22 de mayo de 2025 - 18:00

"El gas llegó 20 años después, pero llegó": el desafío de calefaccionarse en Malargüe, en Aconcagua Radio

Alberto Albino, dueño de un ecoalojamiento, cuenta cómo se calefaccionaban y reflexiona sobre las políticas que mantienen al sur mendocino sin gasoducto propio.

A más de 1.400 metros sobre el nivel del mar, en el Sur mendocino, las bajas temperaturas de Malargüe ya empezaron a sentirse. Alberto Albino, quien hace 23 años se mudó desde Cruz de Piedra a Malargüe, hoy lleva adelante un proyecto turístico sustentable llamado Eco Malargüe y recibió la conexión de gas dos décadas después de lo prometido.

“Cuando nos fuimos a vivir a Malargüe, nos dijeron que en diez días llegaba el gas. Tardó apenas veinte años, pero bueno... llegó”, contó con ironía Albino en una entrevista con Aconcagua Radio.

Hasta hace muy poco, su sistema de calefacción se basaba en el uso de leña, especialmente con estufas rusas, un tipo de calefactor que permite aprovechar al máximo el poder calorífico de la madera. “La estufa rusa tiene varias cámaras de combustión, entonces aprovecha casi el 90% del poder calorífico de la leña. Aunque dejes de ponerle leña, sigue largando calor durante cinco o seis horas gracias a los ladrillos refractarios con los que está hecha”, explicó.

Este tipo de tecnología no sólo permite un ahorro económico significativo, sino que también tiene un menor impacto ambiental. “No hace falta usar leñas duras como el algarrobo o el caldén. Se puede usar leña blanda, incluso ramas de poda, lo que ayuda a cuidar los bosques nativos y a reducir el impacto ecológico”, detalló.

La paradoja de Malargüe

A pesar de que Malargüe es uno de los principales productores de gas y petróleo de Mendoza, la paradoja es que sus vecinos no cuentan con un gasoducto tradicional. “Tenemos lo que se llama un gasoducto virtual. El gas viene en camión desde Bahía Blanca, es importado, y se reparte en la comunidad. Es una locura que nuestro gas se vaya a Neuquén y nosotros usemos gas que viene desde más de mil kilómetros”, denunció Albino.

Según explicó, se está pidiendo con fuerza la construcción del gasoducto Papagayos–Malargüe, lo que permitiría una conexión directa. “Con lo que se gasta en fletes y en gas importado, en un año se paga la obra. Pero son decisiones políticas que están muy lejos de los vecinos”, lamentó.

A la hora de hablar de consumos, Alberto sabe que el cambio no implicará necesariamente un gasto mayor. “Siempre intentamos consumir lo menos posible. En el Eco Malargüe tenemos calefacción eléctrica, solar, gas y también leña. Tenés que tener todo previsto porque si se corta la luz —lo que pasa seguido— te quedás sin bombas de agua y sin calefacción. Una nevada fuerte puede dejarte aislado”.

Además de un servicio de alojamiento, Eco Malargüe es un emprendimiento que promueve el turismo sustentable. “Secamos la ropa blanca al sol, no planchamos, usamos energías alternativas y tenemos biodigestores para el tratamiento de aguas negras y grises. Apostamos a la economía circular, trabajamos con los vecinos y tratamos de generar el menor impacto posible”, explicó.

Durante el invierno, la calefacción es una preocupación constante para toda la comunidad. “La mayoría de los vecinos se calefacciona con leña, y cada año, cuando llega el frío, se empieza a juntar material de poda. También se usan garrafas de 10 kilos, pero no es suficiente para las temperaturas que tenemos”, contó.

Y no exagera: Malargüe suele figurar como el lugar más frío del país en los reportes meteorológicos. “Hemos llegado a tener -22 grados. Las cañerías se congelan incluso cuando las enterrás a un metro de profundidad”, aseguró. La amplitud térmica es otra característica del clima local. “Podés tener -10 grados a las 8 de la mañana y 15 grados al mediodía. El cambio es tremendo”.

En este contexto, cada innovación cuenta. Además de la estufa rusa, Albino mencionó otras tecnologías alternativas como la estufa Rocket, que también permite un uso eficiente de la leña. “Se llama así porque al encenderla produce un sonido como de cohete. Hay una versión para cocinar al aire libre y otra para calefaccionar ambientes, parecida a la rusa pero con otro principio de funcionamiento. Son estufas que cualquier persona puede construir, y que realmente optimizan el recurso”.

Mientras tanto, y con décadas de experiencia acumulada, Alberto se las arregla cada invierno para no pasar frío, sin depender exclusivamente de un sistema. “En Malargüe, uno tiene que estar preparado para todo. Si se corta la luz, si se corta el gas, si nieva. Hay que tener plan A, B, C y hasta D”, concluyó con humor.

Con su apuesta por la sustentabilidad y el esfuerzo de vivir en uno de los climas más exigentes del país, Albino se ha convertido en un ejemplo de cómo la autogestión, la creatividad y la conciencia ambiental pueden transformar no solo un hogar, sino también una comunidad.

Escuchá la nota completa acá y podés escuchar la radio en vivo en www.aconcaguaradio.com

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