8 de febrero de 2026 - 08:00

El mendocino que dejó el fútbol y trabaja en los edificios más emblemáticos de Australia

Nicolás Salinas jugó en Mendoza e incluso en Dinamarca, pero la constante búsqueda de desafíos lo llevó a tierras australianas, donde instala acondicionadores de aire.

Nicolás Salinas es un mendocino de 29 años, oriundo de la ciudad de Maipú, que hace un año y medio decidió emprender un nuevo camino en su vida. A mediados de 2024 tomó sus pertenencias, se despidió de sus seres queridos y partió rumbo a Europa para radicarse, en primera instancia, en Dinamarca.

Actualmente vive en Australia, donde reside desde hace seis meses. El primer tiempo lo pasó en un pueblo llamado Winton, y desde hace tres semanas se encuentra en Gold Coast, una región metropolitana ubicada al sur de Brisbane, sobre la costa este del país.

En medio de esta travesía también viajó un mes de vacaciones a Indonesia, recorrió Sídney —una de las principales ciudades de Australia— y pasó su primer mes en Brisbane, ciudad muy cercana a Gold Coast. “Fui conociendo distintos lugares mientras me iba adaptando a cada país”, aclara.

Trabajo y experiencia

Gran parte de su vida estuvo vinculada al fútbol, pero hoy su presente laboral es otro. En Australia trabaja como técnico en instalación de aires acondicionados en edificios. La empresa se llama Imperial Air. “Ahora estamos trabajando en un edificio de salud”, cuenta.

La experiencia no es nueva para él. “En Dinamarca también trabajé en esta área”, agrega.

Antes de ese trabajo, se desempeñó como ayudante de cocina en el restaurante de un hotel, en el pueblo de Winton. “Desde que llegué acá pasé por varios trabajos”, señala. Quienes trabajaban en ese hotel también vivían ahí, junto con personas de Latinoamérica —peruanos y argentinos precisamente—, además de australianos, neozelandeses e ingleses. “La convivencia era divertida en el día a día”, recuerda. Ese intercambio cotidiano con personas de distintas nacionalidades le permitió mejorar el idioma, adaptarse a otras costumbres y ampliar su mirada sobre la convivencia intercultural.

El fútbol, una etapa importante

Cuando vivía en Mendoza, Nicolás jugó al fútbol en Godoy Cruz, Gutiérrez, FADEP (Fundación Amigos por el Deporte) y Luján de Cuyo, desempeñándose como lateral derecho y volante por derecha. Sin embargo, por una decisión personal, hubo una etapa en Argentina en la que se alejó del deporte.

Fue poco antes de emprender su viaje al exterior, motivado por el deseo de conocer otros países, ciudades y culturas. Ya en Dinamarca, retomó el fútbol en el club Kalundborg. “Aproveché para conocer la ciudad y empezar de a poco en el país”, explica.

Sin embargo, reconoce que el fútbol ya no era su principal motivación: “Yo quería moverme, conocer distintas ciudades. El fútbol muchas veces te ata al lugar donde estás jugando y tenés muy poco tiempo para viajar, y eso era lo que yo quería”, remarca.

Nicolás jugando al fútbol en Luján de cuyo (Copa Mendoza)
Nicolás jugando al fútbol en Luján de cuyo (Copa Mendoza)

Nicolás jugando al fútbol en Luján de cuyo (Copa Mendoza)

Australia, un sueño personal

Durante gran parte de su vida soñó con vivir en Australia, un país que siempre admiró por “el estilo y la calidad de vida”, donde —según describe— “hay oportunidades para todos”.

Para Nicolás, lo más importante es “el crecimiento y la estabilidad” que ofrece el país. Pero, sobre todo, destaca: “Australia me permite trabajar, ahorrar y proyectarme a futuro”.

Nicolás en una heladeria movil en Sydney (Australia)
Nicolás en una heladería móvil en Sydney (Australia)

Nicolás en una heladería móvil en Sydney (Australia)

Antes de instalarse definitivamente allí, vivió un año en Dinamarca, un país que lo marcó profundamente. Se enamoró especialmente de Copenhague y de su cultura. Allí jugó media temporada en el club Kalundborg y, además, viajó por distintos países como Grecia, Italia, España e Indonesia, “solo por vacaciones”, aclara.

Actualmente vive en una casa en Gold Coast, donde convive con otros argentinos y un colombiano. Como parte de su rutina diaria, frecuenta la playa, ya que vive a solo diez minutos del mar.

