2 de abril de 2026 - 11:40

Ni Luján ni Tandil: el pueblito con historia, calles antiguas y calma total en Buenos Aires ideal para jubilados

Conserva un casco histórico de enorme valor y sigue siendo uno de los lugares más serenos para una escapada corta con aire de tradición y ritmo lento.

No todos los viajes para jubilados tienen que incluir sierras, termas o kilómetros de caminata. A veces alcanza con un pueblo que se deje recorrer despacio. San Antonio de Areco juega justamente en esa liga: es uno de los núcleos urbanos más antiguos de la provincia, con fecha fundacional el 23 de octubre de 1730.

Fue reconocido por conservar uno de los cascos históricos más completos en las cercanías de Buenos Aires.

Más que una escapada “para hacer de todo”, Areco funciona como un lugar para bajar el ritmo. En su plaza principal conviven la iglesia, cafeterías, el edificio municipal y el Museo Taller Draghi, mientras que desde allí se ofrecen recorridos a pie.

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Esa escala más humana, sumada al perfil cultural del pueblo, lo vuelve especialmente atractivo para quienes prefieren paseos tranquilos, pausas largas y salidas sin apuro. Esa última idea es una inferencia razonable a partir de su oferta y su formato de visita.

Un pueblo donde la tradición no es decorado

San Antonio de Areco no solo tiene estética de pueblo antiguo: su identidad está muy atada a la cultura gauchesca.

La localidad mantuvo y cultivó esas tradiciones, y también recuerda su vínculo histórico con Ricardo Güiraldes, autor de Don Segundo Sombra, una obra central de la literatura argentina. Además, Areco fue distinguido como sede de los actos oficiales del Día de la Tradición y luego como Sede Provincial Permanente de la Tradición.

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Eso se nota en el ambiente. No es raro que una caminata simple termine en un taller de platería, una charla sobre costumbres criollas o una sobremesa larga frente a una parrilla.

Areco aparece precisamente como un destino para conocer de cerca la tradición pampeana y participar de talleres artesanales en grupos reducidos.

El Puente Viejo, el río y una postal que sigue intacta

Uno de los rincones más clásicos del pueblo es el Puente Viejo sobre el río Areco. Es una de las postales del lugar, y al cruzarlo se llega al Museo Gauchesco Ricardo Güiraldes, donde se exhiben aperos, carretas, vestimentas, utensilios, fotos y escenas ligadas a la vida rural argentina.

El puente fue construido en 1857 y es considerado uno de los primeros sitios del país donde se cobró peaje o “pontazgo”.

La ribera del río también aporta lo suyo. Allí hay restaurantes, alojamientos, camping y área recreativa, lo que permite armar un día muy cómodo: paseo por el casco histórico, almuerzo tranquilo y una tarde a orillas del agua sin necesidad de grandes traslados.

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Por qué encaja tan bien en una escapada después de los 60

Areco no necesita vender adrenalina para resultar atractivo. Su mayor virtud es otra: está a menos de dos horas de la Ciudad de Buenos Aires, tiene patrimonio, gastronomía, verde, cultura y un formato amable para recorrer sin exigencia física.

Por eso puede leerse como una muy buena opción para jubilados o para cualquiera que busque una salida serena, cómoda y con contenido, más enfocada en disfrutar que en correr de un punto a otro.

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