martes 27 de octubre de 2020

Bianca espera a su dueña Eugenia que murió hace más de dos semanas. Claudio Gutiérrez / Los Andes
Sociedad

Eugenia murió hace 15 días y su perrita Bianca aún la espera: el origen de la historia de amor que trascendió Tunuyán

La mascota sigue con mirada triste y recorre el camino que hacía a diario con la mujer. Cómo se encontraron, sus historias y el relato de quienes las conocieron juntas.

Bianca espera a su dueña Eugenia que murió hace más de dos semanas. Claudio Gutiérrez / Los Andes

Trascender a la muerte es algo que muchos buscan durante toda la vida. Otros simplemente viven sin grandes pretensiones, de manera simple, y consiguen que su nombre y sus actos los sobrevivan.

La bondad y generosidad de Eugenia Franco, una querida vecina de Tunuyán que murió el pasado 16 de septiembre a los 81 años, se “materializaron” tras su deceso de una insólita manera: en la fidelidad inquebrantable de su compañera y amiga Bianca, una anciana perra callejera (aunque, alerta spoiler, tiene casa) que la espera todos los días en el negocio que la mujer atendía y la busca por las veredas que recorrían todas las mañanas.

La historia de Eugenia y Bianca salió de las latitudes del Valle de Uco para ocupar un lugar destacado en sitios de todo el país, incluso llegó a medios extranjeros. La publicación viral de Nerina Irrutia, una joven vecina de Tunuyán, se viralizó a la velocidad propia de las redes y atrapó a miles de usuarios. Una perrita de miraba triste espera a su amiga de manera estoica, sin saber que la mujer murió en su cama hace más de dos semanas. Ella, la perrita, respeta el ritual que las unió por años de manera precisa y constante.

La relación incondicional entre la señora Euge y la “pichicha” (antes de que alcanzara la “fama”, no todos conocían el nombre de Bianca) era algo que llamaba la atención a los vecinos de la librería y anexos, que no tiene nombre y que está ubicada Las Heras casi San Martín, en pleno centro tunuyanino. A ese comercio, con una puntualidad inglesa, llegaban todas las mañanas, a las 8, las protagonistas de esta historia.

La humana y el mamífero doméstico siempre andaban juntas y eran conocidas por todos en el centro del departamento. Aunque pocos conocían datos precisos. “Creo que la señora vive por allá y la perrita es de ella”, “Es de la calle el animal, la señora le da de comer, pero no sé dónde duerme, porque acá no se queda”, repetían comerciantes amigos.

Por esto, y por la particularidad pocas veces vista de tal demostración de fidelidad, Los Andes recorrió los pasos de Euge y Bianca para conocer a fondo su historia de amor.

Eugenia

Eugenia Franco falleció a las 81 años. Murió de un infarto mientras dormía. En sus manos tenía un libro, un hábito que había adquirido desde su juventud y que lo usaba de somnífero. No tuvo hijos pero siempre estuvo rodeada del amor de sus sobrinos.

Trabajo casi toda su vida adulta en la farmacia Española de Tunuyán, que ya no existe más. Allí se jubiló. Pero como “no podía quedarse quieta” decidió abrir su propio comercio a los 79 años de edad. Así inauguró la librería que aún mantiene operativa uno de sus sobrinos en calle Las Heras, casi esquina San Martín.

Eugenia vivía a dos cuadras de ese negocio, en el pasaje Italia. En ese domicilio, además de parte de su familia cercana, quedó Nino, su perro “oficial”. Un caniche al que la tristeza le emana desde su ruludo pelaje. “Él también la espera”.

Todos la describen como una señora muy ‘coqueta’ que siempre salía de su casa arreglada con una postura erguida y a paso rápido y firme. Su bondad no se limitaba a los animales. Quienes la conocieron la recuerdan con gran afecto. “El año pasado le festejamos los 80 años y lo tuvimos que hacer en un club de la cantidad de gente que fue”, contaron allegados.

En su negocio mostraba con orgullo dos objetos que certifican su compromiso con los suyos. Un homenaje a la “mejor tía del año” y un cartel que aún reza desde la vidriera: “El agua de Mendoza no se negocia”.

Eugenia Franco murió a los 81 años.

Bianca

Nadie puede precisar ni la edad ni el día exacto de la llegada de Bianca. Apareció un día en la puerta de la ex farmacia Española como todo perro callejero, que nadie sabe de dónde vino, pero tampoco nadie lo cuestiona.

Esto ocurrió al menos una década atrás. Desde ese instante, Eugenia y Bianca se hicieron inseparables. La mujer la alimentaba todos los días. Pero llevarla a su casa no era una opción. Por eso, Alejandra, la dueña “legal” de Bianca, le abrió las puertas de su casa para que durmiera. “Le tiene terror a las tormentas y a los cuetes”, asegura.

La farmacia cerró, Alejandra se mudó pero la relación no cambió. Bianca siguió durmiendo bajo techo en el nuevo domicilio de su dueña y durante la mañana iba al encuentro de Eugenia a su nuevo trabajo. Todo en un radio céntrico de unas 10 cuadras.

Bianca hoy, adentro del negocio. Gentileza Juan Irrutia

Eugenia y Bianca

Son casi las 8. Bianca sale de la casa de Alejandra, camina dos cuadras, cruza la avenida San Martín con un cuidado casi humano. Continúa hasta la esquina del pasaje Italia y se sienta.

En ese momento aparece Eugenia. Recorre 50 metros hasta la esquina y se junta con su amiga. Ambas caminan dos cuadras hasta la librería. La mujer trabaja hasta el mediodía. La perra va y viene durante sus horas de “ocio”.

12.45. La perra aguarda en la puerta del negocio. La mujer cierra y hacen el camino inverso. A las 16 y a las 20 se repite la secuencia, todos los días. “Bianca la acompañaba hasta la esquina y seguía su camino”, reconoce Mari, sobrina de Eugenia.

Bianca sin Eugenia

Miércoles 16 de septiembre. Bianca espera, Eugenia no aparece. La perra y su fiel amigo de cuatro patas y compañero de andanzas “cabezón” se preocupan y se van directamente al negocia de Eugenia. Las rejas están bajas, ambos animales rasguñan los hierros como pidiendo una explicación. Nadie les abre.

Hace más de 2 semanas que Eugenia murió pero Bianca no se resigna y parece que no lo hará. Todas las mañanas a las 8 pasa por la esquina del pasaje Italia y luego llega al comercio de su amiga. La perra mira hacia la esquina derecha, entiende que otra vez no llegará y sigue con su vida.

Es muy rutinaria. Tras hacer el recorrido que hacía con Eugenia, se va a visitar a su “abuelo”, padre de Patricia. El hombre la espera con algún panificado. Minutos más tarde entra por calle Roca al estacionamiento de la fiscalía del departamento, juega, recibe cariños y saludos y sigue.

12.45, en punto. Espera en la puerta del negocio para acompañar a Eugenia hasta su casa.