La historia del zoológico mendocino, en el parque General San Martín, se inscribe en una tradición mucho más antigua. Aunque existen registros de colecciones de animales en el antiguo Egipto hacia el 1500 a.C., fueron los zoológicos modernos surgidos en Europa durante el siglo XVIII los que inspiraron la creación de estos espacios como centros de exhibición, educación y recreación.
El zoológico de Mendoza y su evolución
Mendoza adoptó ese modelo en 1903, cuando inauguró su zoológico en el Cerro de la Gloria con la idea de acercar especies de distintas partes del mundo a una población que difícilmente podía conocerlas de otra manera. Durante más de un siglo, el predio reflejó esa visión de época. Sin embargo, los cambios en la forma de entender el bienestar animal llevaron a una profunda transformación y, tras permanecer cerrado durante una década, el antiguo zoológico reabrió gradualmente convertido en Ecoparque, dedicado a la conservación, el rescate de fauna y la educación ambiental.
El primer zoológico del que se tiene registro existió en Egipto hacia el 1500 a.C., aunque fue la "Casa Imperial de Fieras" de Viena, inaugurada en 1765, la que dio origen al concepto moderno de estos espacios. Durante décadas fueron considerados símbolos de progreso y educación, ya que permitían a la población conocer animales exóticos sin abandonar su ciudad. Bajo esa premisa, Mendoza inauguró su zoológico en 1903.
Los primeros ejemplares llegaron desde Buenos Aires y pronto comenzaron a sumarse nuevas especies gracias a donaciones de particulares. El 7 de diciembre de 1912, por ejemplo, Los Andes informaba: “Jardín Zoológico. El señor Ángel Marello ha dado un gallo fino”. Con el paso de los años, el predio se convirtió en uno de los paseos más populares de la provincia. Allí no solo se exhibían animales: también se realizaban actividades recreativas y espectáculos para niños.
Expansión y nacimientos notables
Durante la década de 1930 el zoológico experimentó una importante expansión. Llegaron jaguares, monos, zorros y aves provenientes de Chile, mientras que en 1935 nació por primera vez un león en Mendoza. El acontecimiento despertó gran interés porque la reproducción de estos animales en cautiverio era considerada extremadamente difícil. El diario Los Andes relataba en 1936: “Se empezó esta tarea con una pequeña leona que, después de ser amantada por la esposa de uno de los obreros del Zoológico, a fuerza de cuidados minuciosos ha sido posible criarla hasta la fecha en la que ya es un magnífico ejemplar”.
Pero junto a los éxitos también comenzaron las historias más curiosas y hasta trágicas. En 1941 se inauguró la recordada Fosa de los Leones y, con el correr de las décadas, el zoológico fue modernizando sus instalaciones. La llegada de un elefante llamado Gauchito, a fines de los años cincuenta, inauguró la época de mayor popularidad del paseo. Sin embargo, el enorme animal también protagonizó uno de sus episodios más recordados. Durante la noche del 8 de mayo de 1961 escapó de su recinto y provocó diversos destrozos antes de ser recapturado con ayuda de los bomberos.
Las fugas más insólitas
Las fugas no terminaron allí. En junio de 1967, un vecino que se encontraba en el autódromo observó un extraño animal caminando libremente por la zona. Sospechando que podía provenir del zoológico, dio aviso a las autoridades. Un cuidador acudió al lugar y, según relató Los Andes, intentó convencerlo con un simple: “Vamos, Rider”. El fugitivo era un oso hormiguero llegado desde Formosa, una especie difícil de conseguir y considerada poco común incluso entonces. Rider fue tomado del cuello y regresado a su celda.
Tres décadas más tarde, una nueva evasión tendría consecuencias dramáticas. El 5 de septiembre de 1994, Los Andes llevó a su portada la noticia: “Murió una de las jirafas del zoo”. El animal, un macho recién llegado desde Estados Unidos, había escapado de un recinto provisorio y cayó al foso de los leones. “Una de las dos jirafas recientemente incorporadas al zoológico de Mendoza murió al caer al foso de los leones durante la madrugada de la víspera”, informaba el diario. La muerte del ejemplar causó conmoción y empañó el entusiasmo que había generado su llegada. Su cuerpo estaba lleno de mordidas pero la muerte, aparentemente, fue ocasionada por la caída.
Reflexiones sobre el cautiverio animal
Hoy estas historias invitan a una reflexión distinta. Durante décadas, miles de mendocinos se maravillaron con animales llegados desde lugares remotos, pero las fugas, los accidentes y las muertes también expusieron las limitaciones de la vida en cautiverio. La tragedia de la jirafa en 1994 resume como pocas esa realidad: un animal que había despertado entusiasmo y admiración terminó muriendo de manera absurda pocos días después de su llegada. Detrás de la curiosidad y el entretenimiento, hubo muchas veces sufrimiento. Por eso, estas historias no sólo hablan del viejo zoológico de Mendoza, sino también de cómo cambió nuestra forma de entender y respetar a los animales.