1 de octubre de 2012 - 23:54

¿Sociedad de masas o multitudes inteligentes?

Este artículo analiza probabilidades futuras de las relaciones socio-políticas y la participación. Pero así como en la física clásica la probabilidad puede considerarse una medida de la ignorancia del sujeto, por falta de información sobre algunas propiedades del fenómeno o sistema en estudio, en teoría cuántica la probabilidad adquiere un valor esencial no supeditado al estado del conocimiento del sujeto. Pasa aunque no se lo conozca.

Hace una década Howard Rehingold, escribió "Smart Mobs: La Próxima Revolución Social", donde analiza nuevas formas de sociabilidad a resultas de la interrelación entre las nuevas tecnologías de información y comunicaciones (TIC) con la organización social y el poder, sea éste personal, grupal, social.

Las TIC: internet, redes, móviles, computación ubicua han sido extensamente estudiadas. Las redes vinculan individuos en conjuntos de interesados, no meros usuarios o consumidores.

Mobs en inglés significa turbas, muchedumbre o multitudes, por ello el calificativo inteligente es clave para saber de que hablamos. Los smart mobs se caracterizan porque su crecimiento es exponencial, siguiendo la llamada ley de Melcaf, que sostiene que el valor de las redes aumenta con el número de miembros pero no aritméticamente sino que estima el potencial de comunicaciones en relación al cuadrado de estos.

 Otra ley "de Reed" afirma que la utilidad de grandes redes, en particular redes sociales, escala exponencialmente con el tamaño de la red pero que la valoración de Metcalfe es insuficientemente.

El real valor de las conexiones agregadas, no es sólo un miembro conectado a la red como un todo, sino que incluye además a los subconjuntos del todo, que agregan valor a la red independientemente del individuo o de su totalidad. Incluir los subconjuntos en el cálculo del valor de la red lo aumenta a mayor velocidad que si solamente consideraramos los individuos.

Los smart mobs son grupos cuyo comportamiento es "inteligente" o por lo menos "eficiente"; desmintiendo teorías que proponían que a mayor tamaño de la turba o muchedumbre aumenta la emoción y disminuye la razón.

Puede asociarse la noción de multitudes con el comportamiento inteligente, en tanto estas se enlazan con la red, adquieren información, toman decisiones, comunican y actúan en concordancia, sin obedecer jerarquías determinadas, sin que pueda encuadrarse en el comportamiento de manada.

Al responder a una información, una idea, un objetivo, lo que importa es el acuerdo, sin considerar quién lo formula y por el contrario es esta despersonalización un instrumento apto para crear sociedades más conscientes, participativas y responsables.

Javier Echeverría llamó a esta sociabilidad "telépolis", tercer entorno que superpone a lo natural y a lo urbano. Las relaciones que allí se generan no reemplazan las anteriores sino que agregan nuevos comportamientos, medios y fines.

Las multitudes inteligentes se organizan espontáneamente a través de Internet y de dispositivos móviles de comunicación con fines que puede variar de lo lúdico, como lo fue la "rateada colectiva" (mayo, 2010, Mendoza) a una fuerte convocatoria política como la primavera árabe, pero siempre son personas reales que interactúan libremente con un fin común.

Las movilizaciones políticas, siempre se apoyan o son mediadas por alguna tecnología específica, hojas periódicas e imprenta en la época de la independencia, bandos y sermones durante las guerras civiles, educación, ciudadanía y voto al ascenso de clases medias; radio en el acceso de los obreros.

Es inevitable que las TIC tuviesen también sus seguidores. Estas movilizaciones ciudadanas mediadas por estas tecnologías se producen desde finales de la guerra fría e implican un real desafío para los sociólogos que estudian los fenómenos de masas. La accesibilidad a Internet y tecnologías móviles por un creciente segmento de la sociedad, genera nuevos modos de organización social, cultural y política.

En esta interrelación de los actores sociales con las TIC, se crea un nuevo sistema cuya arquitectura se orienta a producir eventos, construida de abajo hacia arriba con capacidad de disparar procesos y acciones en tiempo real.
 
Algunos destacaban un posible efecto de deshumanización como costo por el uso intensivo de estas tecnología: el aislamiento y la pérdida de relaciones sociales reales, pero va quedando claro que la comunicación mediada por TIC genera nuevas formas de sociabilidad y construye contextos e identidades compartidas.

La dinámica de las TIC sorprende; la web 1.0 aún no completaba su desarrollo cuando surge la web 2.0, tras ésta, la llamada Web², o "Web Squared" que conecta objetos y sensores, interfase de tecnologías de la web social con el objetos del mundo real conectado a internet. El bit cuadrado de la web² hace referencia a lo expuesto, que la web no crece aritméticamente, sino en forma exponencial. Incluye la web semántica, es conexión en tiempo real, para leer, escribir, socializar y vivir.

Esta infraestructura apoya acciones colectivas en las que individuos espacialmente disgregados en el territorio (global o local) se unen a partir de la comunicación mediante dispositivos móviles confluyendo en uno o varios lugares determinados.

Se dice que la web² es para vivir, porque la vida contemporánea se realiza también en una pluralidad de redes que abren un espacio relacional; posibilitando compromisos más abiertos que cuando la proximidad era la dimensión determinante.
 
Puede no comprenderse la intencionalidad que convoca a este con-vivir, pero lo que verdaderamente importa es el hecho resultante: una acción colectiva, aunque las intenciones individuales difieran.
 
Muchas acciones colectivas presentan esta característica: las elecciones, deciden quién ocupará un cargo, más allá de las razones que llevaron a cada votante a hacerlo, éstas pueden ser muy diversas, diferentes, hasta contrapuestas.

La sociedad industrial apoyó la democracia como la forma de gobierno que preservaba sus relaciones de producción de la arbitrariedad política con el fundamento de la igualdad y limitada por la posibilidad de alternancia.

El principio de la mayoría incorporó nuevos actores a la escena política, en el siglo pasado y conformó la sociedad de masas. Hoy la multitud emerge como una convergencia de software, información, comunicación, e intereses o ideas de los individuos para dar paso a formas, aún inestables, de inteligencia colectiva, con nuevas fuerzas y potencialidad.

Si acordamos que ayer, hoy era mañana, el político del futuro debe entenderlo hoy.

Las opiniones vertidas en este espacio, no necesariamente coinciden con la línea editorial de Diario Los Andes.

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