5 de abril de 2026 - 08:00

PAMI en la vida real: qué funciona y qué no, contado por los afiliados

Esta enorme obra social de los jubilados afronta cambios con la última gestión que han implicado complicaciones. Sin embargo, reconocen que hay mejoras.

Podría afirmarse que los afiliados al PAMI, la mayor obra social del país, y de América Latina -aseguran-, nunca han estado exentos de problemáticas. La magnitud de la entidad es un factor central: ronda los 4,8 millones de afiliados en Argentina, entre jubilados, pensionados, personas con discapacidad, familiares a cargo y veteranos de Malvinas. En Mendoza, el Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados concentra unos 247.000 usuarios, en su mayoría adultos mayores con condiciones de salud y vulnerabilidades específicas.

En un contexto de revisión y recortes, desde la nueva gestión, que llegó al poder nacional en diciembre de 2023, se produjeron diversos cambios en cuanto a los servicios que presta. Entre ellos se destacan topes a la cobertura al 100% de los medicamentos, controles más estrictos para acceder a beneficios que quedaron reducidos a quienes tienen ingresos mínimos, modificación en la entrega de pañales así como la necesidad de realizar muchas gestiones, que para una población con brecha tecnológica, dificultades de movilidad o dependiente e ingresos escasos en una buena proporción, es un gran desafío.

El asunto es ¿cuál es la realidad “en la calle” del funcionamiento del PAMI hoy? Un relevamiento de testimonios en Mendoza permite trazar un mapa con luces y sombras, donde la experiencia de los afiliados oscila entre la conformidad por la atención humana y el desgaste frente a demoras, burocracia y costos que muchas veces terminan asumiendo de su propio bolsillo.

La barrera de entrada al médico

El acceso a la atención médica es el primer gran obstáculo. Conseguir un turno puede demandar semanas o meses, incluso para el médico de cabecera.

Para los médicos son meses”, resume Antonia Tobares (70), que acaba de salir de una agencia tras intentar gestionar turnos. “Además, los que aparecen en cartilla, por ahí ya no trabajan más con PAMI, está desactualizada y no sabés dónde llamar”.

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La difícil relación entre Pami y los jubilados entre luces y sombras

La difícil relación entre Pami y los jubilados entre luces y sombras

Las demoras no solo afectan consultas sino también estudios. “Por ahí se te vence la autorización que tenés y no te atendieron”, agrega. Eso obliga a reiniciar el circuito: volver al médico de cabecera, pedir una nueva orden y esperar otra vez. Dijo que los médicos muchas veces se enojan porque no lo resuelve directamente el prestador con PAMI.

El problema no termina cuando se obtiene el turno. La espera en las salas puede extenderse durante horas. Eduardo, que gestiona la atención de sus padres, lo describe con crudeza: “El médico es excelente, pero te comés dos horas para que te atiendan. He visto viejitos que están dos, tres horas esperando”.

Pagar o esperar

Esa combinación tiene consecuencias: muchos terminan recurriendo a la consulta particular, que según cuentan puede costar entre $40.000 y $70.000. Para quienes no pueden pagarlo, la única opción es esperar.

Víctor (76) lo vive en carne propia. Con dolor de cadera, logró finalmente la orden para una radiografía, pero se encontró con otro límite: los cupos. “Me dieron para mayo porque si no tenía que hacer una pila de trámites. Me explicaron que PAMI tiene una cantidad de cupos en los prestadores”, cuenta. Mientras tanto, convive con el dolor. “Me cuesta caminar pero tengo que aguantar hasta que me la hagan en mayo, para tirar el médico me dio un analgésico”.

Buena atención, pese a todo

En medio de ese escenario, hay un punto que se repite con matices positivos: la calidad de la atención profesional. “Cuando vas, el médico es excelente”, insiste Eduardo. Esa percepción se replica en otros testimonios, donde se destaca el trato de médicos y personal administrativo.

También hay reconocimiento hacia la atención en las agencias. A pesar de la alta demanda, varios afiliados coinciden en que el trato es cordial y ágil. Incluso en oficinas con gran afluencia, como la de calle Belgrano en Ciudad, aseguran que “la atención va bastante rápido”.

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La difícil relación entre Pami y los jubilados entre luces y sombras

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También destacan beneficios concretos como la cobertura de anteojos. “Les dan dos anteojos gratis por año, eso está bueno”, señala Graciela, que acompaña a su suegra.

Medicamentos: entre avances y conflictos

El acceso a los medicamentos fue uno de los ejes más conflictivos de los últimos meses. La decisión de limitar la cobertura total a determinados casos y con requisitos más estrictos generó reclamos y acciones judiciales.

Raúl Bonotti, referente de organizaciones de jubilados en Mendoza, Coirón y Jubypen explica que hubo cambios recientes a mediados de marzo tras negociaciones con el organismo. “Se amplía el vademécum de remedios y se flexibilizan condiciones para acceder a la cobertura total”, señala. Sin embargo, advierte que “no lo están cumpliendo totalmente”. El límite, dijo, es optar por 4 medicamentos con cobertura al 100% y no cobrar más de una jubilación y media de haber.

En la práctica, los afiliados perciben una situación más estable que meses atrás, aunque con restricciones. Antonia lo resume desde su experiencia: “Cuando se suspendió esto, el año pasado me daban uno o dos. Ahora ya volvió. Pero en ese momento me ayudaba la familia, porque yo no podía, cobro la mínima”.

Jorge Vergara enfrenta otra cara del problema. Diabético y dependiente de insulina, espera la autorización para acceder a su medicación. “Le cambiaron la insulina y tiene que hacer el trámite para que le den la cobertura”, cuenta su amigo Osvaldo que lo acompañó a tramitar por sus dificultades de movilidad. La solicitud fue presentada el día 19, pero la respuesta aún no llega.

