Tiene el país una larga historia de leyes de amnistía y decretos de indultos. No es lo mismo amnistía que indulto. La amnistía borra el delito, el indulto condena la pena.
Tiene el país una larga historia de leyes de amnistía y decretos de indultos. No es lo mismo amnistía que indulto. La amnistía borra el delito, el indulto condena la pena.
Ya en la primera década luego de la Revolución de Mayo hubo amnistías, como la dada a los integrantes del primer triunvirato o al presidente de la Primera Junta, Cornelio Saavedra. En la provincia de Buenos Aires se dictó la “ley de olvido” en la administración Martín Rodríguez.
La hubo, también, cuando acordaron el general Lavalle y Rosas el fin de la guerra, iniciada con el derrocamiento de Manuel Dorrego. Por su parte, Rosas, aplicó el indulto en varias ocasiones, favoreciendo a militares como Gregorio Aráoz de Lamadrid y el general José María Paz.
Los hubo durante las guerras civiles posteriores, como el que benefició a Mitre luego de la revolución de 1874 o a Ricardo López Jordán y a los participantes de las revoluciones radicales de fin del siglo XIX y de 1905.
Arturo Frondizi logró que el Congreso aprobara una ley de amnistía, que, favoreció a los legisladores nacionales del peronismo. Estos estaban detenidos, acusados, de violar el artículo 29 de la Constitución, que, declara infames traidores a la patria a quienes otorguen facultades extraordinarias al presidente.
En 1973 al asumir Héctor Cámpora, el Congreso sancionó una amnistía que beneficio a guerrilleros y que ya estaban en libertad, por el desorden imperante, en cuanto este personaje menor se hizo cargo del gobierno.
El que esto escribe, firmó, una declaración junto con el ex diputado nacional Manny Lalor, advirtiendo que esos terroristas en libertad volverían a ensangrentar las calles del país, advertencia que se concretó en esos años de guerrilla y represión ilegal.
Con la asunción de Alfonsín no hubo amnistías, como prometió el candidato peronista Luder y que convalidaba la auto amnistía, decretada por el general Bignone, último presidente de la dictadura. Juzgados y condenados a prisión los titulares de la Junta Militar que derrocó el gobierno de Isabel Perón, como asimismo López Rega, responsable de bandas parapoliciales y jefes guerrilleros como Firmenich, fueron indultados por Menem y vueltos a encarcelar, solamente los militares, luego de la declaración de inconstitucionalidad por parte de la Corte Suprema.
Hoy se habla otra vez de indultos, por parte de dirigentes importantes, como el ex presidente Eduardo Duhalde.
Por su parte el presidente Macri dijo que su padre fue parte del sistema de extorsiones del kirchnerismo; esta expresión da lugar a poner a los empresarios en víctimas cuando el sistema de sobornos en la obra pública ya existía, y los peajes fueron un ejemplo lamentable al que los Kirchner incrementaron e inventaron seudos empresarios.
La diferencia es que ahora no se trata de delitos políticos, sino que se pretende indultar a los empresarios y gobernantes que participaron del saqueo instalado en el país por parte de la familia Kirchner, esto sin negar que hubo corrupción en los gobiernos anteriores y que empresarios como los de la Cámara de la Construcción y la llamada “camarita”, que agrupa a los concesionarios viales, viene robando a los argentinos con sobreprecios y casillas de pillaje como son las de peaje implantado en 1990.
Es decir, estamos hablando de delitos comunes, porque la Argentina ha sido robada por ese contubernio entre empresarios corruptos y ladrones públicos.
Es muy difícil acabar con la corrupción pero una manera de disminuirla es evitar la impunidad. Debe quedar claro que el que “las hace, las paga”. Porque si se concretaran indultos, el descrédito de la política puede ser terminal y en ese caso aquí puede pasar cualquier cosa. Porque no olvidemos que la Argentina inclusiva y con posibilidades de ascenso terminó hace tiempo y que los que prometieron livianamente la pobreza cero, hasta ahora, han fracasado.