A 50 años de la hazaña de los Andes: cómo fue la historia de supervivencia más importante de todos los tiempos

Lo que pasó en la montaña de Mendoza para algunos fue un milagro, para otros una tragedia. Para expertos, “la historia de supervivencia más importante de todos los tiempos”. Para los 16 sobrevivientes, lo más importante es el legado.

Tragedia de Los Andes: una imagen tomada por los sobrevivientes en la que se ve a los rugbiers uruguayos y los restos del avión en que viajaban, estrellado en la cordillera mendocina.
Tragedia de Los Andes: una imagen tomada por los sobrevivientes en la que se ve a los rugbiers uruguayos y los restos del avión en que viajaban, estrellado en la cordillera mendocina.

El próximo jueves, 13 de octubre, se cumplen 50 años del día en que un avión se estrelló en la cordillera de los Andes mientras llevaba a Chile a un equipo de rugby uruguayo, hecho que desencadenó “la historia de supervivencia más importante de todos los tiempos”.

Milagro o tragedia, lo que los 16 sobrevivientes y 29 fallecidos pasaron durante 72 días inmersos en lo profundo de la montaña de Mendoza se mantiene vigente y continúa en la memoria colectiva del mundo, que admira un legado tan increíble como real y se sigue sorprendiendo como hace medio siglo.

Todo comenzó el jueves 12 de octubre de 1972, cuando el equipo amateur de rugby del Colegio Old Christians salió en un vuelo hacia Santiago de Chile, pero debió pasar la noche en Mendoza por el pronóstico de tormenta que pesaba sobre la cordillera de Los Andes.

Al otro día, los pilotos decidieron cruzar por el Paso El Planchón, en Malargüe, un camino más largo, pero de menor altitud y favorable para el tipo de avión en el que viajaban: un Fairchild F-227 de la Fuerza Aérea Uruguaya.

A 50 años del accidente del avión uruguayo, en la cordillera de los Andes. Gustavo Guevara
A 50 años del accidente del avión uruguayo, en la cordillera de los Andes. Gustavo Guevara

Pese a la demora del día anterior, la algarabía de ese viernes 13 era total, típico de un viaje de deporte entre compañeros de equipo. Además de los 19 jóvenes rugbiers —en su mayoría, de entre 18 y 23 años—, el grupo de 45 pasajeros estaba compuesto por familiares, amigos y simpatizantes que acompañaban al equipo; además del piloto, el copiloto y dos tripulantes.

Tras iniciar el paso de la cordillera por Malargüe, el avión debía llegar a Curicó y allí desviarse hacia el Norte, rumbo a Santiago, pero los pilotos lo hicieron antes de lo esperado y se desviaron entre medio de la Alta Montaña, incluso haciendo descender la aeronave para el aterrizaje. No fue hasta los últimos segundos que toda la alegría se convirtió en terror, ya que la nubosidad impidió ver que el avión volaba entre medio de las montañas y picos nevados a casi 4.000 metros de altura.

El violento choque fue inevitable: el Fairchild F-227 golpeó “de panza” contra la roca y, después de perder la cola y las alas, se deslizó casi 700 metros por una pendiente nevada hasta encallar en la nieve. Doce personas perdieron la vida instantáneamente, y lejos de terminar allí, comenzó lo que un documental de History Channel definió como “la historia de supervivencia más importante de todos los tiempos”.

En lo profundo de los Andes

El lugar donde quedó el fuselaje del avión es tan remoto que muchos de esos picos ni siquiera tenían nombre. Si bien ellos creían que estaban del lado chileno, algo que el copiloto sostuvo hasta su muerte, habían quedado dentro de la frontera argentina, en la alta cuenca del río Atuel (Malargüe), con el imponente cerro El Sosneado de frente, hacia el Este. A raíz de lo que pasó, posteriormente el trozo de hielo fue denominado “El Glaciar de las Lágrimas”.

“Somos gente que no conocíamos la nieve ni la altura, no teníamos recursos, éramos chicos, no era nuestro medio”, explica Carlos Páez Vilaró, uno de los 16 sobrevivientes, en diálogo exclusivo con Los Andes.

“Nuestra historia abarca todos los sectores sociales, desde el tipo más encumbrado al tipo más pobre. Es una historia de gente común, eso es lo que tiene de atractivo. No estábamos entrenados para vivirla”, agrega el uruguayo. “Era mi primer viaje en avión y pensaba en la mala suerte que tenía por haber perdido un día”, recuerda entre risas en cada charla que da Roy Harley, que en ese momento tenía tan solo 18 años. “No somos héroes, fuimos chicos comunes que queríamos vivir. Eso es importante, teníamos ganas de vivir”, insiste este otro sobreviviente.

Las noches de 15 grados bajo cero, el hambre, la sed, la falta de oxígeno y las heridas —muchas de gravedad— del accidente, son algunas de las enormes dificultades que debieron superar. Tan solo en la primera noche murieron cinco personas más de las que habían fallecido por la caída.