“Entreno por la mañana y trabajo por la tarde, lo que me permite disfrutar mucho la mañana y el mediodía. En este país se aprovecha mucho el día”, subraya. Y destaca: “De todas las playas de Australia, donde estoy está en el top 3 de las mejores”.

Adaptación y vínculos

Sobre el proceso de adaptación, reconoce que fue rápido y positivo, en parte gracias a la convivencia con argentinos que lo ayudaron a entender cómo manejarse en un país nuevo. Sin embargo, admite que el choque cultural existe: “Muchas veces es difícil. Tanto australianos como daneses tienen culturas muy diferentes a Sudamérica”.

Lo más duro ha sido la distancia con sus seres queridos. Su familia en Argentina es muy unida. Nicolás es el segundo menor de seis hermanos. Una de sus hermanas, Carla, vive en Granada (España) y espera una hija para mayo. Sus padres, su hermano Franco y sus hermanas Julieta, Marianela y Ana Laura permanecen en Argentina. “Mi vínculo cercano acá es un poco pequeño, porque al viajar constantemente uno va conociendo gente nueva todo el tiempo. Las reuniones con mi gente más cercana, tanto familia como amigos, es lo que más se extraña cuando empezás a mirar desde afuera”, reflexiona.

Nicolás dentro de un museo de dinosaurios en un pueblo de Australia, Winton.
Nicolás dentro de un museo de dinosaurios en un pueblo de Australia, Winton.

Nicolás dentro de un museo de dinosaurios en un pueblo de Australia, Winton.

Idioma, cultura y mirada sobre Argentina

Si bien no tiene un inglés fluido, asegura que puede comunicarse sin problemas. “Tengo un inglés funcional para comunicarme y entender lo que me piden. Además, sigo estudiando con una profesora de manera online”, explica.

Desde el exterior, su mirada sobre Argentina es clara: “el país siempre tiene altibajos económicos. Si bien hay gente a la que le va bien, la clase media es la que más lo sufre”. Sin embargo, destaca que ver crecer y progresar a su familia y amigos es lo que más lo reconforta.

Diferencias y similitudes culturales

Entre Argentina y Australia encuentra similitudes en la vida al aire libre, el campo y la cultura de la carne. Aclara que allí no existe la costumbre del asado como tal; sin embargo, “comen carne en platos gourmet y tienen mucha variedad porque, al ser un país muy grande, cuentan con especies diferentes”, señala. Pero también marca grandes diferencias: “Acá la gente confía en el sistema, respeta las leyes y es muy prolija en hacer las cosas”. Subraya, además, que los australianos son muy puntuales en el trabajo y en otras actividades. En contraste, sostiene que en Argentina “después de tantos malos años uno duda cada vez más de la parte institucional”.

También destaca el aspecto económico: “Australia tiene uno de los sueldos básicos más altos del mundo, y eso marca una diferencia enorme en el estilo de vida”. “Una vez que te adaptás y conseguís mejores trabajos, sea cual sea tu profesión, el camino para llegar a tus objetivos es mucho más fácil”, afirma.

Nicolás en la playa Snapper Rocks (Gold Coast - Australia)
Nicolás en la playa Snapper Rocks (Gold Coast - Australia)

Nicolás en la playa Snapper Rocks (Gold Coast - Australia)

Proyección personal

Aunque no descarta volver algún día a la Argentina —“porque allá están todos los míos”—, también reconoce que desde su experiencia en Dinamarca se sintió muy identificado con ese país y su estilo de vida, por lo que no descarta vivir allí en el futuro.

En Australia, su hobby sigue siendo el deporte. Actualmente entrena crossfit y comenzó a aprender surf, impulsado por la cultura de playa del país. “Siempre me gustó aprender deportes nuevos”, señala.

Nicolás en el Zoologico Brisbane, en Australia.
Nicolás en el Zoologico Brisbane, en Australia.

Nicolás en el Zoologico Brisbane, en Australia.

También destaca la biodiversidad australiana: “Los animales acá son una locura”, dice, y menciona aves autóctonas como la brolga, una grulla australiana, además de la frecuente presencia de tiburones en zonas costeras.

Uno de sus grandes proyectos para este año es seguir creciendo a nivel personal. Y concluye con una reflexión que resume su experiencia: “Conocer personas de diferentes países me permitió abrir la mente, entender otras realidades y reflexionar más sobre quién soy y hacia dónde quiero ir". De tal manera que, para Nicolás, este camino no se trata solo de destinos, sino de procesos personales que lo transforman y lo preparan para nuevos desafíos.

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