¿La grasa en el hígado es una enfermedad?

La enfermedad grasa del hígado, actualmente denominada esteatosis hepática es una epidemia oculta. Si bien es una enfermedad benigna en sus inicios y se puede controlar con un manejo médico apropiado, si no se diagnostica a tiempo puede tener consecuencias serias.

¿La grasa en el hígado es una enfermedad?
La enfermedad grasa del hígado, actualmente denominada esteatosis hepática es una epidemia oculta.

Hace ya muchos años, un equipo liderado por quien escribe esta nota y por el doctor Carlos José Pirola, estudia los diversos procesos que llevan a que una persona desarrolle el llamado síndrome metabólico, y particularmente lo que se conoce como hígado graso y médicamente llamado “esteatosis hepática”.

¿Qué es el hígado graso?

La enfermedad del hígado graso consiste en una acumulación anormal de grasa en el hígado. Este órgano juega un papel central en el metabolismo, incluyendo cientos de funciones tales como la de procesar las grasas (lípidos), los azúcares y otros componentes de la dieta.

La enfermedad del hígado graso no alcohólico afecta, aproximadamente, entre el 20 y 30% de la población, tanto niños como adultos. Es reconocida, mundialmente, como la causa más frecuente de enfermedad crónica hepática y probablemente lidere las causas de trasplante de hígado, además de estar asociada a enfermedad y mortalidad cardiovascular como veremos más adelante.

El hábito sedentario, la dieta rica en alimentos procesados y azucares, así como otros factores de riesgo como la predisposición genética, son los indicios de peligro más importantes de esta enfermedad. Aunque el consumo de alcohol elevado puede conducir a una enfermedad hepática con características propias, el tomar bebidas alcohólicas está particularmente desaconsejado en estos pacientes.

Se estima que 357 millones de personas se verán afectadas para el año 2030. Debido a que los síntomas de esta enfermedad a menudo no son evidentes, la misma podría pasar desapercibida, característica que comparte con las dolencias acompañantes en los que se conoce como síndrome metabólico. Así, la cantidad de personas afectadas por esta afección aumenta en paralelo con las cifras de obesidad (particularmente la del abdomen) y diabetes tipo 2, ya que las mismas forman parte de los factores de riesgo de padecer esteatosis hepática. De hecho, 70% de los pacientes con esta enfermedad son obesos, hasta el 75% tienen diabetes tipo 2 y entre el 20 y el 80% tienen aumento de los triglicéridos o colesterol en la sangre.

Como mencionamos, existe una probada asociación entre la esteatosis hepática y el riesgo de enfermedad cardiovascular, particularmente el peligro de dolencia coronaria y de hipertensión arterial. Si no se controla, la esteatosis hepática puede provocar cirrosis, cáncer de hígado y trasplante de hígado. Todas causas de mortalidad a mediano plazo.

¿Qué debo hacer si me diagnostican hígado graso?

Actualmente, los tratamientos farmacológicos específicos para esta enfermedad son muy limitados porque están en etapas de experimentación y todavía no demostraron resolver la complejidad de la enfermedad y de las lesiones que presenta el hígado enfermo, tal como la fibrosis hepática.

Cada caso debe ser manejado individualmente. En términos generales, se realiza una evaluación de los factores de riego para el desarrollo de este mal, por ejemplo, el sobrepeso y/o la obesidad, las alteraciones metabólicas relacionadas como el aumento del colesterol y los triglicéridos y/o de azúcar (glucosa) en la sangre, o la presencia de hipertensión arterial. Cada factor de riesgo debe ser tratado de manera particular, a veces con fármacos de uso aceptado y eficaces para cada uno de ellos. Estas medidas se deben acompañar de las recomendaciones de cambio o modificación de la dieta, y de la actividad física varios días de la semana. Nuestros pacientes refieren que no pueden o no tienen tiempo, y eso es normal en la vida moderna. Siempre les decimos, caminar, aunque sea una hora por día es un paso importante. Sin embargo, la medida preventiva más importante es el control del peso corporal, especialmente de la grasa que se deposita en el abdomen. Disminuir la ingesta de calorías, de alimentos procesados, consumiendo más fibras vegetales y menos azucares refinados ayuda a controlar el peso corporal. El aumento del tejido adiposo trae aparejados cambios metabólicos y un estado inflamatorio muy dañino para todos los órganos, pero especialmente para el hígado. Es probable que la próxima línea de fármacos exitosos sea aquella que primariamente disminuya el exceso de tejido adiposo.

