6 de julio de 2026 - 00:47

Las articulaciones duelen más con el frío: la guía de 6 estrategias de expertos para prevenir

Con la llegada del frío, aumentan las consultas en los consultorios por dolores articulares y musculares. Cuándo acudir al médico.

Con la llegada del frío, se vuelve una constante en los consultorios médicos un lamento generalizado: el dolor articular y muscular que parece intensificarse o surgir repentinamente. No se trata de una mera percepción climática ni de un mito popular; el cuerpo experimenta cambios biológicos reales ante la baja de la temperatura.

Especialistas explican qué pasa realmente en el organismo cuando llega el frío y detallan las estrategias fundamentales para mantener la movilidad y prevenir el sufrimiento estacional.

Las causas biológicas detrás del dolor que llega con el frío

El impacto del clima en la salud física tiene explicaciones médicas concretas y ese dolor en las articulación tienen una explicación que obedece a varios factores.

“El descenso de la temperatura ambiental genera efectos biológicos directos como la vasoconstricción, que reduce la llegada de oxígeno a los tejidos, y una contracción muscular refleja que disminuye la elasticidad y aumenta la rigidez”, explica la doctora Liliana Rolón, Gerente Médica de Vittal, la empresa de emergencias.

Frío y dolor: El descenso de la temperatura causa vasoconstricción y contracción muscular, intensificando dolores articulares y musculares, especialmente en quienes padecen artrosis o artritis.

Frío y dolor: El descenso de la temperatura causa vasoconstricción y contracción muscular, intensificando dolores articulares y musculares, especialmente en quienes padecen artrosis o artritis.

La reducción de la circulación en las extremidades para mantener el tronco caliente, puede causar dolor en esas zonas periféricas. Asimismo, los cambios en la presión barométrica pueden provocar que los tendones se expandan y aumente la presión sobre las articulaciones.

El frío tiene peores consecuencias para quienes ya tienen alguna enfermedad

Para quienes ya conviven con afecciones crónicas, el panorama se vuelve más complejo. “Para quienes ya conviven con patologías como artrosis o artritis, el frío actúa como un factor que agudiza la sensibilidad al dolor”, advierte la doctora Rolón. En sintonía, Linda Scholl, doctora en fisioterapia del University Orthopaedic Center de la Universidad de Utah (Estados Unidos), aporta: “Si padeces dolor crónico en una zona o tienes una afección como la artritis, las terminaciones nerviosas de esas zonas son más sensibles al frío y lo perciben como doloroso”.

A los factores biológicos se suma inevitablemente el cambio de hábitos. La tendencia al sedentarismo durante los meses fríos favorece la pérdida de movilidad y genera una tensión sostenida en las articulaciones.

Guía para evitar el dolor en invierno

Frente a este escenario, la prevención es el pilar fundamental para mitigar el impacto y mantener la calidad de vida, especialmente en adultos mayores, personas con lesiones previas o pacientes con enfermedades articulares crónicas. La premisa central de los expertos apunta a que el movimiento es el principal aliado.

“El movimiento es lo mejor”, destaca Scholl en la publicación de la Universidad de Utah.

Frío y dolor: El descenso de la temperatura causa vasoconstricción y contracción muscular, intensificando dolores articulares y musculares, especialmente en quienes padecen artrosis o artritis.

Frío y dolor: El descenso de la temperatura causa vasoconstricción y contracción muscular, intensificando dolores articulares y musculares, especialmente en quienes padecen artrosis o artritis.

“Si sientes rigidez, empieza a moverte: aumentará el flujo sanguíneo a esa zona y aportará oxígeno, nutrientes y calor”. Para lograrlo de forma segura, se recomiendan las siguientes pautas:

1-Actividad física y pausas: mantener una rutina de ejercicio regular y evitar permanecer en la misma posición por períodos prolongados. El entrenamiento de fuerza dos o tres veces por semana aumenta la fuerza muscular y ósea, reduciendo la presión articular.

2-Preparación previa: “Antes de realizar cualquier esfuerzo físico, resulta indispensable una entrada en calor progresiva que incluya movilidad articular y estiramientos suaves para preparar al cuerpo", detalla Rolón. Si hace frío, este calentamiento puede requerir más tiempo para ayudar a dilatar los vasos sanguíneos.

3-Abrigarse correctamente: el cuidado externo es clave. Se aconseja vestirse con capas para mantener el cuerpo caliente, especialmente la zona abdominal (un torso caliente mejora la circulación general). “Proteger especialmente zonas críticas como rodillas, manos y cuello ayuda a estabilizar la temperatura corporal y prevenir espasmos musculares”, añade la médica de Vittal.

4-Hidratación: aunque en los meses fríos la sensación de sed disminuye, el agua sigue siendo esencial. La deshidratación dificulta la función nerviosa, disminuye la producción de líquido lubricante en las articulaciones y reduce el flujo sanguíneo.

5-Higiene postural: ante el frío, las personas suelen adoptar posturas rígidas o encogidas de forma involuntaria. Prestar atención a la ergonomía en el trabajo y evitar tensiones mantenidas es crucial.

6-Hábitos saludables: asimismo, se debe mantener una alimentación sana (priorizando alimentos con propiedades antiinflamatorias como pescado, frutos secos, frutas y verduras de hoja verde, y lácteos ricos en calcio) y dormir lo suficiente.

“Aunque queramos resguardarnos del frío, no estamos hechos para hibernar”, sentencia Scholl. “La alimentación, el sueño y el ejercicio son muy importantes, incluso durante los meses de invierno”.

Cuándo consultar al médico

Para aliviar las molestias cotidianas en el hogar, el uso de almohadillas térmicas o tomar un baño caliente puede ser de gran ayuda para mejorar la circulación sanguínea y mitigar el dolor. Sin embargo, los especialistas enfatizan la importancia de no cruzar la línea de la automedicación indiscriminada con analgésicos, ya que esto puede enmascarar cuadros que requieren atención profesional.

Existen señales de alerta claras que indican que es momento de buscar asistencia médica. “Se debe realizar una consulta médica si el dolor es intenso, persistente, limita el movimiento o se acompaña de inflamación evidente”, puntualiza la doctora Rolón.

En este sentido, Scholl concluye: “Si experimenta dolor persistente o que empeora con la actividad física, la atención médica puede ayudarle a diagnosticar la causa. Un fisioterapeuta puede ayudarle a comprender sus síntomas e identificar ejercicios específicos para que empiece a sentirse mejor”. Escuchar las señales del cuerpo a tiempo permitirá que el cambio de estación no se traduzca en una pérdida de bienestar.

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