11 de enero de 2026 - 10:05

Matchy-matchy, la tendencia de combinar prendas y colores en público que resignifica la moda

La moda coordinada en parejas, grupos de amigos y familias. La tendencia matchy-matchy crece en Mendoza.

Algo que parecía relegado a lo particular empieza a cobrar protagonismo desde la repetición en lo colectivo. La moda, interpretada como lo que me distingue del resto, hoy se vuelve visible al ser una constante en lo colectivo. La escena es la repitencia de la prenda en varios sujetos, pero -sobre todo- en el universo de las redes sociales. Ahí, donde la imagen encuentra su templo, el objetivo es colgar la mejor foto en el feed y, en ese intento, se hace evidente una armonía orquestada en los outfits, el bautizado "matchy-matchy".

Una misma paleta de colores elegida por un grupo de amigos, un accesorio que se repite en cuerpos distintos, el lino como textil común para dar homogeneidad a la vista. La imagen resulta fresca, liviana, casi despreocupada. Sin embargo, detrás de esa aparente espontaneidad, hay una decisión previa. Pensar cómo vestirse deja de ser una elección individual para transformarse en una construcción compartida, algo que los identifique en el “somos”.

matchy-matchy
En un trayecto cotidiano, Roberto Viñas y Guillermo visten prendas en la misma gama de color.

En un trayecto cotidiano, Roberto Viñas y Guillermo visten prendas en la misma gama de color.

En Mendoza, la tendencia se ya está siendo reconocida. Sin buscarla demasiado, captó las fiestas de los atardeceres al pie de la cordillera, los bares o simplemente las acciones cotidianas. Esta moda no se limita al binomio de las parejas, sino que se extiende a amigos o el grupo familiar. que llegan juntos a un evento.

Entonces, las prendas empiezan a dialogar entre sí entre los cuerpos que comparten el espacio. Los colores se repiten sin ser idénticos, las texturas se acompañan, los accesorios cierran una escena común. Vestirse se vuelve parte de la experiencia.

Matchy-matchy: la coordinación de los outfits

Ese fenómeno tiene nombre: matchy-matchy. Dentro del mundo de la moda, la expresión refiere a “hacer juego”, “emparentar” estilos, y se aplica a la coordinación de la vestimenta entre dos o más personas. Puede darse a partir de colores similares, estampados que dialogan, tonalidades compartidas o textiles elegidos con una misma intención.

La tendencia se impuso en Corea del Sur hace más de dos décadas, especialmente asociada a las parejas jóvenes. Allí se la conoce también como keo-peul-look o matching couple: vestir igual o muy parecido como una forma de expresar vínculo y compromiso. Con el tiempo, ese hábito se replicó en Occidente y fue adoptado por celebridades internacionales para eventos de alta exposición mediática. Mientras que en Argentina ya venía expresándose a través mediáticos o personalidades de la farándula.

Matchy-matchy
Mery del Cerro y Meme Bouquet el sunset de Hernán Cattáneo, en Potrerillos.

Mery del Cerro y Meme Bouquet el sunset de Hernán Cattáneo, en Potrerillos.

En sus primeras apariciones, el matchy-matchy se apoyaba en looks excesivamente coordinados, casi espejados. Durante los años 90, la televisión popularizó esta estética, que más tarde quedó asociada a lo exagerado o incluso a lo kitsch.

La tendencia regresa resignificada

En su versión actual, no busca la copia exacta ni el efecto espejo. Se apoya en la armonía visual. Prendas distintas que comparten una tonalidad, un estilo o una intención estética común. El objetivo no es uniformar, sino mostrar afinidad o que simplemente se “pertenece”. Y, sobre todo, dejar registro. En este punto, las redes sociales funcionan como una vidriera constante y como archivo de una identidad que se construye hacia afuera. Una imagen alcanza para decir mucho.

Aunque suele asociarse a vínculos de pareja, el matchy-matchy excede ampliamente ese binomio. En la calle, en bares o eventos sociales, es cada vez más frecuente ver duplas o grupos completos que visten bajo un mismo código. Amigos, madres e hijos, primos, hermanos. Para los protagonistas de la tendencia, confirman que no siempre hay un acuerdo previo ni una planificación detallada. En muchos casos, la coincidencia surge de compartir gustos, referencias culturales y consumos similares.

Matchy matchy
En Potrerillos durante el sunset de Hernán Cattáneo. Estéticas compartidas y outfits en sintonía.

En Potrerillos durante el sunset de Hernán Cattáneo. Estéticas compartidas y outfits en sintonía.

Es decir, no es que exista una regla estricta entre los vínculos, sino que resulta de una consecuencia natural. Se debe a que cuando las personas comparten espacios, actividades y entornos sociales, también tienden a construir una estética común. La ropa se convierte así en un signo de afinidad, al punto de equipararse con la forma de hablar o de moverse.

Que dice la psicología al respecto

Para el psicólogo Mario Lamagrande, el fenómeno va más allá de una moda pasajera. “Las parejas generan su propio ecosistema. Al compartir economía, alimentación, tiempos y espacios, es natural que aparezca una cierta mimetización. Se va construyendo una especie de ‘uniforme’ de pareja, no por pérdida de identidad, sino porque la convivencia resalta lo que tienen en común. Eso también se expresa en la ropa”, dice.

Según Lamagrande, lo que cambió en los últimos años es la visibilidad de ese proceso. “Antes podía ser inconsciente. Hoy hay una flexibilización de normas y valores que permite que esto se vuelva explícito. Muchas veces es una producción acordada: eligen mostrarse al mundo como una unidad. Para algunos sectores puede resultar llamativo, pero no es más que una forma elaborada de expresar pertenencia”.

El especialista confirma que este fenómeno no se limita a las parejas. “Sucede en grupos de adolescentes, en comunidades religiosas o en ciertos entornos laborales. La indumentaria funciona como código: vestirse parecido es una manera de decir ‘soy parte de esto’. En la pareja ocurre exactamente la misma lógica”, agrega.

En la misma línea, el psicólogo Roberto Viñas - quien afirma compartir la tendencia con su pareja- vincula la tendencia con la sincronía interpersonal. “Las personas tienden a acompasar gestos, posturas y conductas con quienes son significativos en su vida. La pareja es un espacio privilegiado de empatía, y eso también se traduce en cómo se presentan ante los demás. Vestirse en sintonía es una extensión de ese acuerdo”, dice.

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Roberto Viñas y Guillermo, su pareja, comparten una estética coordinada que combina colores, texturas y accesorios, una expresión cotidiana del fenómeno matchy-matchy.

Roberto Viñas y Guillermo, su pareja, comparten una estética coordinada que combina colores, texturas y accesorios, una expresión cotidiana del fenómeno matchy-matchy.

La resignificación del matchy-matchy dialoga con una época atravesada por la imagen. La ropa deja de funcionar como una expresión individual y se traduce en contenido. En eventos sociales, la elección del outfit forma parte de la experiencia tanto como el lugar o la música. La imagen compartida construye un relato: quiénes somos, con quiénes estamos, cómo nos mostramos.

Sin presentarse como una excentricidad, el matchy-matchy aparece en una sociedad donde la identidad se construye cada vez más en la apariencia, pero también en la pertenencia. Entre pares, grupos y parejas, la ropa acompaña ese proceso. Vestirse en sintonía se vuelve, así, una forma silenciosa de decir “somos”.

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