Marcelo Saldaña lleva “una vida de pulpo”, dice. Es que tiene tres hijos de 5, 9 y 14 años, un hijastro de 26 que está a punto de hacerlo abuelo, y es padre viudo. En este Día del Padre Sanmartiniano, este hombre de 44 años, nacido y radicado en General San Martín, es un buen ejemplo de responsabilidad, esfuerzo, constancia y también ternura.
El 25 de diciembre de 2023 su esposa “desencarnó”, dice, y le dejó este desafío de sostener, contener y criar. Alrededor, las familias, los amigos y vecinos colaboran, pero es el hombre pulpo el que alimenta, baña, viste, lleva y busca en la escuela, y sobre todo, educa y acompaña el crecimiento de este manojo de hijos. Todas tareas que deben estar coordinadas con su trabajo, ya que es el único sustento de su hogar y también depende de él hasta las acciones mínimas que permiten la supervivencia.
En 2011 nació Bautista. En 2015, Simón. En 2020, dos semanas antes de que se declarara la cuarentena por la pandemia de Covid, nació Valentino.
En febrero de 2023 a Soledad le descubrieron cáncer de cuello de útero. Después de distintos tratamientos, falleció la Navidad de 2023. Ella y su nombre quedaron flotando en el aire.
Reconstruir
Marcelo y Soledad habían alquilado una casa en el barrio Santa Cecilia, del departamento del Este. Allí vivían cuando ella falleció. “Los vecinos siempre han sido maravillosos, siempre atentos, siempre dispuestos”, dice Marcelo.
Ahora, en un proceso que también tiene un impacto emocional, están por mudarse al barrio Ejercito de los Andes, popularmente conocido como Sesenta Granaderos. Allí está la casa de la abuela de Marcelo, la casa familiar. “Allí me crié, allí crecí”, recuerda.
Es que esa casa será casa propia “y nos ayudará mucho no tener que pagar alquiler”, avisa, por más que aquella del Santa Cecilia está llena de recuerdos.
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Día del Padre Sanmartiniano: Marcelo Saldaña, el padre pulpo
Pero esta casa familiar necesita arreglos, mejoras, adaptaciones. “Decidí que todos los trabajos de albañilería los podía hacer yo. Sé bastante de bioconstrucción y estoy trabajando mucho para dejar todo en condiciones y poder mudarnos. Falta bastante, además de tener que dejar en condiciones la casa que alquilamos para poder entregarla, pero todo es posible”, dice, entusiasmado.
Paternar solo
Además de “paternar y maternar”, según él mismo dice, Marcelo trabaja. Y ha tenido que encontrar una labor que le permitiera hacerse cargo totalmente de la organización del hogar y también de llevar el sustento. “Trabajo para una empresa nacional, haciendo encuestas sobre la calidad del agua”, cuenta. Eso le permite manejar los tiempos.
Pero claro, el trabajo es sólo una mínima parte del día. Hay que llevar y traer a los niños a la escuela. Hay que darles de comer. Hay que controlar sus tareas. Hay que atender sus necesidades emocionales. “Mientras hablo con vos, estoy lavando ropa y preparando el almuerzo”, advierte Marcelo.
Es cierto: ¿cuántas mujeres hacen esto diariamente? ¿Cuántas, por distintos motivos, deben atender la crianza de sus hijos y lograr el sustento? Son muchas, muchísimas, tantas que, por lo frecuente, parece no ser necesario el reconocimiento al esfuerzo y la atención constante.
Pero, también es cierto, las cualidades masculinas no son justamente las de criar y por eso llama tanto la atención que un hombre solo se haga cargo de la atención de sus hijos. Porque el hombre tiene que aprender muchas cosas antes de poder afrontar con solvencia este enorme desafío.
La conversación con Marcelo se interrumpe con frecuencia. Es que siempre hay pedidos, reclamos y necesidades que atender. Está en su casa en pleno mediodía, resolviendo alimentación, organización escolar y demás urgencias.
Pero, aun así, Marcelo Saldaña es naturalmente un hombre positivo. En toda la conversación no se le escapa ni una queja, ni un lamento, ni un reclamo. Tampoco el duelo parece hacer tenido mucho espacio.
“Soledad me enseñó muchísimo. Me enseñó a ser papá, a ser mejor hombre. Es (muchas veces a Soledad la nombra en presente) una mujer referente, mi referente, una gran mujer”, sentencia.
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El 25 de diciembre de 2023, Soledad falleció y debieron seguir solos.
Reconocimiento a mi papá
Romperé aquí las reglas del periodismo, las convencionales al menos. Ocurre que la historia de Marcelo Saldaña me traspasa y no confesarlo sería mentir.
Mamá falleció cuando yo tenía 5 años y mi hermano menor apenas tenía 8 meses. Papá se hizo cargo de los dos roles, la paternidad y la maternidad, aun siendo un hombre rudo, tosco, hasta frío.
Aprendió a cambiar pañales, pero no estos modernos sino los de tela, con chiripá y bombacha de goma. Aprendió de mamaderas, de piel paspada, de dientes de leche, de fiebres sin motivo. Y aprendió todo lo demás hasta que nos fuimos de casa, porque papá nunca se volvió a casar.
Montones de mujeres cumplen los dos roles. Muchísimas, con enorme esfuerzo, valor y cariño y no alcanza el espacio ni el tiempo para reconocerlas.
Pero los hombres son torpes, con capacidades adormecidas que se niegan a ejercitar, teniendo siempre más cerca la puerta del escape que la complejidad del compromiso.
Hay algunos que merecen reconocimiento por aceptarse limitados y, aun así, hacerse cargo. Salud por ellos.
Rómulo Ferrara, otro ejemplo
Rómulo Ferrara falleció hace unos meses. Todos lo conocían como Quique. Ya había superado hacía tiempo los 80 y tuvo una vida de trabajo, cuatro hijos, ocho nietos y tres bisnietas.
Quique Ferrara fue conocido en el Este, especialmente en San Martín, por ser uno de los hijos del sastre más cotizado de la ciudad, por sus años como empleado bancario y por su impecable trabajo en la Municipalidad. Pero, especialmente, por su hombría de bien y su trato afable.
Quique Ferrara sólo aceptó los saludos del Día del Padre los 24 de agosto. “Este es el día, lo otro es un invento comercial, especialmente para nosotros, los mendocinos”, decía.
Este es el primer 24 de agosto que no está en su San Martín, en la tebaida del Libertador.
Como Quique, hay montones que merecerán ser recordados hoy. Cada quien hará su propio homenaje.