Historias del Zoo: Orlando, el yaguareté que vivió su “segunda vida” en Mendoza y murió en cautiverio

Falleció a los 24 años en 2013. Llegó al zoo local antes de cumplir un año y, aunque no estaba en buenas condiciones, la causa de su muerte fue su avanzada edad. Pero 12 años antes, una fundación lo había estimulado, ayudado a bajar de peso y recuperar sus articulaciones y respiración normal.

Historias del Zoo: Orlando, el yaguareté que vivió su “segunda vida” en Mendoza y murió en cautiverio
Historias del Zoo: Orlando, el yaguareté que vivió su segunda vida en Mendoza y murió en cautiverio. Foto: Archivo Los Andes.

El domingo 5 de mayo de 2013, en horas de la tarde, Orlando fallecía a los 24 años. Se trataba del único ejemplar de yaguareté que habpia en el entonces Zoológico de Mendoza y sus últimos minutos, al igual que prácticamente toda su vida, transcurrieron condenados a un cautiverio forzoso y a una jaula que –aunque había sido adaptada y mejorada en varias oportunidades- nada tenía que ver con su hábitat natural. Pero Orlando había llegado al Zoo mendocino en diciembre de 1990, cuando todavía no había cumplido siquiera su primer año y tras haber sido secuestrado siendo un cachorrito durante un operativo a un circo que había llegado a la provincia.

Más allá de los padecimientos del cautiverio y de la soledad en la que fue forzado a crecer y transcurrir su vida hasta el último segundo de ella, Orlando encontró una segunda oportunidad en el Zoológico mendocino y entre las rejas. Y es que los últimos años de su vida, con el apoyo de la Fundación Red Yaguareté y un convenio con el entonces zoológico (antes de ser reconvertido como Ecoparque), Orlando recuperó parte de su movilidad, bajó considerablemente de peso y hasta pudo experimentar que se sentía saltar de un punto al otro, aunque siempre con las limitaciones de unas paredes y un techo de reja.

Historias del Zoo: Orlando, el yaguareté que vivió su segunda vida en Mendoza y murió en cautiverio. Foto: Archivo Los Andes.
Historias del Zoo: Orlando, el yaguareté que vivió su segunda vida en Mendoza y murió en cautiverio. Foto: Archivo Los Andes.

La muerte del yaguareté Orlando reavivó las críticas hacia el entonces paseo abierto al público al costado del Cerro de la Gloria. Y es que distintas ONG denunciaron que desde hacía varios días se conocían testimonios de paseantes que decían haberlo visto en mal estado, deteriorado y postrado. Sin embargo, días después se supo que el felino había fallecido de causas relacionadas a su avanzada edad y agravadas por el propio cautiverio (estos ejemplares no suelen superar los 20 años en cautiverio). Pero antes de ello, Orlando pudo tener una especie de segunda oportunidad y de vivir su vida de una manera cuasi similar a la que estos ejemplares lo hacen, aún privado de su libertad.

Volver a empezar

Entre 1990 –cuando llegó al Zoológico tras ser recuperado del Circo de los Hermanos Tejedor- y 2010, la vida del yaguareté Orlando era parte de una monótona y aplastada rutina. El ejemplar se despertaba, caminaba muy poco por su jaula –de un lado para el otro-, trepaba excepcionalmente las piedras que se encontraban en su espacio (delimitado por la jaula y la misma pared) e iba y venía a su dormitorio, que era la parte que no se veía por el público.

Además, varias veces al día los cuidadores le llevaban trozos de carne (osobuco, preferentemente) varias veces al día para que se alimente. Pero carecía del instinto salvaje, ese que lo debería haber llevado a ser un ágil y veloz animal y que también lo debería haber obligado a cazar para poder tener su alimento. Y el movimiento que más repetía era el de echarse en el suelo de la jaula, levantarse para comer, y volver a echarse. Esto derivó, por ejemplo, en que debiera ser sometido a un cuidadoso tratamiento médico por problemas respiratorios y de articulaciones que habían aparecido ante la escasa –prácticamente nula- actividad física del yaguareté.

Historias del Zoo: Orlando, el yaguareté que vivió su segunda vida en Mendoza y murió en cautiverio. Foto: Gentileza.
Historias del Zoo: Orlando, el yaguareté que vivió su segunda vida en Mendoza y murió en cautiverio. Foto: Gentileza.

