Hoy se celebra el Día del Padre en Mendoza en honor a San Martín: los secretos de su hija Merceditas

José de San Martín y su hija Merceditas, homenajeados en una escultura en la Alameda de Mendoza.
José de San Martín y su hija Merceditas, homenajeados en una escultura en la Alameda de Mendoza.

Cada 24 de agosto los mendocinos celebran el Día del padre en honor al Padre de la Patria. La historia de “la infanta mendocina” y donde se encuentran sus restos.

En Mendoza, la verdadera conmemoración del Día del Padre se hace cada 24 de agosto por una ley que recuerda el natalicio de Mercedes, la hija de San Martín y Remedios de Escalada.

Fue en la vivienda de la calle Corrientes (cerca de La Alameda), donde residía el prócer. San Martín era gobernador intendente de Cuyo y estaba en la etapa final de la preparación del Ejército para cruzar a Chile. El 24 de agosto de 1816, Remedios de Escalada dio a luz a Merceditas. El parto se hizo en la casa en la que vivía la familia.

En 1953, Lucía Zuloaga de García Sada presentó ante la Dirección General de Escuelas de Mendoza la iniciativa de declarar el 24 de agosto como Día del Padre, idea que fue aceptada por Resolución 192-T-53.

Después de tres años de tramites la profesora Zuloaga consiguió que el Consejo de Educación de la Nación resolviera afirmativamente el proyecto y dispusiera la inclusión de la celebración “24 de Agosto, Día del Padre”, en el Calendario Escolar de todo el País.

Así, el 22 de octubre de 1956, el Consejo Nacional de Educación resolvió oficialmente instituir en el calendario escolar el Día del Padre, que se conmemora el día 24 de agosto en todos los establecimientos de la repartición.

La vida de Merceditas

Mercedes Tomasa de San Martín y Escalada nació el 24 de agosto de 1816 en una humilde casa de la Ciudad de Mendoza, donde ahora se emplaza el Museo Sanmartiniano, fruto del amor del General con Remedios de Escalada.

Los primeros años de vida de Mercedes fueron realmente intensos, el viaje a Buenos Aires cuando tenía poco más de cuatro meses, la enfermedad de su madre Remedios, la ausencia de San Martín por las misiones que éste emprendía —que entonces consistían en la liberación de Perú y Chile—, hicieron que Mercedes se desarrollara en ambiente agitado pero al mismo tiempo contenido y lleno de cuidados y cariño.

Entre sus seis y siete años, su madre Remedios enfermó y murió el 3 de agosto de 1823. Su vida, desde ese momento desamparada del abrigo del calor antes otorgado por el cuidado y atención de su madre, quedó al cuidado de su abuela hasta que su padre terminara con las misiones independentistas y pudiera, por fin, regresar a Buenos Aires y darle el acompañamiento, protección y educación necesaria.

En 1824, Mercedes y San Martín viajaron a Europa donde «la infanta mendocina», como la solía llamar su padre, recibió una educación de primera calidad, en la que se destacó en pintura y música.

En 1831, tanto ella como su padre se enfermaron de cólera en Francia. Sin embargo, al parecer no todo era infortunio para padre e hija. El médico Mariano Balcarce fue quien los atendió en esta enfermedad y quien también prestó especial atención a Mercedes, con quien terminaría por casarse al año siguiente, el 13 de septiembre de 1832, y consagraría uno de los momentos más felices para la acotada familia integrada para entonces sólo por el Gral. don José de San Martín y Mercedes. Para San Martín, explican los historiadores, el casamiento de Mercedes con Balcarce fue un acontecimiento lleno de algarabía, un momento en que San Martín sintió el logro del esfuerzo hecho por su hija Mercedes, por quien pasaba gran parte, sino toda, de su vida.

Del matrimonio de Mercedes y Balcarce nacieron María Mercedes y Josefa Dominga. En 1859 compraron una casa en Brunoy, cerca de París. Sin embargo, la desventura todavía contaba con margen para rozar la vida de Mercedes y en 1860 la enfrentó con la muerte de su hija mayor, María Mercedes, de 26 años, a quien dieron sepultura en una bóveda en la misma villa donde vivían. Su otra hija, Josefa Dominga, tendría todavía mucha vida por delante, una personalidad se distinguió en ella, caracterizada por la solidaridad y perpetuo respeto y glorificación de su abuelo.

Mercedes murió en febrero de 1875, también en Brunoy. En 1951, sus restos, junto con los de Balcarce y su hija mayor, fueron repatriados y hoy descansan en la Basílica de San Francisco, ubicada en pleno centro mendocino.

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