Javier Ponce, el mecánico “loco por los fierros” y full time para sus clientes

El mecánico Javier Ponce , trabaja en su taller desde hace 4 años.
Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes
El mecánico Javier Ponce , trabaja en su taller desde hace 4 años. Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes

Empezó a aprender el oficio desde muy chico, a los 13 años, de la mano de su papá –camionero de profesión- que le fue inculcando los principios de este oficio, los valores del trabajo y el amor por los autos.

“Estoy en el oficio desde que tengo uso de razón. Esto es algo que se aprende viendo y con la experiencia que te van dando los años” cuenta. Javier Ponce tiene 39 años, está casado con María Victoria y tiene 3 hijos: Javier de 15 años, Benjamín de 11 e Isabella de 5.

Este mecánico vive en Coquimbito, Maipú, pero hace 4 años logró, con mucho esfuerzo, abrir su propio taller en Godoy Cruz, justo frente a Jumbo. “Para mí fue algo muy importante, un logro. Yo venía de ser empleado en varios talleres; el más importante fue el de Yacopini, donde aprendí mucho, fue una verdadera escuela donde me dieron muchas herramientas. Sin embargo, pienso que lo más importante es la fuerza de voluntad que cada uno pone en su trabajo”, explica.

Reconoce, además, que se trata de un rubro “complicado”, donde hay gente que no está preparada, cobra lo que no es o no hace los arreglos que promete, aprovechando el desconocimiento de las personas. “Personalmente me manejo con honestidad, diciendo las cosas como son y de la forma más transparente posible. La mejor tarjeta de presentación de un mecánico es su mano de obra, eso te lleva al boca en boca que es la mejor publicidad”, reflexiona.

Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes
Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes

Abierto… ¿las 24 horas?

Para Javier, como para muchos mecánicos, “el año pasado fue muy complicado; los primeros tiempos tuve el taller cerrado y de a poco, cuando los controles fueron aflojando, comenzamos a trabajar a puerta cerrada y con muchos protocolos, ya que teníamos un montón de vehículos que habían quedado ´atrapados’ en el taller y sus dueños los necesitaban”.

En un momento muy difícil, Javier recuerda, por ejemplo, a un señor que tenía una verdulería y se le había roto el alternador de su utilitario; necesitaba con urgencia repartir su mercadería que se le echaba a perder, ir al a feria, y no tenía en qué hacerlo. “Me encontré con gente muy desesperada por lo económico, por el trabajo, personas que tenían pequeños negocios y necesitaban ganarse el mango de cada día. Lo que hice entonces fue tratar de estar para ellos y solucionarles los problemas lo más rápido posible”, expresa.

Y es que, tanto en ese momento como ahora, la gente necesita que su mecánico esté “al pie del cañón”, porque el vehículo es su herramienta de trabajo y no pueden parar un día. “Me ha tocado miles de veces trabajar fuera de horario para cumplir con los clientes; cada uno viene con su problema particular y hay que escucharlos y tratar de ayudarlos”, cuenta Javier.

Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes
Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes

Este joven mecánico destaca que “Para vivir más o menos bien, si estás en este negocio tenés que trabajar entre 12 y 14 horas diarias. Actualmente tengo dos empleados –Lucas y Martín- y me gustaría poder contratar un tercero, para trabajar menos horas y brindar un mejor servicio, pero está muy difícil por los impuestos, es mucha la presión y no dan los números... Como a cualquier Pyme, toda la situación económica que estamos pasando nos afecta”, explica.

En este sentido, la realidad actual marca que muchas veces la gente no tenga el dinero en efectivo para pagar un arreglo: “te pagan con cheques, con tarjeta, en cuotas… vamos haciendo malabarismos como todo aquel que tiene un negocio”, añade.

Para cerrar con una anécdota, recuerda entre risas como ha llegado muchas veces al taller para darse cuenta de que se olvidó las llaves en su casa de Maipú. “Son distracciones que pasan; hemos cerrado un auto con las llaves adentro y ese tipo de cosas, pero todo tiene solución y lo importante es que la gente se vaya conforme con su auto en perfecto funcionamiento”, concluye Javier.

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