El 20 de julio de 1969, a las 16.17 (hora argentina), el módulo Eagle del Apolo 11 se posó sobre la superficie lunar. Horas más tarde, a las 23.56, Neil Armstrong descendió por la escalerilla y pronunció una de las frases más célebres de la historia: "Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad".
Los Andes no sólo cubrió las reacciones en Mendoza a este acontecimiento mundial, además avisó a la población de cada hecho utilizando una sirena ubicada en el antiguo edificio de Calle San Martín.
La edición del día siguiente describió que, antes del histórico momento, la provincia permanecía sumida en un "silencio casi religioso". Sin embargo, todo cambió cuando Armstrong apoyó su pie sobre la Luna.
La reacción fue inmediata. "Cuando la sirena de este diario profirió el histórico aullido, la multitud prorrumpió en aplausos y los automotores comenzaron a hacer sonar sus bocinas". Frente al edificio del periódico comenzaron a multiplicarse los abrazos, los apretones de manos, las lágrimas e incluso los besos entre personas que ni siquiera se conocían.
"La exaltación había llegado al máximo", continuaba la crónica. "Parecía que el pueblo de Mendoza sólo aguardaba eso para demostrar su alegría y su orgullo de seres humanos: la primera pisada, la consumación del hecho". Para los periodistas, no existía recuerdo de una manifestación de alegría "tan espontánea y ruidosa" en muchos años.
"La sirena se escuchó por varias cuadras", continuaba el diario. "Se sucedieron los alborotados automovilistas en hacer sonar sus bocinas, y grupos de muchachos hacían exclamar hurras y vítores". En cuestión de minutos, los vehículos comenzaron a concentrarse frente al edificio del periódico hasta provocar un verdadero embotellamiento. Muchos conductores abandonaron sus automóviles para sumarse a la multitud que ocupaba las veredas e incluso parte de la calzada.
La celebración no terminó enseguida. "Media hora después de haberse producido el descenso aún proseguían sonando las bocinas", señalaba el diario. La ciudad permaneció durante largo tiempo envuelta en un concierto de sirenas, aplausos y vítores que convirtió aquella noche en una verdadera fiesta popular.
Las páginas de Los Andes también reflejaron otras miradas sobre el acontecimiento. Una de las historias más conmovedoras fue la de una niña de apenas cuatro años que, al observar por televisión el descenso del Apolo 11, le preguntó a su padre si ella también podría viajar al espacio. Cuando él respondió que sí, comenzó a dar pequeños saltos mientras repetía entusiasmada: "¡Vamos a la Luna!". Para el cronista, aquella pequeña representaba a la primera generación que crecería considerando los viajes espaciales como una posibilidad real.
Con apenas cuatro años, la pequeña se convirtió en uno de los símbolos del impacto del alunizaje. Tras ver por televisión el descenso del Apolo 11, le preguntó a su padre si ella también podría viajar a la Luna.
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No todos compartían el mismo entusiasmo. El diario entrevistó a un joven de veinte años que sostenía que el dinero destinado al programa Apolo habría sido mucho más útil si se hubiera invertido en resolver las necesidades que sufrían millones de personas en la Tierra. Desde su perspectiva, la carrera espacial era un logro reservado "solamente para los científicos" y no cambiaba la vida cotidiana de la población.
El contexto de la Guerra Fría también estuvo presente en Mendoza. Tres sargentos técnicos de la Fuerza Aérea estadounidense, que se encontraban de paso por la provincia, celebraron el éxito de la misión brindando en un bar de la ciudad. La satisfacción no era únicamente científica: también significaba que Estados Unidos había logrado adelantarse definitivamente a la Unión Soviética en la carrera hacia la Luna.
Tres integrantes de la Fuerza Aérea de Estados Unidos celebran en Mendoza el éxito del Apolo 11. Para ellos, el alunizaje representaba también la victoria estadounidense en la carrera espacial frente a la Unión Soviética.
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Más de cinco décadas después, aquellas páginas del 21 de julio de 1969 siguen siendo uno de los testimonios periodísticos más valiosos sobre cómo vivió Mendoza el alunizaje. No cuentan únicamente la llegada del hombre a la Luna; narran cómo, por unas horas, una ciudad entera dejó de lado sus diferencias para celebrar un logro humanos que sintió como propio.