La Legislatura de Mendoza tendrá en sus manos una decisión que trasciende lo administrativo: definir si la Provincia avanza con la expropiación del histórico Cine Mayo, un edificio emblemático ubicado en la esquina de 25 de Mayo y Marconi, junto a la Plaza Italia, en pleno centro de la ciudad de San Martín.
El pedido fue elevado por el Concejo Deliberante local, en sintonía con la necesidad que reconoce la comuna: la cabecera departamental no cuenta con una sala propia para actividades culturales. En todo el departamento, el único espacio en funcionamiento es el Cine Colón, en Palmira, lo que deja a la ciudad principal sin infraestructura para espectáculos masivos.
El inmueble en cuestión tiene una superficie aproximada de 655 metros cuadrados y pertenece a la Sucesión Eusebio Cordon Larios. Para el municipio, se trata del último espacio posible de recuperar con ese fin dentro del casco céntrico.
Un edificio cerrado hace 25 años
El Cine Mayo cerró sus puertas en el año 2000. Desde entonces, el deterioro fue progresivo. A lo largo de los años hubo episodios de abandono, ocupaciones informales y hasta un principio de incendio que agravó el estado de la sala.
Quien recorrió el lugar tiempo después de ese siniestro se encontró con una escena que condensaba el paso del tiempo: el techo abierto dejando entrar la luz, butacas quemadas en las primeras filas, restos de la pantalla derretida y apoyada sobre una escalera, y un escenario con el entablonado de pinotea parcialmente carbonizado. La tramoya había desaparecido y una lata de rollo de película, tirada a un costado, funcionaba como testimonio del final abrupto.
La estructura, sin embargo, resistía. A pesar del daño visible, el edificio conservaba su forma original, como si esperara una segunda oportunidad.
La memoria de quienes lo habitaron
Durante años, tras el cierre, el ingreso al cine estuvo habitado por Rosa Rosales, histórica empleada del lugar y durante mucho tiempo su taquillera. Fue ella quien permaneció allí cuando la actividad cesó definitivamente.
Rosales recordaba el funcionamiento del Mayo como una sala de gran convocatoria. Hablaba de recaudaciones abundantes, de jornadas con la boletería colmada y de una sala que llegó a tener más de 700 butacas, luego reducidas a unas 670 por modificaciones en los pasillos.
También sostenía que el propietario original había fallecido décadas atrás y que el inmueble estaba atravesado por un complejo proceso sucesorio, lo que en parte explicaba su prolongado abandono.
Con una mezcla de orgullo y nostalgia, definía al Mayo como “uno de los mejores cines de la provincia”.
cine 3
El incierto destino del Cine Mayo, de San Martín, y lo que asegura el hombre que dice ser su dueño
Disputas por la ocupación
En paralelo al deterioro del edificio, surgieron controversias en torno a su ocupación. Jorge Peña, un sanmartiniano de 68 años, aseguró haber adquirido en 2005 un supuesto derecho de ocupación del lugar a la propia Rosa Rosales, con quien dijo haber mantenido una relación personal años antes.
Según su versión, la operación se basó en ese vínculo y en la permanencia de la mujer dentro del edificio. Rosales falleció el año pasado.
Sin embargo, la Municipalidad decidió no avanzar en ninguna negociación con Peña, al considerar que la situación dominial del inmueble —ligada a una sucesión— es la única vía válida para cualquier intervención.
Un símbolo cultural en pausa
En sus años de funcionamiento, el Cine Mayo fue uno de los principales espacios culturales de San Martín. Compartía la escena con otras salas como el Monumental —hoy reconvertido en confitería— y el Cervantes, de Casa España.
El cierre del Mayo marcó el inicio de un proceso de pérdida de infraestructura cultural en la ciudad. La última función genera aún debate: algunos señalan que fue la proyección de “Babe, el chanchito valiente”, mientras que otros recuerdan títulos distintos. Lo cierto es que la última vez que la sala se llenó fue en el año 2000, durante una presentación de la soprano Fabiana Bravo, en un evento a beneficio de Cáritas.
Años más tarde, el municipio, con Jorge Omar Giménez como intendente, logró recuperar el Cine Colón de Palmira, adquirido en 2007 por 50.000 pesos y reacondicionado tras un extenso proceso de obras. Ese antecedente es hoy uno de los argumentos centrales para impulsar una iniciativa similar con el Mayo.
La decisión que viene
El proyecto de expropiación abre ahora un escenario político y administrativo que deberá resolverse en la Legislatura. En juego no solo está la situación de un inmueble, sino la posibilidad de que San Martín recupere un espacio cultural propio en su centro.
Mientras tanto, el viejo edificio sigue en pie, deteriorado pero reconocible, como una pieza suspendida entre el pasado y una eventual reconstrucción.