Una de las especies más esquivas de la fauna argentina volvió a ser vista en Mendoza y generó gran entusiasmo. Se trata del pichiciego menor (Chlamyphorus truncatus), conocido popularmente como “hada rosa” por su aspecto, cuyo registro fue confirmado en la Reserva de Biósfera Ñacuñán, en Santa Rosa.
El hallazgo fue constatado por guardaparques y pobladores de la zona, quienes dieron aviso a las autoridades del área protegida. En la provincia, esta especie está declarada Monumento Natural Provincial (Ley N° 6.599), lo que implica un alto nivel de resguardo legal.
El nuevo avistaje refuerza el valor ambiental de Ñacuñán, un espacio clave para la conservación de especies adaptadas a los ecosistemas áridos del Monte mendocino. Se trata de una de las especies más difíciles de observar en la Argentina y un verdadero indicador de salud ambiental.
Video que captó al “hada rosa”
Con apenas entre 7 y 11 centímetros de largo y un caparazón rosado pálido que le dio el apodo de “hada rosa”, el pichiciego es el armadillo más pequeño del mundo. Su comportamiento estrictamente nocturno y su vida casi exclusiva bajo tierra hacen que cada registro sea excepcional. De hecho, expediciones internacionales han pasado meses en el campo sin lograr un solo avistamiento.
“Cada vez que registramos un pichiciego estamos frente a una señal concreta de que el ecosistema funciona”, afirmó el director de Biodiversidad y Ecoparque, Ignacio Haudet, tras confirmarse un nuevo avistamiento de pichiciego menor (Chlamyphorus truncatus) en la Reserva de Biósfera Ñacuñán.
Subrayó además: “Este registro tiene un enorme valor biológico y también simbólico para Mendoza”.
En ese contexto, su aparición en Ñacuñán confirma el rol clave de las 12.600 hectáreas de algarrobales y jarillales protegidos. Allí no solo se conserva la flora nativa, sino también el tipo de suelo arenoso y compacto que la especie necesita para excavar sus complejas galerías.
Un ingeniero silencioso del desierto
Aunque casi invisible para el ojo humano, el pichiciego cumple funciones esenciales en los ecosistemas áridos del monte mendocino. Se alimenta principalmente de hormigas y larvas, ayudando a regular poblaciones de insectos. Al excavar, airea el suelo y mejora la infiltración de agua, un recurso crítico en zonas desérticas.
Desde la Dirección de Biodiversidad y Ecoparque recordaron que el pichiciego es extremadamente sensible al estrés y no sobrevive en cautiverio. La recomendación es clara: si una persona encuentra un ejemplar, debe observarlo a distancia, no manipularlo y dar aviso inmediato a las autoridades o al 911.