Jorge Lencinas y Claudia Gordillo se casaron en 1992.
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"Ahí empezamos a salir. Siempre le dijimos a Dios que nunca nos íbamos a olvidar de lo que era cuidar chicos. Creo que desde entonces Dios nos firmó un cheque en blanco", cuenta Jorge, sonriendo.
En 1992 se casaron y, a raíz de una intervención quirúrgica, Jorge ya sabía que no podría tener hijos biológicos. La pareja nunca había hablado demasiado del tema, hasta que un día salió el tema y cayeron en la cuenta de que querían ser padres.
Rocío, Catriel y la historia de los "gemelos"
Fue en 1996 que iniciaron los trámites para inscribirse en el registro de adopción. Y así llegó la primera hija, Rocío, quien abrió la puerta a la megafamilia y quien, sin saberlo, terminaría de cambiar para siempre el rumbo de la familia.
La niña tenía apenas cinco meses cuando llegó a la familia (ya cumplió los 30), y -de repente- Jorge y Claudia se encontraron a sí mismos siendo padres. Claro que eso sería apenas el comienzo.
Cuando Rocío tenía 8 años, y ya sabía que era adoptada, les pidió a sus padres un hermanito. El matrimonio sabía que no era una meta simple, sumado a los tiempos judiciales y la burocracia que suele acompañar a estos procesos. Entonces, como quien no quiere la cosa, se encontraron con una realidad que desconocían y referida a la gran cantidad "chicos grandes" esperando una familia.
Jorge, Claudia y su primera hija, Rocío.
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"Nos explicaron que había posibilidades de adoptar niños mayores. Lo hablamos en familia, entre los tres, y decidimos darle para adelante", rememora Jorge.
Así fue como, también mediante un proceso de adopción, llegó Catriel a la familia en 2004. Tenía 8 años y, curiosamente, él y Rocío se llevan apenas ocho días de diferencia.
"Ella parece alemana, es rubia. Y él es 'negrazo negrazo'. Pero iban por todos lados diciendo que eran gemelos", recuerda Jorge, siempre con una sonrisa en su rostro. El 18 (ella) y el 26 (él) de julio cumplieron 30 años.
El niño que lloraba para no dejar la familia
En 2006, el matrimonio recibió otro llamado. En un hogar institucional convivía un chico de 6 años que atravesaba una profunda depresión, a tal punto de que no comía.
Conociendo el perfil de familia de guarda, desde la institución les pidieron a Jorge y a Claudia si podían sacarlo a pasear para estimularlo. Así fue como la familia conoció a Alan, a quien durante semanas lo pasaban a buscar todos los días y compartían momentos de alegría y calor familiar.
La familia de Unquillo que adoptó a 10 hijos y una nieta.
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Pero un día Jorge ya no soportó más el momento de despedirse.
"Le dije a la directora que no lo iba a bajar más del auto cuando volviéramos. Me destrozaba verlo llorar", recapitula el hombre.
Entonces, desde el juzgado llegó una alternativa para no volver a atravesar ese traumático momento. Una vez más los Lencinas Gordillo se encontraron cara a cara con una propuesta concreta de avanzar con la adopción. Y Alan pasó a ser un hijo y un hermano más.
Los hermanos sean unidos
No habían pasado ni dos meses de la llegada de Alan a la familia cuando, una vez más, la Justicia llegó con novedades. Al matrimonio le comunicaron que el pequeño tenía una hermanita de 1 año. No solo ello, sino que la condición para adoptar a Alan era adoptar a la beba también.
Para Jorge y Claudia nunca hubo dudas, por lo que Luz (hermana biológica de Alan) llegó a la familia, y la vinculación entre ambos jamás se interrumpió, lo que les permitió crecer juntos y compartir.
Aunque por entonces no lo sabía, lejos estaba de cerrarse el grupo familiar de esta familia unquillense.
Donde comen 2, comen 12: la increíble historia del matrimonio que adoptó 10 hijos y formó una hermosa familia
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Jorge trabajaba entonces en el sistema correccional de menores de Córdoba. En un viaje para trasladar a uno de los chicos al interior de Córdoba se encontró con una nueva historia inesperada.
Llegó a un juzgado, ingresó y preguntó por la jueza. "A usted lo mandó alguien del cielo" le respondieron una psicóloga y asistente social. Las profesionales sabían que él era el padre adoptivo de Rocío, y precisamente en esa dependencia se estaba tramitando la situación de Celeste, una adolescente de 13 años y quien -casualmente- era la hermana biológica de Rocío, la primera de las hijas del matrimonio.
Una vez más, sin pensarlo dos veces, Jorge y Claudia iniciaron la vinculación entre las dos chicas, viajando periódicamente a esta pequeña ciudad del interior cordobés. Fue cuestión de tiempo para que Celeste se mudará a vivir a Unquillo con su hermana y su nueva familia. Pero, por supuesto, no terminó todo ahí.
Por medio de los vínculos laborales de Lencinas, sumado a que su historia ya era conocida en todo el pueblo, un día recibió un nuevo llamado. Allí le contaron de Jésica, una joven cordobesa de 20 años, con un retraso madurativo y que acababa de llegar desde San Juan con un hijo de 5 meses. Su situación también estaba judicializada, y Jésica era la hermana biológica de Catriel, el segundo hijo adoptivo de Jorge y Claudia, el "gemelo" de Rocío.
