Alertan sobre especies exóticas invasoras en Mendoza para evitar las pérdidas millonarias que generan

Animales y otros organismos introducidos por el humano ponen en riesgo el recurso hídrico, la producción agrícola y la flora y fauna autóctonas de la provincia; generando un importante impacto económico y ecológico.

Alertan sobre especies exóticas invasoras en Mendoza para evitar las pérdidas millonarias que generan
El jabalí es una de las especies exóticas invasoras presentes en Mendoza y consideradas entre las más dañinas del mundo.

En Mendoza hay más de 10 especies exóticas invasoras, algunas más dañinas que otras, pero la mayoría con un alto potencial de impacto económico y ecológico que podría generar pérdidas millonarias para la provincia. El jabalí, la trucha, la ardilla de vientre rojo y el tamarindo son algunas de las que hay distribuidas en la región, poniendo en riesgo el recurso hídrico, la producción agrícola y la flora y fauna autóctonas. Mientras científicos y autoridades intentan controlarlas, los mendocinos aún no toman dimensión de los daños que generan.

En realidad, las especies introducidas por el humano desde otros hábitats naturales son más comunes de lo que parece. Por ejemplo, el gato doméstico lo es, así como la ya tan conocida y combatida Lobesia Botrana, también llamada polilla de la vid. No por eso son menos peligrosas para los ecosistemas autóctonos, ya que otras -como las anteriormente mencionadas- causan severos impactos en la economía, la salud pública, la cultura y la biodiversidad. De hecho, están categorizadas como la segunda causa de pérdida de biodiversidad en nuestro planeta.

Cuando Los Andes consultó al director de Recursos Naturales Renovables de la provincia, Sebastián Melchor, éste respondió: “Estamos hablando de varios millones de dólares” de impacto económico potencial para Mendoza, considerando las consecuencias ecológicas -sobre todo hídricas- y los daños en los recursos productivos de la provincia. Si bien no hay cifras definitivas, el funcionario reconoció que “el impacto sería importante” si las invasiones de dichas especies no estuvieran bajo control.

“Para calcular y dimensionar el impacto económico tenemos que vincularlo a los principales daños que generan”, advirtió Melchor, en referencia al recurso hídrico y ciertas producciones amenazadas, como las de vid, papa, ajo y frutos secos, por mencionar solo algunas de Mendoza. Además, existen otras consecuencias como la competencia con especies autóctonas, la depredación indiscriminada de otros organismos y el impacto en el turismo.

Principales especies invasoras en Mendoza
Principales especies invasoras en Mendoza

En Argentina, un conjunto de especies exóticas invasoras estudiadas en 2016 produjeron pérdidas que superan los 3,3 millones de dólares. La proyección del impacto que podría tener el estornino sobre la producción frutícola argentina, presente en Mendoza y otras provincias, supera los 130 millones de dólares anuales. Mientras que los daños generados por el jabalí en la producción alcanzan los 1.380 millones de dólares anuales.

Las especies que más preocupan

Hace poco, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación elaboró la primera lista oficial de 100 especies exóticas invasoras (EEI) y potencialmente invasoras (EEPI) presentes en Argentina, de las cuales al menos ocho están en Mendoza: el jabalí, la ardilla de vientre rojo, la rana toro, la avispa “chaqueta amarilla”, el ave estornino pinto, la trucha arcoíris y marrón, el alga denominada Dydimo y el árbol tamarindo. También hay que considerar al ciervo colorado, la liebre europea, el conejo europeo, la rosa mosqueta y la polilla de la vid, entre otros.

De todas las especies mencionadas, las que más preocupan -y ocupan- a las autoridades mendocinas son la ardilla de vientre rojo, la rosa mosqueta, el tamarindo y el alga Dydimo. Así lo demanda la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), según explicó Sebastián Melchor. “Hay que poner mayor atención sobre aquellas especies que están recién detectadas en la provincia, para poder contener la situación y que no se sigan expandiendo”, apuntó.

