El Día del Científico Argentino llega con poco para festejar puertas adentro del sistema científico. Así lo dejó en claro Sophia Di Cataldo, veterinaria y doctora en Medicina de la Conservación del CONICET, quien en diálogo con Aconcagua Radio expuso un panorama tan crítico como sostenido en el tiempo. “Bastante complicado, así es… no se escuchan muchas cosas agradables para con nosotros”, resumió, con una mezcla de sinceridad y cansancio.
Lejos de cualquier relato optimista, la investigadora fue directa: “Me encantaría darte una buena noticia, pero la verdad que no. Yo creo que cada vez peor”. La falta de financiamiento ya no es un problema abstracto o burocrático, sino una limitación concreta que impacta en el día a día de los equipos de investigación. “Ya no hay ningún tipo de fondo. Al principio podíamos bancar nosotros con nuestro sueldo algún reactivo o alguna cosita, pero ahora ya no nos alcanza ni para llegar a fin de mes”, explicó.
En ese contexto, el funcionamiento de muchos institutos depende de estrategias que rozan lo insólito. “Estamos dependiendo mucho de donaciones externas… así estamos laburando, con donaciones”, contó Di Cataldo. Incluso relató prácticas que evidencian la precariedad: “Se hacen vaquitas entre los investigadores para poder pagar cosas como los residuos patológicos. Eso ya no tiene financiamiento y lo pagamos nosotros”.
El impacto no es solo económico, sino también científico. La imposibilidad de acceder a insumos básicos paraliza el desarrollo de nuevas investigaciones. “Empezar cosas nuevas es prácticamente imposible si necesitás comprar algo”, señaló. En su caso, la alternativa es reutilizar datos previos o colaborar con equipos del exterior: “Trabajo con las muestras que ya tengo, porque no puedo salir al campo ni comprar reactivos. Entonces las mando a otros institutos o analizo datos de otros grupos, tratando de no generar gastos”.
A pesar de todo, hay una motivación que persiste. “No paramos porque esto es una pasión, uno lo hace porque le encanta”, dijo. Aunque esa vocación convive con la incertidumbre laboral: “Es mucho de esperar a ver hasta cuánto aguantamos. Conozco muchísimos investigadores que se han ido”.
La fuga hacia el sector privado o directamente al exterior aparece como una salida frecuente, aunque no siempre posible. “Hay áreas donde podés irte a una empresa, pero en lo que hacemos nosotros no. Es investigación de base, y eso no genera un rédito inmediato. Por eso es clave que el Estado lo financie”, advirtió.
En paralelo a la crisis estructural, Di Cataldo continúa con su línea de trabajo, centrada en enfermedades zoonóticas, es decir, aquellas que se transmiten entre animales y humanos. Actualmente investiga patologías vinculadas a garrapatas y pulgas en la interacción entre zorros, perros y personas. “Estoy estudiando bacterias que pueden generar fiebre muy grave en humanos, incluso llevar a la muerte”, explicó, subrayando que muchas veces estos riesgos son desconocidos para la población.
En ese sentido, también abordó el avance de los animales silvestres sobre zonas urbanas, un fenómeno cada vez más visible. “La gente está avanzando sobre los espacios naturales, entonces los zorros se acercan más a las personas. Ahí empiezan los problemas y las enfermedades”, indicó. Y advirtió sobre una práctica común pero riesgosa: “Se están amansando, pero no domesticando. Es peligroso porque pueden transmitir enfermedades y además dependen de la comida que les da la gente”.
Sobre la gripe aviar, otro de los temas en agenda, confirmó que la situación es global: “Hay brotes muy grandes en Argentina y en el mundo. Está medianamente controlado, pero es cuestión de tiempo que se expanda más”. Por eso, insistió en medidas básicas de prevención: “No hay que acercarse ni tocar aves silvestres”.
Finalmente, aclaró una duda frecuente: la enfermedad de Lyme no está presente en el país. “La garrapata que la transmite no existe en Argentina”, explicó, aunque advirtió que sí circulan patologías similares: “Tenemos otras bacterias que generan cuadros parecidos, como la fiebre manchada”.
En un contexto donde la ciencia sobrevive más por vocación que por estructura, la voz de Di Cataldo deja una conclusión incómoda pero clara. “Alguien tiene que generar la información de base que después usan los privados. Sin eso, no hay desarrollo posible”. Mientras tanto, en los laboratorios, la investigación sigue. Como puede. Porque parece que el método científico ahora incluye cruzar los dedos y esperar donaciones.
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