¿Avances en los últimos años?

Las grasas, normalmente ausentes en el órgano normal, cuando se acumulan en órganos nobles como el hígado (porque se supera la capacidad del tejido adiposo de almacenarlas) pueden desencadenar procesos inflamatorios similares a los de una hepatitis. Con la diferencia de que se trata de una forma de hepatitis que no tiene un origen infeccioso sino metabólico. Aun así, hay un componente importante de mecanismos inmunológicos puesto en juego.

Entonces, la enfermedad de la que hablamos, se caracteriza por la acumulación anormal de grasa en las células del hígado y transcurre en estadios o etapas, las cuales tienen implicancias pronósticas diferentes, básicamente desde “hígado graso” o esteatosis simple (una entidad relativamente benigna y reversible mediante la intervención adecuada) a un estadio más severo conocida como esteatohepatitis, cuya historia natural implica un pronóstico más serio y cuya reversibilidad estaría condicionada por múltiples factores.

Desde hace ya muchos años, nuestro equipo, estudia los diversos procesos que llevan a que una persona desarrolle el llamado síndrome metabólico y particularmente, hígado graso, y a las formas progresivas de esta enfermedad, que en los casos de mayor gravedad pueden derivar en una cirrosis y eventualmente a lo largo de los años en cáncer de hígado si la enfermedad no se controla.

Nuestros resultados son un paso importante en la comprensión de los mecanismos moleculares de una enfermedad que se caracteriza por la inflamación del hígado y puede progresar a cirrosis e insuficiencia hepática, y podrían orientar estrategias selectivas de prevención y tratamiento.

Por otra parte, nuestros hallazgos permiten, también, avanzar en el entendimiento de cómo la enfermedad grasa del hígado se conecta con otras enfermedades muy relacionadas, y hasta podríamos afirmar que todas forman parte del mismo trastorno metabólico subyacente.

Así, hemos contribuido a explorar las bases genéticas de la hipertensión arterial, obesidad, e hígado graso en aspectos relacionados al control de la presión arterial, el ritmo vigilia-sueño (circadiano), metabolismo lipídico, y los mecanismos de la regulación de la expresión de genes a diferentes niveles, desde su secuencia y modificación, productos regulatorios, las proteínas que codifican y metabolitos que producen.

Por último, consideramos que la información revelada en nuestro trabajo de décadas, así como la línea de investigación en general permiten entender los mecanismos de la enfermedad. Pero tal vez lo más importante, es que esta investigación ofrece una plataforma sobre la cual evaluar futuras intervenciones terapéuticas. Específicamente, el perfil del microbioma hepático (una impronta de las comunidades de bacterias que cohabitan en nosotros en diferentes lugares, a lo largo del sistema digestivo) sugiere que las opciones terapéuticas, incluida la selección de probióticos, deben definirse con precisión de acuerdo con escenarios clínicos específicos, incluidas las características del microbioma del paciente y de su carga genética.

*La autora es doctora en Ciencias Médicas. Esta nota fue redactada por la doctora Silvia Sookoian, en coautoría con el doctor Carlos J. Pirola.

Producción y edición: Miguel Títiro - mtitiro@losandes.com.ar

Antecedentes:

  • La doctora Sookoian es miembro de la Asociación Americana para el Estudio del Hígado (Faasld).
  • Investigadora Superior del Conicet.
  • Médica hepatóloga.
  • Jefa de Hepatología Clínica y Molecular en el Centro de Investigación Traslacional en Salud.
  • Decana de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Maimónides.
  • Miembro del Comité Directivo del grupo de trabajo del cambio de nomenclatura de la enfermedad grasa del hígado de etiología no alcohólica.

El doctor Carlos José Pirola es miembro de Faasld y FAHA.

  • Investigador superior del Conicet “ad honorem”.
  • Doctor en Bioquímica y Especialista en Genética Humana.
  • Director del Centro de Investigación Traslacional en Salud.
  • Universidad Maimónides.

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