Eso no quiere decir, por supuesto, que el resto de las especies exóticas invasoras no se monitoreen y controlen, pues hay acciones concretas para hacerlo. La caza legal o actividad cinegética, por ejemplo, es la medida más común para combatir animales ya expandidos en territorio mendocino. En otras partes del mundo se recurre a la esterilización y la eutanasia, entre otras opciones.

En definitiva, “el control es algo que comenzás y no podés terminar, tiene que continuar para siempre porque, si detenés todo el esfuerzo y el dinero que invertís, la especie vuelve a lo que era antes” gracias a su poder de adaptación y su alta capacidad reproductiva, explicó Fernanda Cuevas, doctora en Ciencias Biológicas y especialistas en especies exóticas invasoras. Aunque, advirtió, “lo principal es no introducir especies nuevas”.

La investigadora de Conicet (Iadiza), que trabaja en el estudio de mamíferos introducidos en Mendoza, manifestó que “cuando las especies son carismáticas hay una gran oposición social por su cacería, como con el ciervo colorado o la ardilla”. Sin embargo, “cuando son vistas negativamente no hay tanto problema”, como sucede con el jabalí. Para ella, estas son las dos especies que más preocupación generan en la provincia, por su intrusión en el área productiva.

Consecuencias del ser humano

Sea como sea, es el mismo ser humano el culpable de la mayoría de estas invasiones mediante la introducción ilegal de especies. Así como el jabalí se introdujo hace muchos años para la cacería deportiva, lo mismo pasó con el ciervo colorado, que también sirvió para “fines ornamentales”.

De igual manera, la ardilla de vientre rojo llegó a Tupungato con la intención de generar una atracción turística: los rumores cuentan que las trajeron desde el partido de Luján (Buenos Aires), donde también son invasoras, para soltarlas en una finca de La Carrera que hoy es el principal foco de monitoreo.

Así como llegan para criaderos o cotos de caza, fácilmente se escapan, se asientan en hábitats locales y colonizan otros nuevos. Ahora, estos pequeños roedores que pueden parecer lindos a la vista son una amenaza directa a la zona donde se concentra el 50% de la producción de frutos secos de toda la provincia.

El jabalí, por su parte, arrasa campos de papa, ajo y otras producciones por todo el Este y el Sur, cuyos suelos no se han recuperado tras 11 años, según estudios que llevó adelante la doctora Cuevas. La trucha, por ejemplo, es una voraz depredadora de otros peces y anfibios, por lo que ocasiona un importante impacto en la fauna autóctona de los cauces de agua.

El director de Recursos Naturales Renovables resaltó el impacto hídrico del tamarindo y la rosa mosqueta, cada vez más presentes en la cordillera mendocina y grandes consumidoras de agua, por lo que representan una amenaza latente para la flora autóctona, como la jarilla y el chacay.

Llamado a la concientización

En todos los casos, la investigadora Fernanda Cuevas tiene claro que “cuando la especie está hace mucho tiempo y muy expandida, la erradicación ya es imposible”. Es el caso del conejo, la liebre europea y la rana toro, por mencionar solo algunas. Por eso, la especialista aclaró: “Si no pudiste evitar el ingreso de especies nuevas, la detección temprana es súper importante. Cuanto más temprano actúes, mayor probabilidad de erradicación vas a tener”.

Para eso, todas las partes coinciden en la importancia de que la sociedad mendocina tome consciencia del potencial impacto de las especies exóticas invasoras y, en consecuencia, se comprometa y colabore con la detección temprana. “La especie exótica invasora llega acá porque la trae el ser humano. Traer unas ardillas puede ser de interés decorativo, pero el impacto económico, social y en la salud es enorme”, dijo Melchor al respecto.

Fernanda Cuevas, por su parte, destacó el trabajo interdisciplinario entre todos los sectores involucrados, del que participan entidades científicas y de investigación, Irrigación, la Asociación de Pesca con mosca y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, entre muchas otras. “Es importante el sector científico, que evalúe la situación; el sector social, que haga sus aportes desde la detección temprana y, obviamente, la aplicación del control por parte del Gobierno”, concluyó la doctora en Ciencias Biológicas consultada.

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