Cuadro 33: el sector del cementerio que oculta oscuros secretos de la dictadura en Mendoza

En ese lugar del cementerio de Ciudad ya se identificaron restos de personas detenidas durante la dictadura militar. Las excavaciones continúan para darle adecuada sepultura a las víctimas.

Cuadro 33: el sector del cementerio que oculta oscuros secretos de la dictadura en Mendoza
Los trabajos del Equipo Argentino de Antropología Forense continúan en el misterioso predio del cementerio capitalino. Hasta ahora han identificado a 9 personas. | Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes

Un 24 de marzo como hoy, pero de 1976, Argentina comenzaba a escribir una de sus páginas más tristes de las últimas décadas. Se cumplen este viernes 47 años del más reciente y trágico golpe militar, aquel que trajo como consecuencia una oscura época de dictadura que se extendió entre 1976 y 1983. El 24 de marzo de 1976, las Fuerzas Armadas derrocaron al Gobierno constitucional y democrático, y el poder pasó a manos de la Junta Militar integrada por un representante del Ejército, uno de la Marina y otro de la Fuerza Aérea. En consecuencia, las garantías constitucionales fueron borradas del mapa.

En Mendoza, como en todo el país, hubo detenidos y desaparecidos durante ese período. Y, mientras en la provincia el pedido de justicia continúa más vigente que nunca en este nuevo aniversario del Golpe, los trabajos de excavaciones e identificación de restos humanos sepultados en el Cuadro 33 del Cementerio de la Ciudad de Mendoza continúan a cargo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y como parte de una mega causa de la Justicia Federal.

Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes.
Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes.

“El Cuadro 33 era un sector del Cementerio de Capital, en la parte ubicada desde calle Mitre al oeste. En este predio sobresale un sector donde, desde siempre, se habían enterrado a los pobres, a hombres y mujeres que morían en la calle y no los reclamaba nadie o cuyas familias no tenían otros medios para otro tipo de sepultura. Pero en 2008, varios años después de terminada la Dictadura, con Isabel Guinchul de Pérez -ambas de grupos de familiares de personas desaparecidas- y con algunas pruebas y antecedentes, nos animamos a empezar a averiguar e hicimos una presentación en la Justicia Federal para que se exhumen los cuerpos que había en el Cuadro 33. Y logramos identificar allí a varias personas que todavía figuraban como desaparecidas”, destaca Mariú Carrera (73), quien sigue buscando a su esposo, a su hermano y a su cuñada (esta última embarazada); todos desaparecidos en 1976 y Mendoza durante la dictadura.

A raíz de esta denuncia y de la intervención del EAAF se han logrado identificar -hasta el momento y post dictadura militar- los restos de tres personas que estaban consignadas como desaparecidas. A ellas se suman otras seis que habían sido identificadas con anterioridad por sus familiares y retiradas para darle una sepultura respetuosa y adecuada.

No eran fosas comunes, sino tumbas identificadas solamente con números. Cada una de ellas tenía hasta 10 cuerpos apilados en una profundidad de casi 4 metros”, agrega Carrera.

Los trabajos en el lugar no han finalizado todavía, mientras que la intención de la Municipalidad de la Ciudad de Mendoza y de los familiares es crear un espacio de memoria y reflexión en este sitio.

Incluso, en el Cuadro 33 -y también en otros sectores del cementerio- se han llevado adelante rastrillajes con el objetivo de dar con el paradero de personas desaparecidos ya en democracia, siendo los casos de Raúl Baigorria y Adolfo Garrido (desaparecidos en 1990) y de Paulo Christian Guardati (ausente desde 1992) los más emblemáticos.

“Cuando Mariú Carrera e Isabel Guinchul de Pérez pidieron que se iniciara la investigación en el Cuadro 33, aportaron pruebas y antecedentes de personas que habían sido asesinadas en Mendoza durante la dictadura y habían sido enterradas en el D2 -en algunos casos pudieron recuperar los cuerpos-. Con ese antecedente, pidieron que se analizara ese sector del cementerio. Porque es sabido que en la dictadura asesinaban a las personas”, resalta a su turno el periodista y realizador audiovisual Rodrigo Sepúlveda, uno de los realizadores del documental “Cuadro 33″ que se produjo con apoyo de la UNCuyo.

Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes.
Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes.

El misterioso Cuadro 33

Aunque el sector del Cementerio de la Ciudad de Mendoza ubicado al oeste de calle Mitre (entre esta avenida y las vías del Metrotranvía de calle Perú) es el más nuevo del espacio público, su apariencia llevaría a cualquiera a jurar que es el más antiguo.

Todo ese sector tiene una extensión de 3,5 hectáreas y allí se encuentran los cuadros comprendidos entre el 26 y el 39. Sin embargo, el Cuadro 33 es el que más misterio, terror y secretos oscuros guarda.

“El Cuadro 33 siempre fue el de los NN y se lo conocía también como el cuadro ‘de los indigentes’. En el lugar se enterraba en sepulturas comunes a personas no identificadas o desconocidas que no eran reclamados por sus familiares. Pero durante la última dictadura, este cuadro se convirtió en el lugar donde se enterró a algunos desaparecidos que luego fueron asesinados”, resume el director del Cementerio de la Ciudad de Mendoza, José Curia.

En todo el Cuadro 33 hay alrededor de 400 sepulturas, dispuestas de sur a norte. Por cada una de ellas entran, por lo menos cinco cuerpos, aunque hay algunas donde hay más.

El sector donde se encuentra el Cuadro 33 en este predio del cementerio tiene algunos sectores con cierres perimetrales todavía e ingreso vedado, ya que los trabajos del Equipo Argentino de Antropología Forense siguen activos. Desde que se judicializó el espacio, se suspendieron las nuevas sepulturas y siempre está latente la posibilidad de que se identifiquen nuevos restos óseos de personas que figuran como desaparecidas.

Al recorrer el lugar, es posible observar algunas fosas abiertas (no por completo, sino con pequeños boquetes), además de unos fierros que sobresalen de la tierra y delimitan el lugar de los trabajos. Y es que todavía quedan varios restos bajo tierra a la espera de ser identificados.

Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes.
Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes.

Fermín Rosales, un compañero de las agrupaciones de familiares desaparecidos, había llegado con una información relacionada a que a su hermano (Osvaldo Sabino Rosales) lo habían enterrado en un lugar no identificado. Fue entonces que nos encontramos con que en el MEDH (Movimiento Ecuménico de Derechos Humanos) había fichas de entradas al cementerio y otras del Cuerpo Médico Forense. Al detenernos en las fechas de entradas al Cuadro 33, descubrimos que eran de personas muy jóvenes. Eso nos llevó a cruzar esos datos con nuestra información; era extraño que hubiese muerto tanta gente joven, ni siquiera había habido una epidemia en Mendoza”, recapitula Carrera.

El 21 de octubre de 1976, el Gobierno Militar detuvo al primer esposo de Mariú Carrera, Rubén Bravo, quien además era el primer secretario de la Asociación Mendocina de Actores y padre de su hijo. Fue mientras estaba en su vivienda de calle Corrientes, de Ciudad. Ese mismo año, el 24 de noviembre y en su casa de calle Democracia de Godoy Cruz, el hermano de Mariú -Marcelo Carrera- también fue detenido. La esposa de este último, Adriana Bonoldi -cuñada de Mariú- fue detenida cuando llegaba a la casa de sus suegros el 1 de diciembre de 1976. La mujer estaba embarazada, por lo que el niño (o la niña) también integra parte del listado de los desaparecidos en Mendoza, al igual que las otras personas mencionadas.

Otros integrantes del grupo de teatro La Pulga (que integraban Mariú y Rubén Bravo) también fueron desaparecidos por los militares en Mendoza. Raquel Herrera y Osvaldo Zuin fueron dos de ellos, y a la primera la identificaron como muerta años después.

Precisamente el caso de “Raquelita” Herrera, como se refiere a ella Carrera, fue una de las puntas del iceberg que permitió destapar la triste historia oculta del Cuadro 33.

“A Raquelita la habían enterrado clandestinamente en el Cuadro 33, pero su familia logró identificarla durante la época de la dictadura, por lo que inició el pedido para que le restituyeran el cuerpo y pudieran sepultarla bien. Hasta que lo consiguieron, pasaron casi 10 años”, recuerda Mariú.

