notable de consultas por pérdida del olfato, en su mayoría transitorio, pero en otros casos se volvió crónico, generando un impacto psicológico considerable. Estamos ante una discapacidad invisible. Algunas personas llegan a sentirse desconectadas del mundo porque pierden vínculos sensoriales con su entorno; no pueden percibir su propio olor corporal o el perfume de un ser querido; comen sin disfrutar y/o no captan el aroma de la comida al ingresar a la cocina; lo que puede ser grave, algunos no detectan alimentos en mal estado, una hornalla mal cerrada, una fuga de gas o un incendio”, explicó la doctora Stella Maris Cuevas, médica otorrinolaringóloga y alergista, experta en olfato, expresidente de la Asociación de Otorrinolaringología de la Ciudad de Buenos Aires (AOCBA) y Directora del consultorio de vanguardia, Trastornos del olfato y Gusto (CVOG).
La alteración del olfato puede afectar las relaciones sexuales y los vínculos
“Si bien muchos cuadros son reversibles, otros se vuelven crónicos y afectan la salud emocional. Además, se trata de una discapacidad poco reconocida: quienes la padecen pierden referencias sensoriales esenciales y pueden quedar expuestos a riesgos domésticos”, advirtió Figueroa.
Consultado sobre si el clima de Mendoza podría predisponer a estos cuadros, sobre todo por las alergias, el especialista explicó: “Los cuadros que más afectan al olfato son los cuadros infecciosos, como la sinusitis. La rinitis per se es una inflamación de la mucosa, pero generalmente el olfato no se altera”. Dijo que es distinto en el caso de la sinusitis, sobre todo si es crónica: “Son en las que más solemos ver alteraciones del olfato, de hecho es un criterio diagnóstico, entonces en Mendoza no tendríamos más incidencia asociada a la rinitis”.
Consecuencias de la pérdida del olfato
“Muchas veces la pérdida de olfato impacta mucho más de lo que la gente imagina”, remarca el profesional. “El primer aspecto es el disfrute de la comida -explicó-, porque gran parte del sabor de las cosas que sentimos va a depender del olfato; otro tiene que ver con la seguridad, porque muchas veces puede generar riesgos la vida diaria, como por ejemplo no percibir humo, gas o alimentos en mal estado”, agregó.
Otro ejemplo de las consecuencias que consideró el más importante, es el impacto emocional. “El olfato está muy ligado a los recuerdos y a las emociones, muchas veces, por lo que la pérdida puede afectar la calidad de vida, el estado de ánimo, incluso las relaciones sociales. En este gran espectro, entra también la sexualidad, entra la memoria de los perfumes, los recuerdos de algunas personas”, refirió el especialista..
Mayo Clinic explica que la pérdida parcial del sentido del olfato se denomina hiposmia, mientras que la pérdida total del sentido del olfato se denomina anosmia. La pérdida puede ser por un período breve o a largo plazo, según la causa.
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El olfato es uno de los sentidos que permiten a las personas tener información del entorno para tomar decisiones y tomar medidas de seguridad, como el alerta ante el olor a gas o humo
“Perder aunque solo sea un poco del sentido del olfato puede causar desinterés por la comida. A su vez, no comer puede derivar en pérdida de peso, mala alimentación o incluso depresión”, alerta.
El olfato da el 80% del sabor, por ello compromete el estado nutricional; también puede ocurrir que las personas afectadas comiencen a aislarse y a desarrollar cuadros de depresión, por lo que ante estas señales debe realizarse una consulta médica oportuna.
En tanto, la entidad refiere que una de las causas es el envejecimiento, especialmente después de los 60 años.
Falta de detección
Sin embargo, especialistas coinciden en que estas cifras probablemente no reflejen adecuadamente la realidad. Es que se advierte que históricamente una proporción significativa de los pacientes no consulta, lo que hace que no lleguen al diagnóstico ni reciban tratamiento.
“La pérdida del olfato está ampliamente subdiagnosticada. Muchas personas la experimentan de manera paulatina y la incorporan a su rutina sin consultar. Otras la interpretan como un signo propio de la edad o como consecuencia de un resfrío, sin considerar que puede responder a una enfermedad tratable. Además, existen casos de anosmia congénita, es decir, personas que nacen sin olfato”, indicó Figueroa.
“Muchas veces estos pacientes no van a consultar porque no lo consideran un problema o no le dan relevancia. Pero bueno, es importante, y nosotros le damos mucha importancia, porque, generalmente, el olfato es un síntoma que está asociado a enfermedades nasales, a infecciones virales, como el Covid, que muchas personas perdieron de forma transitoria el olfato, e incluso también enfermedades neurológicas. Se sabe que la enfermedad de Parkinson, uno de los primeros síntomas, puede tener que ver con la alteración del olfato”, mencionó.
Pero esta situación se está revirtiendo a fuerza de información para generar conciencia
Un estudio reciente, hecho en Brasil en 2025, “Prevalencia de la función olfativa disminuida en adultos en una muestra de población brasileña”, arrojó algunos datos reveladores. El abordaje se hizo en personas sin diagnóstico, pero con algunas condiciones asociadas al cuadro de anosmia. El resultado determinó que aunque muchos no lo habían pecibido, 14% presentaba disminuido su olfato.