Jilgueros escondidos en pequeñas jaulas y transportados hacinados durante miles de kilómetros, tortugas arrancadas de su hábitat para convertirse a la fuerza en mascotas, vizcachas, piches y cardenales que pasan de su vida en libertad a un violento cautiverio. Esta es la historia de miles de ejemplares de fauna silvestre que son víctimas del tráfico de fauna ilegal y que, muchas veces, logran encontrar una segunda oportunidad gracias a los procesos de rescate y rehabilitación.
Según confirmaron desde el Ministerio de Energía y Ambiente, durante los últimos diez años, en Mendoza se logró rescatar más de 16.000 animales silvestres. Todo ello gracias a una tarea sostenida de controles, allanamientos, rehabilitación y liberación.
Rescataron a una Tortuga en Mendoza
La tortuga fue adquirida en una feria informal y trasladada a Mendoza
Detrás de esa cifra hay más de 5.000 operativos realizados por distintos organismos provinciales y nacionales (Policía Rural, Gendarmería y el departamento de Fauna, entre otros), y se trata de un trabajo que posiciona a la provincia entre las más comprometidas en la lucha contra el tráfico ilegal de fauna silvestre.
Así es el trabajo para combatir el tráfico ilegal de fauna en Mendoza
Cada 25 de junio se conmemora el Día Internacional contra el Tráfico Ilegal de Fauna Silvestre, una problemática considerada entre los delitos ambientales más lucrativos del mundo y que continúa poniendo en riesgo a cientos de especies.
jilgueros
Las semillas son simples de conseguir y las cáscaras deberás guardarlas. Esta combinación es ideal para que el jardín se llene de pájaros.
WEB
Según detalló el director de Biodiversidad y Ecoparque, Ignacio Haudet, tres de cada cuatro animales rescatados en Mendoza corresponden a aves. Entre las especies más afectadas aparecen los siete cuchillos, picahuesos y jilgueros, capturados históricamente por su canto y comercializados como mascotas.
Los mamíferos, en tanto, representan cerca del 24% de los rescates, con especies como piches y vizcachas entre las más frecuentes. También aparecen reptiles, especialmente la tortuga terrestre, considerada la especie más traficada de Argentina y cuya tenencia está totalmente prohibida.
La lucha contra este delito no se limita al rescate de animales. En recientes operativos también fueron destruidas cerca de 1.500 jaulas y tramperos, elementos utilizados para la captura ilegal de ejemplares silvestres y cuya utilización está prohibida por la legislación provincial.
Mucho más allá del rescate
Cada procedimiento exitoso de recuperación de estas especies es apenas el comienzo de una larga cadena de trabajo.
La Dirección de Biodiversidad y Ecoparque coordina acciones junto con la Policía Rural, Gendarmería Nacional, ISCAMEN y el Poder Judicial. Pero también los propios vecinos son aliados claves.
Muchas de las intervenciones surgen a partir de denuncias realizadas por ciudadanos que advierten publicaciones en redes sociales, ventas clandestinas o situaciones de cautiverio ilegal.
Uno de los casos más recientes permitió rescatar más de 50 aves silvestres, entre ellas cardenales copete rojo y reinas moras. Tras ser decomisadas y estabilizadas en Mendoza, fueron trasladadas a San Luis para continuar allí su rehabilitación, respetando el área natural donde habitan y aumentando las posibilidades de una futura reinserción.
También se realizaron allanamientos en departamentos como Maipú y Las Heras, donde se desarticularon redes dedicadas a la comercialización ilegal de animales silvestres que permanecían hacinados en viviendas particulares.
Cada animal rescatado atraviesa controles veterinarios, evaluaciones sanitarias y procesos de rehabilitación física y conductual. En el caso de las aves, gran parte de ese trabajo se realiza en el Centro de Conservación y Rehabilitación de Aves Paseriformes de YPF, donde especialistas trabajan para recuperar capacidades esenciales como el vuelo, la alimentación autónoma y los comportamientos naturales necesarios para sobrevivir en libertad.
Solo cuando los equipos técnicos consideran que el ejemplar está en condiciones, se programa su liberación en ambientes compatibles con la distribución natural de la especie.
Un delito que cambió de forma
Aunque el tráfico ilegal de fauna continúa siendo una amenaza, su modalidad ha cambiado de manera significativa durante los últimos años.
Las grandes estructuras dedicadas al acopio y transporte de animales dieron paso a un esquema más disperso, donde numerosos vendedores operan a pequeña escala utilizando redes sociales, aplicaciones de mensajería (WhatsApp y Telegram) y plataformas digitales.
La dinámica dificulta los controles porque las publicaciones suelen desaparecer rápidamente, utilizan perfiles falsos y funcionan mediante circuitos informales de entrega.
Por eso, los especialistas coinciden en que el compromiso ciudadano resulta fundamental. No comprar animales silvestres y denunciar su comercialización sigue siendo una de las herramientas más eficaces para combatir el problema.
Además del daño ambiental, existe otro aspecto preocupante: el riesgo sanitario. Diversos organismos internacionales advierten que la extracción de animales de sus ambientes naturales, sumada a su transporte clandestino y al contacto con personas y mascotas, incrementa las posibilidades de transmisión de enfermedades zoonóticas.
La crueldad detrás de las cifras
Organizaciones dedicadas a la conservación estiman que nueve de cada diez animales capturados ilegalmente mueren antes de llegar a quien pretende comprarlos. El estrés, la falta de agua, las malas condiciones de transporte y el hacinamiento generan una mortalidad altísima.
Cuando un ave vuelve a volar o una tortuga regresa a su ambiente natural, también se recuperan funciones esenciales para el ecosistema. Las aves dispersan semillas, controlan poblaciones de insectos y contribuyen al equilibrio ambiental. Lo mismo ocurre con mamíferos y reptiles que cumplen roles clave dentro de los ecosistemas.
"Un ambiente sin fauna es un ambiente más vulnerable", resume Haudet.
La transformación del antiguo zoológico mendocino en un Ecoparque dedicado al rescate, rehabilitación y conservación simboliza también un cambio de mirada sobre la relación entre las personas y los animales silvestres.