Si bien el pedido era por un acompañamiento a Jésica, la joven madre no tardó en irse a vivir con su hermano biológico y su familia del corazón.
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"No sólo que Jésica se quedó en casa con nosotros y fuimos uno más, sino que pasamos tener a nuestro primer nieto, a quien Jésica le puso de nombre Catriel, como su hermano. El 'Catrielito'", repasa Lencinas
El corazón no es grande, es enorme
El paso de los años y el destino siguieron ampliando la familia. Ya en 2013, mientras estaba en el trabajo, a Jorge Lencinas le contaron que había fallecido la mamá adoptiva de una niña de nueve años. La suerte de la chica parecía estar echada: debería regresar a un hogar de niños y niñas.
Todo ocurrió en la víspera del feriado de Carnaval de ese año, por lo que Jorge y Claudia se ofrecieron a recibirla en casa por ese fin de semana XXL. Pasó ese fin de semana, y Tiziana -el nombre de la niña- no quiso irse, ni tampoco sus flamantes padres y hermanos quisieron que se vaya.
Los siete hermanos adoptivos (entre ellos, seis que conformaban tres parejas de hermanos biológicos, además), el matrimonio y el pequeño nieto crecían y disfrutaban del calor de un hogar. Además, colaboraba en un hogar comunitario que estaba a cargo del cura del pueblo.
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Cuando este religioso falleció, la institución quedó a la deriva, Y Rosa, una niña de 9 años que vivía en la Casa del Pare Aguilera, quedó en la calle. Por ello los Lencinas Gordillo la recibieron hasta tanto apareciera otra familia. Esa familia nunca llegó, y Rosa también encontró su lugar en esa familia de Unquillo.
Siempre queda un lugar
La familia ya era enorme y, si algo abundaba, era amor y contención. Pero Jorge y Claudia nunca dejaron de visitar y colaborar con hogares de niños. "Lo hacemos para tratar de devolver un poco de todo lo que nos ha dado la vida", explica Jorge.
Así fue como, también durante un traslado laboral al interior de Córdoba -en 2016-, Jorge llegó hasta otro hogar de menores. Allí se encontró con Gael, un niño de 5 años que estaba permanentemente peleándose con sus compañeros (él era el más pequeño de la institución). En una de esas visitas conocieron a Gael.
"Le dije al encargado si quería que nos llevásemos a Gael de vacaciones, el juzgado nos autorizó y salimos. Pasó enero, después febrero, después marzo; pero Gael nunca regresó al hogar. Y hace 10 años vive con nosotros", sigue.
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El último hijo adoptivo que llegó a la familia fue Alexis. Una vez que se cerró la adopción de Gael, desde la Justicia informaron a la familia que Gael tenía otros cuatro hermanos y que habían salido en adopción, pero que seguían mantenían un vínculo entre ellos.
"Nos llamaron para contarnos que el papá biológico de Alexis no podía contenerlo más. Alexis tenía 13 años y nos consultaron si lo podíamos juntar con Gael, su hermano biológico. Así llegó Alexis a casa con 13 años, y este año cumple 18", completa el hombre. Fue el décimo hermano que se sumó a la familia, y el niño número 11 si se cuenta a "Catrielito" como uno de los niños que encontró un hogar y familia.
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Jorge Lencinas y Claudia Gordillo escribieron su propio libro sobre familia y adopción. "Cuando elige el corazón" es el título de esta obra donde cuentan su historia y que contó con la ayuda de un sacerdote amigo del matrimonio, quien ya falleció, pero fue un guía espiritual para ambos.
Así están los "chicos" hoy
Tal y como inmortalizó Pablo Milanés, "el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos". La mayoría de aquellos chicos y chicas que pasaron a conformar la familia más populosa, querida y conocida de Unquillo hoy son hombres y mujeres.
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Rocío, por ejemplo, formó pareja y se mudó a Bahía Blanca. Tiene un hijo, Francisco (2) y es uno de los nietos del matrimonio cordobés.
Catriel, en tanto, tampoco vive con sus padres ya. Está en pareja y tiene una hija (Cloe, de 6 años). Es otra de las nietas de Jorge Antonio y Claudia.
Jésica, por su parte -la mamá de Catrielito, primer nieto-, regresó con su familia de origen. Está en pareja, viviendo en la Ciudad de Córdoba. Catrielito, en tanto, está con Jorge y Claudia hasta que llegue a la mayoría de edad.
Celeste también regresó con su familia biológica, y está ayudando y acompañando a su mamá. Rosa y su pareja, en tanto, viven en un departamento al lado de casa y mismo terreno que sus padres. Es mamá de Isabella (1 año y medio), otra de las nietas del matrimonio.
Luz también está en pareja, y ambos viven en casa con Jorge y Claudia. Tiziana, por su parte, trabaja y vive en la Ciudad de Córdoba.
Catrielito (primer nieto), Gael, Alexis y Alan, por su parte, viven en la casa familiar de Unquillo.
"Todos los chicos han necesitado un acompañamiento terapéutico, porque vienen con una carencia y han necesitado que se los acompañe y contenga. Además, los chicos siempre han hecho un deporte o una actividad que les haya gustado, y se han destacado", concluye Jorge.