En invierno, el frío, el viento y el uso intensivo de calefacción provocan sequedad, enrojecimiento e incluso reacciones más severas, como brotes de rosácea. ¿Cómo se puede proteger el rostro sin gastar una fortuna? Florencia Galdeano, médica dermatóloga, entrevistada por Aconcagua Radio, comienza con una observación clave:
“Como no hace calor, nuestra piel no transpira naturalmente y no se humidifica. Por eso, es muy importante ponerse más crema que lo habitual. Mucho más humectante en general”.
Esto no es menor para personas con piel sensible o con afecciones como dermatitis atópica, tanto en adultos como en niños. “En invierno, por el frío, a veces no se ponen crema y eso empeora la situación. Hay que humectarse incluso más que en verano”, advierte.
Higiene, hidratación y protección
Cuando se le pregunta por una rutina sencilla para quienes no tienen el hábito de cuidar su piel, la dermatóloga no duda: “Buena higiene, dos veces por día —mañana y noche—, hidratación y protector solar. Eso es lo básico”.
La limpieza puede hacerse con agua y jabón, pero también se puede usar agua micelar. Sin embargo, ella recomienda enjuagarla, incluso si el envase dice que no es necesario: “Tiene detergentes y a veces puede irritar si se deja. Algo de residuo queda siempre”.
En cuanto a los productos, aclara que no es indispensable gastar en cosmética de alta gama. “Siempre les digo a los pacientes que se rijan por esa base. Después uno puede sumar ácido hialurónico para más hidratación o vitamina C como antioxidante. Hay muchas opciones, pero con lo básico ya se puede tener buenos resultados sin hacer una gran inversión”.
Labios agrietados y alternativas económicas
Los labios suelen ser una de las zonas más afectadas en invierno. “Lo ideal es usar productos en base de ungüento, como cremas ultrahidratantes o vaselina. Incluso la vaselina sola es una buena alternativa, y es más económica”, explica la dermatóloga.
Esto cobra especial relevancia considerando que muchos productos dermatológicos tienen precios elevados. La buena noticia es que, si se respeta una rutina mínima, hay alternativas accesibles que cumplen muy bien su función.
El peligro del contraste térmico
El ingreso y egreso constante de ambientes calefaccionados también afecta a la piel, sobre todo en días de frío intenso. Ese contraste, según la especialista, “deshidrata más la piel, sobre todo si se usa aire acondicionado en modo calor, que seca el ambiente”. Y hay un grupo en particular al que este cambio brusco perjudica más: las personas con rosácea.
“La rosácea se manifiesta al principio como enrojecimiento en las mejillas —la típica carita colorada tipo gringo—, pero si se brota seguido puede aparecer con granos parecidos al acné. Y estos cambios de temperatura los hacen brotar”.
En esos casos, recomienda evitar el aire caliente directo sobre el rostro, como ocurre al encender la calefacción del auto, y tratar de mantener algo de ventilación: “Que el calor no sea sofocante. Pequeños detalles como abrir un poco la ventana pueden ayudar mucho”.
El protector solar también se usa en invierno
Mucha gente tiende a abandonar el protector solar durante el invierno, pero eso es un error, aunque comprensible. “Es verdad que los días son más cortos y el sol pega en un ángulo menos agresivo, pero sigue siendo necesario, sobre todo si se va a la nieve”.
La dermatóloga advierte que “la nieve actúa como una superficie refractiva. El sol no solo llega de arriba, sino que rebota. Lo mismo ocurre en el agua o la arena en verano. En esas tres superficies hay que ser especialmente cuidadoso con la fotoprotección”.
¿Cremas espesas o livianas?
La elección del tipo de crema —más o menos densa— no es un detalle menor. Depende fundamentalmente de la edad y del tipo de piel. “En edades jovencitas, sobre todo con tendencia al acné, hay que usar cremas más fluidas o en gel, que hidraten sin engrasar. Ya después de los 40 conviene usar cremas más espesas porque la piel pierde su seborrea natural”.
Usar un producto inadecuado puede empeorar cuadros como el acné o dejar la piel desprotegida. “No es indistinto: una adolescente con acné no puede usar una crema muy espesa, le va a empeorar la piel. Es un detalle importante a tener en cuenta”, remarca.
Tres pasos para empezar
Para quienes no tienen tiempo ni costumbre de cuidarse la piel, la profesional sugiere comenzar con algo muy simple y sostenido:
Higiene suave (agua y jabón o agua micelar, dos veces al día).
Hidratación con crema adecuada al tipo de piel y edad.
Protección solar todos los días, especialmente si se va a estar al aire libre.
En definitiva, no se trata de complicarse ni de gastar en productos de lujo. Con constancia y productos básicos pero bien elegidos, es posible proteger la piel incluso en los días más crudos del invierno.
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