27 de septiembre de 2025 - 01:10

De monedas de Napoleón a cañones perdidos, los increibles descubrimientos de Mariano Lovardo

Desde la década del 80 se dedica a buscar reliquias con su detector de metales. Su increíble historia.

Mariano Lovardo, durante los años 80 en sus veintitantos años, compró un detector de metales mientras veraneaba en Punta del Este en su casa de verano. En su charla con el medio La Nación, comentó como se originó su idea: “Me dije, ‘esta es una buena idea para la playa, porque seguramente encuentre cosas que pierde la gente’”.

En un primer momento, sus descubrimientos se limitaron a toneladas de llaves y monedas, principalmente de turistas de Uruguay, Brasil, Argentina y Paraguay.

Aunque algunas de las monedas encontradas ya no estaban en circulación, otras todavía podían usarse. Lovardo empezó a separarlas: las que se podían usar, las gastó, y las "viejas" las guardó. El registro de sus hallazgos demuestra la magnitud de su colección: “Hoy tengo cinco barriles con 10.000 monedas en cada uno. 50.000 monedas en total”.

coleccion monedas

Sin embargo, un día, recorriendo la costa junto a su sobrino Federico de 15 años en ese momento, quién adquirió su propio detector, todo cambió al encontrar oro. Lovardo recuerda el momento: “Lo increíble es que las tres primeras señales que tuvimos con el detector fueron objetos de oro. Así que, empezando así, nos picó el bichito, ¿viste? Fue una cosa increíble, inimaginable”.

Esa primera búsqueda hallaron un dije de oro y brillantes con la letra G, marca Cartier. Luego, la búsqueda continuó y encontraron una cadenita de oro grabada con el nombre "Eduardo" y, por último, una esclava de oro.

Lovardo relata ese momento: “Me llama y me dice ‘che, Mariano, ¿esto es oro?’. Voy a ver, y efectivamente, era oro”. Así nació este inesperado hobby.

Mayor organización en su búsqueda

Con el tiempo y la continuidad de las búsquedas, Lovardo ganó una mayor organización, lo que le permitía entender por qué había ciertas cosas en determinados lugares de la playa y en otros, no. A medida que pasaba el tiempo, “empecé a encontrar cosas mucho más antiguas de lo usual. comentaba dentro de eso Monedas pero españolas, del siglo XVII y XVIII" comentó.

Su recorrido abarcaba Punta del Este y la ciudad de Maldonado, centrandose en Playa Mansa en la costa del Río de la Plata.

Lovardo consideró que era lógico encontrar allí monedas españolas antiguas, ya que era la época del Virreinato, cuando Argentina y Uruguay conformaban las Provincias Unidas del Río de la Plata. Explica que la playa de Maldonado “siempre fue un fondeadero natural, donde los barcos entraban, se refugiaban de tormentas y buscaban leña, agua dulce”.

Una moneda llegada desde Francia

Mariano narró el encuentro durante sus búsquedas, de unas monedas de plata que tenían la característica particular de haber sido sometidas a fuego debido a las marcas que presentaban. En ese contexto, encontró una moneda con una "N" coronada lo cual no era usual. Relató que a partir de eso: “Fui al catálogo y busqué monedas de Francia. Ahí estaba. Eran 10 centavos de la época de Napoleón, en 1807”.

A partir de eso, se preguntó: “¿Qué hace esta moneda de Napoléon en medio de todas las otras monedas españolas?”. Investigó, y al identificar que sus diseños cambiaron con los años, supo que eran anteriores a 1812.

Su compromiso fue tal que le escribió a un contraalmirante de la armada francesa en París, contándole sobre estos objetos. Recibió en respuesta un fax: “Mi estimado señor, me parece que acá encontré la información que usted estaba buscando”. Esa información estaba en cartas del propio Napoleón, a través de las cuales todo empezó a encajar “como piezas de un rompecabezas perfecto”, recuerda.

La razón de que las monedas francesas estuvieran allí se explica por este hecho: cuando el emperador forzó la abdicación de los reyes españoles Carlos IV y Fernando VII en mayo de 1808, el Virreinato pasó a depender de Francia. Ese año, Napoleón envió a la zona el buque Consolateur, con el marqués de Sassenay, Etienne Bernard, a bordo, probablemente para exigir lealtad al nuevo "rey" de España.

"No es un cañon mas"

Lovardo encontró, también en la playa y gracias al detector de metales, un cañón de hierro que, asegura, “no es un cañón más”. En el año 2017 realizó un curso de fotogrametría subacuática con un grupo de arqueólogos, el cual se puso en práctica en la costa porque allí se sabe que yacen los restos del HMS Agamemnon, un navío británico que participó en la Batalla de Trafalgar (1805).

De esa expedición se obtuvo una pieza de artillería de 3.500 kilogramos, el cañón rescatado se encuentra actualmente en el Museo Naval.

Explorador y coleccionista

A través de los años, Lovardo encontró varios objetos, pero muchos de su colección provienen de subastas. Por ejemplo, compró piezas que pertenecieron a Rubén Collado, otro buscador de tesoros argentino famoso por haber encontrado el navío Lord Clive.

Además, escribió el libro "Reuniendo un tesoro español pieza por pieza", el cual se popularizó en el ámbito numismático. Comenzó a dar charlas y en uno de esos congresos conoció a la directora del Museo del Banco Central, quien le propuso realizar una exposición en el Museo Histórico y Numismático “Héctor Carlos Janson”. La muestra fue un éxito y convocó a gran cantidad de personas y ante esto le pregntaron si existía la posibilidad de donar la coleccion a lo que respondió: “Y la verdad, le dije que sí. Así que doné la colección y hoy tengo una sala con mi nombre ahí, en el Banco Central”. Se trata de piezas provenientes de 47 naufragios de todo el mundo, la mayoría compradas en subastas, y algunas producto de sus propios hallazgos.

Museo muestra monedad

Con respecto a si en la actualidad sigue usando el detector, Lovardo respondió que su pero que “ya no es lo que era antes, ¿no? Antes, si había una tormenta, y si yo no estaba en Uruguay, viajaba para ir a buscar lo que la tormenta levantaba”. Explica que ahora el entusiasmo decayó porque “cuando llego ya hay 500 tipos buscando. Y ya se encontró mucho, además”.

Su mayor descubrimiento

Ante la pregunta de qué fue lo mejor que le dejó esta pasión, su respuesta fue: “Mi esposa”.

Relata que un día, cuando comenzaban a salir, fueron a Punta del Este: “Fui a bucear. La llevé a Punta del Este, fuimos a la playa, se quedó en la reposera bajo una sombrilla con mi mamá”. Cuando estaba bajo el agua, se encontró con una sombra flotando que lo asustó. “Agarré ese trapo, que resultó ser un jogging, lo saqué del agua y se lo llevé a mi novia”. Al volver, la encontró “muerta de risa”. Su novia le confesó: “Volvé al agua a ver si estaban los pantalones, porque esto es un buzo que me quería comprar y nunca lo conseguí en mi talle”.

Su actual esposa y su madre lavaron con vinagre blanco en el lavarropas la prenda ya que el buzo estaba lleno de cangrejitos y con olor a mejillones: “Al final lo lograron. y el hecho de que lo usara le cayó bien a mi mamá. Sin hablarlo, me dio el visto bueno, como diciendo ‘Esta chica… Esta chica puede ser’. Y fue. Y todavía usa el buzo.”

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