El guardián del Frank Romero Day que conoce cada secreto del teatro y asegura que hay visitas del “más allá”

Néstor Fabián Roca lleva trabajando 28 ediciones de Vendimia, la mitad de ellas como guardián y cuidador del lugar que sabe albergar a miles de espectadores. Asegura que, en medio de la soledad, muchas veces divisa “sombras” que, según él, protegen al anfiteatro. También asegura que oye ruidos. Su historia.

Vendimia 2024
Nestor Roca, hace 28 años que es encagado del Teatro Griego Frank Romero Day 

Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
Vendimia 2024 Nestor Roca, hace 28 años que es encagado del Teatro Griego Frank Romero Day Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

Su historia como encargado general del Teatro Frank Romero Day bien podría asociarse con la conocida frase: “Tanto va el cántaro a la fuente…”.

Es que, mucho antes de cumplir su actual de cuidador, desde hace 12 años, Néstor Fabián Roca se había convertido en la mano derecha del entonces encargado, don Mariano Angélica, ya jubilado.

Era muy joven cuando su madre, costurera y encargada del vestuario de la fiesta durante años, le presentó “el mundo de la Vendimia” y nunca más se alejó.

Fue entonces cuando comenzó a cumplir un horario. Era, según dicen, el ayudante perfecto y cumplía a la perfección todo tipo de tareas de mantenimiento que iba aprendiendo sobre la marcha.

No por casualidad, entonces, fue el sucesor natural de su jefe, un cargo que cumple con mucho orgullo. Todo eso llevó a Néstor a sentir al anfiteatro como suyo. Asegura, en diálogo con Los Andes, que lo siente como parte de su vida y así espera continuar hasta el final de sus días.

No hay horarios para este hombre que nació en el departamento de Las Heras el 2 de mayo de 1966. Excepto, claro, los domingos, aunque cuando se acerca la Vendimia ni siquiera ese día tiene –ni quiere- descanso.

“Soy un privilegiado porque amo lo que hago y, afortunadamente, se me escucha y tengo cierto poder de decisión. De algún modo todos saben que soy la única persona que conoce cada secreto y cada rincón del lugar”, advierte, mientras informa que el teatro griego, con capacidad para albergar a más de 20.000 personas sentadas en una superficie total de 900 m2 y 120 metros de boca escénica, depende del área de Cultura de la provincia de Mendoza.

Así las cosas, Néstor, que tuvo dos hijos, uno de ellos fallecido y ambos muy ligados, en su momento a la Fiesta Nacional que reúne a visitante del país y del mundo, es el encargado de reparar desde un cuerito de los surtidores a los tableros que proporcionan energía eléctrica a todo el teatro. Esto último, dice, algo clave para llevar a cabo la celebración.

“En definitiva, debo saber de todo un poco y hacerlo a consciencia y con responsabilidad”, aclara, para enumerar otras tareas que cumple: soldador, albañil, carpintero y también encargado de la limpieza durante los meses del invierno.

Néstor acude al teatro a cada rato y jamás se fija en el horario, porque, insiste, él se siente como en su casa y cuando lo llaman, allí debe estar como un soldado. Conoce cada manguera, cada perilla, cada butaca con una certeza que asombra.

“Arreglos, se deben hacer en forma permanente porque siempre algo se rompe o hay que ajustar. Justamente las mangueras son los elementos que más sufren porque llevan muchos años enterradas bajo suelo. Por suerte, poco a poco se están reemplazando”, sostiene.

Cuando llueve, señala, se producen sus mayores dolores de cabeza ya que se acumula gran cantidad de agua sucia y debe encargarse de limpiar las acequias repletas de barrio y suciedad que arrastra el líquido.

Es, acaso, uno de los momentos más sacrificado,s sobre todo durante los días de temperaturas rigurosas de heladas o sol abrasivo..

“Se está trabajando a consciencia con lo que es electricidad y se van a modernizar algunos tableros que han quedado obsoletos, además de los cables que ya llevan también muchísimos años”, expone.

Cada tanto, entre las muchas mejoras que encara el gobierno, se reponen las gradas, se realizan tareas de pintura, se cambian las placas de durlock y en este momento se están modernizando los baños. Esto último está en pleno proceso.

Vuelve al pasado y valora a su madre que lo llevó por esa senda. Recuerda que le dijo: “Yo te muestro este mundo; si te gusta, seguís”. Incluso, en una época trabajaron las tres generaciones para esta particular celebración mendocina: su madre Alicia; él y sus hijos César, que falleció hace poco, y Jesús, quien también suele hacer trabajos de electricidad.

“Y nunca me alejé. Estoy orgulloso, sobre todo porque empecé barriendo gradas hasta conocer todos y cada uno de los rincones. Mariano me observaba y supo que me apasionaba. No se equivocó, creo que para hacer este trabajo a uno debe gustarle, no es para cualquiera”, reflexiona.

Anécdotas, según dice, atesora a montones a lo largo de los años. En especial valora el hecho de conocer muchísima gente entre el personal, los visitantes, turistas, espectadores y, por supuesto, el propio staff de actores, bailarines, maquilladores, vestuaristas y el sinfín de rubros que se desempeña en cada edición.

Ruidos y sombras en medio de la soledad

Sin embargo, en la más absoluta soledad y a veces en el subsuelo, Néstor suele estremecerse con algunos misterios del más allá. Al menos así lo siente él, y lo explica de esta manera:

Lo mejor de todo son los guardianes que cuidan el teatro. Yo los llamo así, sombras que se ven, que ingresan a los camarines, o ruidos que se sienten en medio del silencio. Algo hay, lo siento cuando estoy solo y es muy fuerte”, explica.

El orgullo que siente por pertenecer al teatro es evidente y lo detalla en cada una de sus palabras.

“En esta época –relata-- superviso todo menos las estructuras. Lo demás, todo. Desde la limpieza, la guardia, los ingresos de materiales, todo lo relacionado a la limpieza de calles, mantenimiento, contactos con Vialidad, un área fundamental si se tiene en cuenta que a veces, cuando llueve, las calles se vuelven intransitables. Me encargo de todo y me satisface decirlo”, advierte.

“La verdad –concluye, convencido-- es que sería bueno que la gente, especialmente el mendocino, sienta al teatro como algo propio. Creo que es un poco de todos y tenemos que tomar consciencia, hablar más del teatro, difundir su invalorable misión”.

“A mi nieta Bianca –confiesa—suelo traerla y contarle todas las historias de este lugar tan maravilloso y al que siento mío. Por eso, a sus seis años ya conoce gran parte de lo que sucede aquí y no se quiere perder la fiesta. Yo sueño con que ella también pueda, el día de mañana, aportar algo al mundo de la vendimia como lo hemos hecho nosotros en la familia”.

Néstor tiene otro sueño y lo confiesa: “Qué hermoso sería que se postule algún día para convertirse en nuestra reina”.

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