Durante los primeros días, los 28 compartieron una lata de mariscos, cuadrados de chocolate y un caramelo para alimentarse; no sin antes intentar comer suelas de zapatos, relleno de las butacas del avión o cuánto material vieran. Es que a esa altura todo es roca y hielo, no hay vida vegetal ni animal, salvo un cóndor que un día se elevó hasta allí percibiendo la muerte.

No sólo el ave carroñera acechó a los jóvenes uruguayos, también lo hizo la propia cordillera. Entre todas las desgracias, el grupo sufrió una avalancha que mató a otras ocho personas y dejó al resto encerrados en el fuselaje durante tres días.

De los 72 días que duró la gesta, los grupos de rescate trabajaron apenas los primeros diez antes de abandonar la búsqueda, noticia que ellos escucharon por radio. “Antes de ese día manteníamos alguna esperanza, después de aquello se desvaneció y solo se prolongaba el sufrimiento”, manifestó Fernando Nando Parrado en un documental.

Cuando el hambre empezó a transformarse en inanición, ya sin reservas de comida, el grupo decidió comer carne humana de los compañeros que ya habían muerto. La decisión, que hizo posible la supervivencia, fue acompañada por un pacto de que aquel que muriera dejaba su cuerpo a disposición como comida.

En ese punto, el grupo ya había debatido sobre hacer expediciones para buscar ayuda, y fue Nando Parrado, —había perdido a su madre y a su hermana en el accidente— el que tomó el liderazgo: “No me iba a morir sentado, iba a luchar hasta dejar de respirar”, reveló quien caminó 60 km en 10 días cruzando la montaña hacia el lado chileno, donde encontró a un puestero que envió ayuda. El 21 de diciembre, tras 70 días en lo más hondo y crudo de los Andes, los expedicionarios Parrado y Canessa fueron rescatados y, en los dos días siguientes, el resto de los 14 sobrevivientes.

El legado

“Los límites están en la mente, y en la cordillera los pulverizamos todos. Nos dijo un piloto del helicóptero de rescate que nos salvamos porque no sabíamos que era imposible”, declaró Gustavo Zerbino a History Channel para intentar explicar un poco su supervivencia. Más allá de lo épico de la historia, Carlos Páez Vilaró aclara: “No me gusta que se recuerde como una tragedia, tampoco como un milagro porque no lo fue”.

Y agregó: “Creo que Dios nos dio una mano, pero nosotros pusimos el resto. Debo haber sido el que más rezo en la cordillera, pero también es verdad que solamente rezando de la cordillera no se sale”. En conclusión, “la veo como un homenaje a la vida”, resumió en un famoso podcast argentino.

Los sobrevivientes coinciden en que no fue una tragedia, ni un milagro; y sostienen que lo más importante es el legado que dejó. Páez Vilaró explica la hazaña desde una frase de San Francisco de Asís, “que aplica a nuestra historia y a todas”: “Empieza por hacer lo necesario, luego lo que es posible, y te encontrarás haciendo lo imposible”. “Y fue exactamente lo que hicimos nosotros”, destaca.

El aniversario de los 50 años desde el accidente del avión “significa que es una historia antigua ya”, dice Carlos entre risas. Pero resalta que “lo que es increíble es que esté tan vigente, eso es lo que me llama la atención”. Por eso, “sí va a quedar un legado, porque es una historia de gente común, no es como el que escala el Everest que es un tipo que se entrena para hacerlo. Es una enseñanza de que el ser humano común puede”, afirma.

Como si perteneciera a otros, los hechos siguen impactando a sus protagonistas. Harley coincide: “Es una historia maravillosa que todavía sigue teniendo una vigencia impresionante. Eso es lo que más me impacta, la fuerza que esa historia sigue teniendo después de 50 años, la relevancia y el mensaje que deja”, dijo la televisión paraguaya. Cada año, y sobre todo en los aniversarios, los sobrevivientes dan cientos de charlas por todo el mundo contando los aprendizajes y el legado de su historia en los Andes.

“Creo que el legado va a seguir, hay 26 libros escritos, nueve documentales, tres películas y en este momento se empezó una mega producción para Netflix que se estrenará el año que viene. O sea que es una historia que ha seguido con el tiempo”, analiza Páez Vilaró.

Medio siglo más tarde, el uruguayo reconoce que la historia “está permanentemente en el día a día”, sobre todo en el interés de las personas por conocer más sobre ella.

“Yo trato de que la gente vea esta y sus propias cordilleras, porque acá cada uno tiene sus propias cordilleras. No es la mía la más importante. Esta tiene mucho marketing, mucho libro y mucha película, pero cada cual tiene su propia historia”, concluye “Carlitos” Páez Vilaró, antes de enviarle “un abrazo grande a todos los mendocinos”. Es decir, a los habitantes del lugar donde él y 15 personas más vivieron la historia de supervivencia más asombrosa hasta hoy conocida.

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