Ángel Kruk, papá de Agustín y Abril -quienes murieron tras ser atropellados en la Costanera de Mendoza en 2018- repintó las estrellas amarillas de sus hijos. Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes.
Ángel Kruk, papá de Agustín y Abril -quienes murieron tras ser atropellados en la Costanera de Mendoza en 2018- repintó las estrellas amarillas de sus hijos. Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes.
Ángel Kruk, papá de ambos niños, tiene actualmente 58 años. Al momento de la tragedia, estaba separado de la mamá de los niños y estaba viviendo en Buenos Aires, de donde es oriundo. Cuando se enteró del accidente, largó todo y vino a Mendoza.
Estando en viaje le confirmaron que Agustín había fallecido. Abril, en tanto, agonizó casi una semana más.
"Si hubiese tiendo más tiempo, hubiese estudiado medicina o lo que sea para ver cómo podía recuperarse de la cabeza (NdA: ya tenía muerte cerebral)", rememora Ángel, entre lágrimas y quien hace ocho años llegó a Mendoza para quedarse a vivir.
"Mi propia hija mayor -que es de otro matrimonio y veía a Abril casi como una hija- me dijo, con todo el dolor del mundo, que tenía que dejarla ir. Es loco, porque somos egoístas y siempre queremos que la otra persona siga como sea, pero que esté”, reflexiona.
Y vuelve a quebrarse al recordar el estado en que estaba el cuerpo de su hijo Agustín cuando lo reconoció en la morgue. "No llegué a ver en ese cuerpo hinchado a mi hijo", agrega, ahogado por las lágrimas. Porque para él la imagen de Agustín y Abril permanecerá siempre congelada en el tiempo, y los verá siempre como eran en 2018.
"Alguna vez me bajé la app que permite hacer simulaciones de cómo se vería la gente con distintas edades. Pero nunca me animé a usarla. Muchos me dicen que son 'Angelitos'. ¡Angelitos, nada! Yo los quiero acá. Déjamelos normales, sin ser angelitos. Pero vivos. A ellos les quedó pendiente todo por vivir, todo por ser", dice, y se vuelve a quebrar.
Aunque el dolor nunca desaparecerá, Kruk no siente bronca contra quien atropelló y mató a sus hijos.
"Más de una vez me contuve y dije que él estaba en el lugar equivocado, en el momento equivocado. Sé que es un pobre pibe, que me sacó lo que más quiero en mi vida. Pero él tiene dos hijos que tienen la misma edad que tendrían mis hijos. ¿Qué le voy a hacer yo a él?”, se pregunta.
Aunque continúa sin entender por qué la Justicia cambió la condena contra Caccia, quien inicialmente había sido declarado culpable del delito homicidio simple con dolo; aunque luego fue modificado por homicidio culposo.
"Así y todo la peleo, tengo mis momentos de llorar, de putear", se sincera.
Acciones solidarias y el sueño de ser gobernador
Aunque sus otros hijos le han insistido una y mil veces para que regrese a Buenos Aires, Ángel Kruk tiene su vida hecha y planificada en Mendoza. Es socio fundador de los Bomberos Voluntarios de Tupungato -entidad donde, además, se desempeña como tesorero y apadrina a un grupo que trabaja y ayuda con prótesis a personas con discapacidad.
También participó en la inauguración de delegaciones de la Agencia Nacional de seguridad Vial (ANSV) en Mendoza y en San Luis.
"A mí no me importa aparecer las fotos, figurar. Yo lo hago para ayudar", cuenta, verborrágico y siempre predispuesto. "Me motiva querer cambiar esta mierda", indica.
Su compromiso incluso lo ha llevado a comenzar a involucrarse en política. De hecho, está impulsando un nuevo espacio con la idea de competir por la gobernación provincial en 2027.
"Me metí porque estoy harto de que no cambie nada. Siguen los accidentes, la gente sigue manejando chupada. Y lo único que se hace es multar. Ahora está la ley que permite que la gente grabe y mande videos de otras personas cometiendo infracciones. Todo se hace para recaudar y no para concientizar", cuestiona.
Un Día del Padre más "cerca del cielo"
Fechas como el Día del Padre son difíciles para Ángel Kruk, y es algo que sabe que experimentará -una vez más- este domingo.
"Es un día que duele, porque ves a todos los papás que festejan con sus hijos. Los míos más grandes me saludan, me dicen que vuelva a Buenos Aires. Pero yo quiero quedarme acá", reconoce.
"Este domingo voy a subir el Cerro Arco y voy a tomar unos mates allá arriba. Puede sonar medio trillado, pero es como estar más cerca del cielo. Quizás siento que están los chicos sentados en una nube. Eso es algo que hago cuando tengo momentos de mierda”, cierra.
El padre que convirtió la bronca en una red de ayuda
El 26 de agosto de 2017 la vida le dio a la familia Villouta uno de esos cachetazos para los que uno nunca termina de estar preparado: Alan, de 21 años por entonces, fue atropellado en el Acceso Sur durante la madrugada y cuando salía de trabajar en una pizzería del mall La Barraca.
Alan murió en el acto, mientras que el conductor -Alejandro Verdenelli- se dio a la fuga y recién se entregó a la Policía al día siguiente.
Andrés Villouta, papá de Alan, también conoce el peso de una silla vacía.
"Este va a ser el octavo Día del Padre sin el Flaco", cuenta Andrés, quien también ha hecho de la resiliencia un estilo de vida. Poque en los últimos años, ha hecho de todo -y más- para subsistir: trabajos de electricidad, panadería, pintura.
"Si hace falta, invento algo para llevar el mango a casa", cuenta con su característica humildad.
Después del accidente que se llevó al mayor de los hijos de Andrés y Andrea Bazán, apareció la inevitable bronca. Sin embargo, fue Andrea quien los ayudó a encontrar otro camino.
"Yo tenía mucha rabia. Había gente que me decía: 'A mí me pasa eso y lo mato'. Pero un día la gorda me frenó y me dijo que teníamos que perdonar. Si no, cargábamos con dos mochilas: el dolor de perder al Alan y la bronca", rememora el hombre, quien reconstruye que se encontraron en una encrucijada: o se quedaban adentro de casa y morían, o salían a hacerle frente a la realidad.
De esa decisión nació Red de Corazones, una ONG con la que comenzaron a ayudar a personas en situación de vulnerabilidad y a acompañar a familias atravesadas por distintos sufrimientos.
Incluso, la familia completa salía todos los fines de semana a las zonas de boliches de Mendoza para repartir panfletos concientizando sobre la importancia de no conducir alcoholizados.
La silla vacía, las sillas que se ocupan
Alan era el mayor de los Villouta Bazán y el 14 de octubre cumpliría 30 años. Le siguen Franco (28), Mili (27), "Pitu" (25), Luci (24), Emanuel (23) y More (18).
Andrés Villouta y familia
Este Día del Padre se repetirá el ritual de cada celebración: el agasajado no saldrá de la cama hasta que le sirvan el desayuno y todos lo saluden. Pero habrá un abrazo que Andrés no recibirá, y sentirá ese vacío.
"Este Día del Padre va a ser con mucha sorpresa, distinto. Porque Luci está embarazada de 8 meses y se viene Filipa. Además. vamos a festejar con los demás hijos y nietos", concluye, con ilusión.