La alternativa es pagar. “Si no llega, tendré que comprarla y cuesta $600.000”, advierte Jorge con pesar. En la farmacia le ofrecen un 50% de descuento, pero aún así el monto es alto: “Ya pagué un total de $233.000 en la farmacia, sin la insulina, pero cobro la mínima, así que me las arreglo porque mis hijos colaboran conmigo, no hay otra”.

Pañales: un sistema que mejoró, con matices

La entrega de pañales fue otro foco de conflicto cuando pasó de las farmacias a la entrega a domicilio el año pasado, aunque los afiliados reconocen mejoras recientes. “Después de tener un caos para obtenerlos, hoy se han organizado y los trasladan al domicilio en tiempo y forma”, apuntó Graciela.

Sin embargo, no todo es positivo. Valeria, que acompaña a su papá, advierte que la calidad bajó. “Retienen menos líquido y eso obliga a cambiarlos más seguido. A mi papá se le empezó a lastimar la piel”, relata. Ante esa situación, decidieron comprar por su cuenta.

Audífonos y ayudas técnicas: largas esperas

Los dispositivos como audífonos, camas ortopédicas o sillas de ruedas son otro punto crítico, marcado por demoras prolongadas y dificultades en la adaptación. Juan, de 83 años, atravesó un largo proceso para obtenerlos, pero nunca logró usarlos. Según cuenta, “escucha ruidos o no logra adaptarlos”, por lo que debe volver una y otra vez al técnico para calibrarlos, sin éxito.

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La difícil relación entre Pami y los jubilados entre luces y sombras

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Julio (75) atiende un quiosco y enfrenta dificultades para oír a sus clientes. “Me dieron un audífono usado y no logro regularlo. Ahora necesito para el otro oído, pero es un trámite largo y no he podido”, explica.

Las demoras pueden extenderse años. Eduardo lo confirma: “A mi papá le dieron el audífono después de dos años y pico. Imaginate, con noventa años”.

La situación es similar con las sillas de ruedas. Valeria inició el trámite hace dos años para su padre de 92 años y aún no tiene respuesta por lo que la alquilan. Mientras tanto, el costo se suma a una economía familiar ya exigida: “En la farmacia gastamos unos $300.000 mensuales y pagamos un hogar”. Bonotti sumó un escenario reciente: están llegando avisos que advierten que está suspendida la entrega, al parecer por falta de pago.

Hogares y cuidados: una cuenta difícil

Los relatos dan cuenta de que muchas familias optan por evitar los hogares vinculados al PAMI tras experiencias negativas. Graciela es contundente tras visitar varios: “Hay cincuenta mil abuelos adentro de un hogar. No se los ve bien cuidados”. En su caso, decidieron pagar una residencia privada.

Los costos son elevados. Un hogar puede superar $1.400.000 mensuales, una cifra inalcanzable para quienes perciben una jubilación mínima de $450.000 con el bono .

Eduardo lo vive en primera persona mientras gestiona la internación de su padre: “Ya con dos no puedo. En el que está mi mamá es muy bueno, pero otro no puedo pagar”.

El trámite para acceder también es complejo y lento. “Me han hecho llenar un formulario, pero me dijeron que están complicado con los fondos. El famoso ‘no hay plata’”, relata. También contó que necesitaron una cuidadora y que, pese a haberlo gestionado, PAMI no le pagó y debieron afrontarlo al 100%.

Emergencias y atención con cupos

Fabiola, que cuida a su madre, asegura: “No hay emergencias. Llamás al 0800 y no te atiende nadie. Nunca recibí una ambulancia”. Ante esto optaron por trasladarla por sus propios medios con el riesgo que eso implica.

El acceso a estudios y especialistas también presenta dificultades. En algunos casos, los afiliados denuncian la existencia de cupos limitados para determinadas prácticas.

“No hay traumatólogos”, afirma Bonotti, en base a relevamientos de organizaciones y en coincidencia con otros testimonios. Aportó datos de la Red Federal de Jubilados y Jubiladas, que suma más de 40 organizaciones en el país. Dijo que además ahora se exige que para radiografías y tomografías se haga una gestión para que la Orden Médica Electrónica la autorice el auditor.

Mencionó además servicios suspendidos: “Hasta el 31 de marzo no estaban dando turnos hasta que PAMI no pagara lo adeudado en oftalmología, odontología y Fuesmen y están dando turnos para junio o julio”.

La combinación de alta demanda, recursos limitados y cambios en las políticas genera un escenario donde cada trámite puede convertirse en una carrera de obstáculos.

“Son demasiados pacientes para un médico”, resume Bonotti, al explicar que cada profesional tiene cápita de entre 700 y 1.000 afiliados. Otra cuestión que mencionan los afiliados es el cupo para prácticas de laboratorio que deja muchas afuera y deben pagar de su bolsillo.

Centros de jubilados

Ante la falta de pago a los talleristas en los Centros de Jubilados hubo casos que los mismos jubilados hicieron una colecta para pagarles y así mantener alguna actividad relacionada con los talleres.

“El sueldo de los talleristas hasta hace un mes era de 60.000 pesos y no los estaban pagando desde setiembre del año pasado”, señaló. Tampoco están cumpliendo con el Programa Nacional de Subsidios Solidarios para Centros de Jubilados y Pensionados, el último subsidio otorgado fue en el año 2024. Y otro tanto, dijo, sucede con el programa Buen Vivir en los Centros de Jubilados, donde se brinda servicio de pedicuros o peluquería y que debería haber iniciado a principios de marzo.

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