La historia de la investigadora Cristina Weber que publicó Los Andes llegó hasta el estudio de Mario Pergolini y emocionó al conductor y los presentes. Fue una de las invitadas al programa Otro día perdido, emitido el martes por Canal 13.
La joven proviene de una familia humilde de Misiones y llegó a los más altos estándares de la ciencia. Trabaja en Mendoza y fue invitada al programa de canal 13
La historia de la investigadora Cristina Weber que publicó Los Andes llegó hasta el estudio de Mario Pergolini y emocionó al conductor y los presentes. Fue una de las invitadas al programa Otro día perdido, emitido el martes por Canal 13.
Sentada en ese sillón hasta donde llegan tantos famosos y reconocidos personajes, la bioquímica e investigadora del Conicet que se desempeña en Mendoza, relató cómo pasó de una familia de un pequeño pueblo de Misiones al Balseiro. La historia de superación conmueve, ya que es la primera de su familia en llegar a estudios superiores y todos se han criado y vivido del yerbatal.
Hace un mes, Los Andes relató su historia y conmovió a sus lectores. La joven de 27 años nació y creció en Colonia Aurora, un pequeño pueblo rural de Misiones. Contó que recorría ocho kilómetros diarios para ir a la escuela y destacó el sostén fundamental de la educación pública en su trayectoria y para sus logros.
Su vida inicia en medio de los campos de tabaco de Misiones y una familia humilde, para cruzar sin pausa a los más altos rangos de la academia.
“Vengo de una familia muy humilde del interior de Misiones. Mi papá no sabe leer ni escribir, no tiene un celular. Yo no lo puedo llamar a él para preguntarle cómo está”, cuenta Cristina con una emoción que gana el relato cuando los recuerda. Es la sexta de ocho hermanos y la primera en alcanzar el nivel secundario y universitario.
Su infancia estuvo ligada a la tierra. “Toda mi familia trabaja en la chacra. Mi papá es productor tabacalero y mi mamá era ama de casa. Todos nosotros, los hermanos, siempre ayudábamos", recuerda.
Hoy, Cristina es bioquímica, docente universitaria y becaria doctoral del Conicet. Trabaja en el Instituto de Histología y Embriología de Mendoza (IHEM), dependiente del Conicet y la UNCuyo, donde investiga nuevos biomarcadores para el diagnóstico y pronóstico de enfermedades neurodegenerativas, principalmente el Parkinson. Sin embargo, su relato comienza muy lejos de los tubos de ensayo: entre plantaciones de tabaco y una familia donde el acceso al conocimiento era un sueño que se gana a fuerza de mucho esfuerzo.
Cuando iba al colegio secundario, llegó a su vida la Asociación Conciencia. La entidad trabaja sobre seis ejes: terminalidad educativa, emprendedurismo, inserción laboral, participación ciudadana, fortalecimiento de organizaciones de base y acceso a derechos en la ruralidad.
A partir de allí, tutores y las redes de la entidad le brindaron el apoyo para crecer y volar con más seguridad. Incluso, tras avanzar en sus estudios logró ingresar al instituto Balseiro parta seguir con su formación
En la nota con Los Andes dejó un mensaje crucial para incentivar a todos aquellos que están en la misma situación que ella tuvo: “Que no no se desesperen, que, cuando uno tiene ganas, todo se da en la vida. Y lo principal es que nuestro lugar de origen no tiene por qué definir nuestro destino, que cada uno puede buscar el destino y el lugar para crecer y para ser feliz”.
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