El caso de Raquel Herrera, sumado a otros similares y a esa gran cantidad de fichas de personas sepultadas en el Cuadro 33 siendo muy jóvenes, alimentaron las sospechas y curiosidad en Carrera y en Guinchul de Pérez.

“Allí empezó nuestro pedido ante la Justicia Federal. Nos acompañaron como abogado Dante Vega y Diego Lavado y, junto a Isabel, fuimos a hablar personalmente con el Equipo Argentino de Antropología Forense. Conseguimos que vinieran por primera vez en 2010, justo cuando empezaba el Segundo Juicio por Delitos de Lesa Humanidad en Mendoza. Y nosotros nos constituimos en la causa del Cuadro 33 como querellantes al ser familiares de desaparecidos”, continúa Carrera. De hecho, la activista también destaca que -al igual que ocurrió con Raquel Herrera-, la familia de Ana María Moral descubrió que ella también había sido enterrada clandestinamente en el Cuadro 33 del Cementerio de la Ciudad de Mendoza e inició el trámite para que les entregaran los restos.

Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes.
Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes.

“A nuestras sospechas se sumaba toda esta fundamentación ya probada. Atamos todos los cabos. Por un lado, personas que habían desaparecido en la dictadura y ya habían sido encontradas enterradas clandestinamente en el lugar. Por el otro, nosotros buscábamos a nuestros familiares y, a ello, se sumaba la joven edad de los datos que había en las fichas de enterrados en el Cuadro 33″, sigue Carrera.

Las personas identificadas

Desde 2010 y hasta la fecha, el EAAF ha realizado 8 intervenciones a restos óseos sepultados en el Cuadro 33. Gracias a este trabajo se permitió identificar a Juan Antonio “El Mono” Molina, Néstor Oliva y Osvaldo Sabino Rosales, todas personas que -hasta 2010- figuraban como desaparecidas.

Incluso, el trabajo de los especialistas nacionales ha permitido sortear obstáculos tales como el accidental -o no- cambio de números que identificaban a las distintas sepulturas y en base a la que comenzaron los primeros trabajos. “En algún momento, vaya uno a saber por qué, se corrieron los números y los volvieron a poner sobre las sepulturas del Cuadro 33, pero las pusieron de cualquier manera. Nosotros teníamos el dato de que Juan Antonio Molina estaba en un sitio determinado y con un número específico, pero no lo encontramos allí cuando fuimos a buscarlo. Fue entonces cuando la mamá de Ana María Moral, que había alcanzado a ir a la sepultura donde estaba su hija en el Cuadro 33 antes de que la restituyeran -sus restos habían sido identificados previamente- nos contó que en la sepultura a la que siempre llevaba flores para su hija ahora había una nueva numeración. Y ahí nos dimos cuenta que los números habían cambiado”, agrega Mariú Carrera.

La impulsora de la causa federal que derivó en los trabajos en el Cuadro 33 post dictadura destaca, además, que la limpieza periódica que se hace en el lugar -y que lleva a que cada 10 años se retiren los restos que no han sido reclamados y se los lleve al osario- también puede haber derivado en que otros tantos desaparecidos no hayan sido identificados oportunamente.

Todo el Cuadro 33 se ha levantado y hay 90 cuerpos en estudio, en los que el EAAF está trabajando. A nivel nacional, hay más de 600 cuadros sin identificar todavía. Por ello el EAAF sigue convocando a la gente para tomar muestras”, concluye Carrera

La única sepultura identificada

La intención es convertir el Cuadro 33 en un espacio para la memoria y la reflexión. En el lugar, entre tantas excavaciones abiertas, hay una única sepultura identificada. Y que, a diferencia de las demás, está bien delimitada en su espacio con piedras blancas y una cruz.

Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes.
Foto: Orlando Pelichotti / Los Andes.

Según cuenta el director del Cementerio de Mendoza, José Curia, periódicamente un familiar o ser querido de la persona que allí descansa suele visitarla. Sin embargo, los trabajadores del lugar confiesan que nunca han podido dar o hablar con esa persona. No solo el espacio luce ordenado y prolijo, sino que hasta hace un tiempo -a veces- encontraban flores que le llevaba este ser querido a quien allí descansa (tampoco hay una placa o chapa con el nombre de quien se encuentra en el lugar).

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