Gabriel Barresi creció en General Roca con la vista fija en los aviones. A los dos años se sentaba sobre el lavarropas de su abuela para simular que volaba mientras el aparato centrifugaba. A los 16 años, instaló una cabina real de Boeing 737 en su habitación, un proyecto que terminó exportando a compradores de Estados Unidos y Escocia.
Cómo construyó una cabina de Boeing 737 en su cuarto siendo adolescente
Barresi recordó que en 2013, tras un viaje donde conoció la cabina de un avión real, decidió que quería tener una en su cuarto. Ante la imposibilidad de importar piezas en Argentina, aprendió diseño de forma autodidacta y utilizó cortadoras láser para fabricar sus propios componentes electrónicos y estructuras. La habitación de su adolescencia apenas tenía espacio para la cama debido a la envergadura del Boeing 737 que montó allí.
Al publicar las fotos de su logro en Facebook, recibió pedidos de pilotos y entusiastas extranjeros, lo que lo llevó a manejar inventarios y proveedores antes de terminar el secundario.
Qué es el entrenamiento negativo y por qué fue clave en su formación
Más tarde, Barresi se graduó como ingeniero aeroespacial en la Universidad Nacional de La Plata. Durante su formación, identificó un riesgo crítico en la aviación: el entrenamiento negativo, que ocurre cuando un simulador no replica fielmente las sensaciones táctiles o los procedimientos de un avión real, induciendo a los pilotos a tomar decisiones erróneas en emergencias.
Este hallazgo fue determinante en la orientación de su carrera y en la filosofía de diseño que más tarde aplicaría en sus propios equipos, donde la fidelidad de la simulación se convirtió en un principio fundamental.
Qué es VSIM y qué simuladores de vuelo fabrica en Argentina
A los 28 años, Barresi regresó a su ciudad natal y fundó VSIM. La empresa desarrolló un entrenador monomotor Cessna 172 con aviónica avanzada y un simulador de doble comando para el jet Cessna Citation Mustang. Este último equipo fue diseñado para operar 20 horas diarias en ProFlight, el centro de entrenamiento más grande del país, bajo estándares de certificación FTD4 de la ANAC.
La integración vertical de su fábrica le permitió controlar desde la electrónica hasta el software, compitiendo en precio con los equipos importados mediante el uso de impresión 3D y placas de circuito impreso propias. Hoy, los aeroclubes locales utilizan su tecnología para que los estudiantes de piloto comercial acumulen horas de vuelo legales sin necesidad de trasladarse a otros centros de instrucción, validando sus sesiones con instructores habilitados.