El arzobispo de Mendoza y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Marcelo Colombo, celebró la misa de medianoche, la primera de este 7 de agosto, Día de San Cayetano, en el santuario de Orfila, en Junín, pidiendo “ solidaridad y empatía (…) a la comunidad y a también a los gobernantes” con quienes menos tienen.
Colombo, celebrando esta misa de medianoche, rompió así con la tradición de Orfila, que acostumbraba a que el jefe de la iglesia mendocina celebrara la última misa después de la procesión de antorchas. Y esto tiene una razón práctica: el arzobispo tuvo que viajar a Buenos Aires en el primer vuelo de la mañana, a las 6, para cumplir con obligaciones que le impone su cargo de presidente de la Conferencia Episcopal.
La Iglesia de Orfila lució totalmente repleta a pesar de las bajas temperaturas, tanto que las puertas debieron quedar abiertas para que los files que no consiguieron ingresar pudieran participar.
Haciendo referencia al Evangelio del día, la parábola del buen samaritano, Colombo aprovechó para pedir “solidaridad y empatía” a la comunidad y, “a los gobernantes” como parte de ella y a favor de los sectores más vulnerables.
En gran parte del sermón, se refirió en forma más o menos directa a los tiempos actuales.
“Tenemos un Dios que nos ama, que no nos trata mal, que nos elige, que nos da un hermoso mensaje en tiempos de tanta violencia verbal, de tanta agresividad”, dijo.
Calificó la parábola del buen samaritano como “símbolo de la bondad universal” y la resaltó porque “hay que hacerse cargo del dolor del caído, del abandonado”, e invitó a reflexionar “sobre la bondad de que habita en el corazón de todos los hombres, que es previa a todo lo demás”.
Colombo pidió “la solidaridad ente vecino, frente a las desigualdades” y ejemplificó esto haciendo referencia “al precio de los medicamentos, al precio de los alimentos, es indispensable esa solidaridad con quien no pueden acceder a esto”.
Recordó que “San Cayetano supo hacerse cargo del dolor por profundas desigualdades de su época”, y recordó que en Argentina “en los 70s hubo una corriente de solidaria muy grande y, en lugar de llevarle velas o flores a San Cayetano, se comenzó a llevar alimentos y ropa para entregarla a los más necesitados”
El jefe de la iglesia mendocina dijo que “hay una responsabilidad social en los cristianos, la justicia social es una verdadera conquista de la comunidad y hay que tener empatía ponerse en el lugar del otro” y resaltó: “No nos achiquemos”.