- "Mami, ¿por qué tenemos que pasar por tanto sufrimiento?"
Con 6 años, Exequiel enfrenta un complejo tratamiento por un tumor cerebral. Su mamá necesita ayuda para viajar al Hospital Garrahan y continuar los controles.
- "Mami, ¿por qué tenemos que pasar por tanto sufrimiento?"
Con el barbijo cubriendo su boca -y casi la mitad de su cara-, Exequiel Bazán (6) miró a su mamá y lanzó esa pregunta que, evidentemente, venía masticando desde hacía años. Él y su mamá. Luján Bazán (33) regresaban en avión desde Buenos Aires a Mendoza (viajar en avión es casi un lujo para ellos, y pudieron hacerlo gracias a la solidaridad de los mendocinos).
El niño fue diagnosticado en abril de 2023 con un tumor versus displasia en su cabeza. Aunque es benigno, se encuentra pegado a su cerebro; por lo que reviste riesgo crítico para Exe. De hecho, el niño ya tiene 38 puntos en su cabeza, como consecuencia de las operaciones a las que ha sido sometido.
Los viajes a Buenos Aires son una constante para Exe y su mamá. Porque el pequeño está completando un tratamiento en el hospital Garrahan, y debe viajar cada dos meses para el seguimiento. Mañana, miércoles 5 de agosto, madre e hijo deben viajar de nuevo a Buenos Aires para una nueva consulta en el hospital pediátrico. Pero no han logrado reunir el dinero para los pasajes todavía.
"Tenemos turno el jueves a las 10, por lo que tenemos que llegar el miércoles. Apenas he podido hablar con la pensión a la que vamos siempre, para que nos guarden la pieza. Pero no tenemos nada de plata, estamos haciendo todo lo posible para poder llegar", cuenta Luján a Los Andes.
Quienes puedan o quieran colaborar con Exe para que pueda viajar al Garrahan y seguir con su tratamiento, pueden colaborar con transferencias al alias de Mercado Pago: mendoza.exe.
"Cuando mi hijo me preguntó por qué teníamos que pasar por tanto sufrimiento, sólo lo miré, le agarré la mano y se me cayeron las lágrimas", recapitula la mujer, regresando a aquella pregunta que hizo Exe arriba del avión.
La historia de Exequiel y su salud comenzó en abril de 2022. Fue entonces que el pequeño, que tenía apenas un año y medio, sufrió sus primeras convulsiones.
Según cuenta su mamá, lo internaron en el Hospital Notti y los primeros estudios parecían tranquilizadores. De hecho, los médicos le dijeron que no había nada grave y recomendaron una resonancia magnética. Pero el resonador del hospital estaba fuera de servicio.
Sin perder tiempo, Luján y su mamá (viven juntas) reunieron dinero para hacerle el estudio a Exe de manera particular, en un hospital privado. A los días llegaron los resultados y volvió la tranquilidad para la familia. O, al menos, eso parecía.
"Nos dijeron que era solamente una mancha, que no era nada importante; pero que teníamos que seguir con los controles", recuerda Luján.
Durante meses convivieron con esa explicación, hasta que una nueva resonancia, a fines de noviembre de ese mismo año (2022), cambió todo.
"Allí nos dijeron que era un tumor en la cabeza y que había que internarlo. Nos derivaron a un neurocirujano que nos dijo que mi hijo no iba a tener más que convulsiones, pero que se podía controlar con medicamentos", recapitula.
Pero los meses siguientes tampoco trajeron alivio. En marzo de 2023, Exe comenzó con vómitos constantes y aparecieron nuevos síntomas. El pequeño casi no podía comer, por lo que volvió a ser internado en el Notti. Y Luján sentía que necesitaban otra opinión médica.
"Yo pedía que me derivaran al Garrahan, pero no me la querían dar desde el hospital. Entonces me lo llevé igual", cuenta Luján.
El 24 de abril de 2023 fue la primera consulta en el prestigioso hospital pediátrico porteño, y -según palabras de la mamá- prácticamente tuvieron que empezar desde cero.
"La historia clínica que llevaba desde Mendoza no les servía y hubo que repetir todos los estudios", cuenta.
Tras repetir todos los estudios, el diagnóstico fue contundente. Exequiel tenía un "tumor versus displasia", una lesión benigna, pero ubicada en una zona extremadamente delicada (pegada al cerebro).
Desde entonces, Exequiel ya atravesó dos cirugías en su cabeza, aquellas que le dejaron los 38 puntos de sutura. Además, convive con secuelas que afectan parte de su cuerpo; como por ejemplo adormecimiento de la mitad del cuerpo.
Aunque ya le lograron extirpar gran parte del tumor, hay una parte que no han podido retirar, dado que está muy pegada al cerebro.
La buena noticia, dentro de un panorama complejo, es que el tumor no volvió a crecer. Y para mantenerlo bajo control resulta fundamental poder seguir con el tratamiento.
Mientras otros chicos de su edad juegan, corren o pasan horas en una plaza, Exequiel debe medir cada esfuerzo. No puede hacer deportes ni realizar demasiada actividad física.
"A lo sumo corre diez minutos. Después tiene que parar", cuenta su mamá, quien agrega que el niño tampoco puede jugar con tierra, dado que las defensas bajas aumentan el riesgo de infecciones.
Incluso, tampoco asiste a la escuela (por ahora). Aunque su mamá está tramitando la modalidad de maestra domiciliaria para que pueda continuar aprendiendo sin poner en riesgo su salud.
Cada dos meses ambos deben viajar al Garrahan para controles, estudios o tratamientos. En junio recibió quimioterapia y ahora los especialistas deberán analizar la última resonancia realizada en Mendoza para definir cómo continuará el tratamiento.
La enfermedad de Exequiel no es el único desafío que enfrenta Luján, aunque sí es el que hoy la lleva a mover cielo y tierra. Además de Exe, Luján cría sola a otros tres hijos, entre ellos una niña con autismo.
No puede tener un trabajo fijo porque necesita estar permanentemente al cuidado de sus hijos. Y, aunque estudió para chef y también se formó como árbitra, actualmente sobrevive vendiendo ropa usada, calzado y cualquier cosa que familiares o conocidos le acercan para ofrecer.
"A veces vendo algo y puedo seguir. Otras veces no entra nada", se sincera.
Como si con esto no fuese suficiente peregrinar ya, la historia personal de Luján también está atravesada por situaciones muy difíciles. Fue víctima de abuso sexual y de violencia de género, y -hasta que se fue a vivir con su madre- debió hacerle frente en soledad a las deudas que quedaron en el complejo donde vivía junto a quien era su pareja.
Actualmente, Luján Bazán vive con su mamá y sus hijos. Logró salir de la depresión en que entró tras las rupturas y las deudas, hizo de la resiliencia una forma de vida y hoy son Exequiel y los hermanos del niño quienes la motivan a seguir y a no bajar los brazos.