Fue en 2011 cuando la Fundación Red Yaguareté –que trabajaba por entonces en el monitoreo de estos felinos (en libertad y en cautiverio)- comenzó a trabajar con Orlando y por medio de un convenio con el Zoológico de Mendoza. Desde ese momento, Orlando comenzó a ser estimulado con distintos ejercicios y, de a poco, fue recuperando movilidad y bajó de peso considerablemente.

“Lo hemos impulsado a que vuelva a caminar. Le hemos construido escaleras con troncos para que pueda volver a la terracita a la que ya no subía porque estaba muy gordo como para trepar. También le construimos una pileta para que pueda refrescarse, porque es un animal que en su hábitat natural disfruta mucho, no sólo de caminar y trepar, sino también de nadar. Y la idea es que, con una manguera que esté arriba de la jaula, permanentemente esté cayendo agua como si fuese una cascada”, contó a Los Andes en octubre de 2011 Diego Ferrer, miembro de la Fundación Red Yaguareté y uno de los voluntarios que se había encargado de reformar el hogar de Orlando. El veterinario del entonces Zoológico de Mendoza, Juan Pablo Coniglione y sus colaboradores fueron otros de los actores fundamentales de esta especie de renacer del “yaguareté mendocino”.

Las mejoras que se realizaron en aquel momento consistieron en colocar dos escaleras de tronco, canteros nuevos con su respectiva vegetación y dos árboles que habían sido instalados en el lugar recientemente y que despertaban la curiosidad de Orlando en el espacio, que estaba compuesto por dos jaulas unidas entre sí por una guillotina -que estaba permanentemente abierta- y que tenía una extensión de 30 m2.

“Todos los días se acerca y rasca a los árboles, algo que no podía hacer antes. Además, le hemos puesto juegos con gomas y troncos que le llaman mucho la atención. A la comida se la dejamos atada ahí y, para poder llegar a ella y comerla, tiene que hacer un esfuerzo. Es parte del plan de estimulación”, destacaron los artífices de esta recuperación de Orlando, que lo llevó a ponerse más en forma.

Historias del Zoo: Orlando, el yaguareté que vivió su segunda vida en Mendoza y murió en cautiverio. Foto: Gentileza.
Historias del Zoo: Orlando, el yaguareté que vivió su segunda vida en Mendoza y murió en cautiverio. Foto: Gentileza.

Acostumbrado a recibir la comida en el piso y tener que moverse apenas unos pocos metros para alcanzarla –ese era todo el esfuerzo que hacía-, de repente el yaguareté del Zoo mendocino se encontró con los trozos de carne atados a una soga, en el interior de una caja o en la parte alta de la terraza. Todo ello implicaba un esfuerzo para alcanzarla y, de la mano a esta dificultad, se encontraba también la reactivación del felino. Incluso, intercalaron piezas de pollo y pescado con el osobuco, para evitar que continuara engordando.

También se trabajó oportunamente en la estimulación del olfato y los otros sentidos del yaguareté.

Su muerte en 2013

Cerca de 12 años después del inicio de este programa de estimulación y recuperación integral, el yaguareté Orlando murió en el interior de esa misma jaula que había ocupado durante prácticamente toda su vida. Y si bien no se encontraba bien y quedaron a la vista las condiciones en que pasó sus últimos días de vida (hubo visitantes que denunciaron encontrarlo echado todo el tiempo y rodeado de moscas), fue su avanzada edad –en condiciones de cautiverio- lo que desencadenó el fallecimiento.

Historias del Zoo: Orlando, el yaguareté que vivió su segunda vida en Mendoza y murió en cautiverio. Foto: Gentileza.
Historias del Zoo: Orlando, el yaguareté que vivió su segunda vida en Mendoza y murió en cautiverio. Foto: Gentileza.

“Él estuvo hace tiempo en tratamiento porque era obeso y por presentar trastornos respiratorios, pero ahora no estaba enfermo. Es lógico pensar que murió porque era anciano”, destacó el director del Zoológico, Guido Loza, horas después de que se confirmara la muerte del yaguareté.

Tenemos algo para ofrecerte

Con tu suscripción navegás sin límites, accedés a contenidos exclusivos y mucho más. ¡También podés sumar Los Andes Pass para ahorrar en cientos de comercios!

VER PROMOS DE SUSCRIPCIÓN

COMPARTIR NOTA