Hojas jóvenes:
Hojas jóvenes:
- Cara superior: manchas amarillentas de aspecto acuoso. Observadas al sol se nota una transparencia similar a una "mancha de aceite". Las manchas son más bien circulares y se desarrollan sin respetar las nervaduras (o venas) de las hojas; al avanzar la enfermedad comienza a secarse la hoja desde el centro de la mancha.
- Cara inferior: sobre la parte inferior de las manchas, al principio puede observarse una eflorescencia algodonosa de color blanco que luego se va oscureciendo.
Hojas maduras:
- Cara superior: al principio, lesiones de aspecto amarillento y forma pentagonal delimitadas por las nervaduras. Esto les da un aspecto de "parches de tapicero". Estas lesiones rápidamente se secan, tornándose color pardo claro a oscuro con aspecto de "mosaico".
- Cara inferior: sobre la parte inferior de las manchas puede observarse una eflorescencia algodonosa de color blanco que luego se va oscureciendo.
Flores y frutos tempranos:
- Las flores y frutos pequeños detienen su crecimiento y cambian de color al verde grisáceo o parduzco, luego se secan y caen.
- El escobajo se pone color verde grisáceo o parduzco y se espirala tomando forma de "S", la enfermedad avanza hasta afectar todo el racimo.
Si hay condiciones favorables para el hongo, flores, frutos pequeños y escobajo se cubren de abundante eflorescencia blanca.
Frutos avanzados:
- Hay retraso de crecimiento de la baya, aparece un color castaño, luego se deshidrata tomando el aspecto de pasa reseca.
Después de envero ya no hay posibilidad de que entre la enfermedad por el fruto, debido a que los estomas y lenticelas a través de los cuales entra la enfermedad dejan de ser funcionales.
Caída de hojas:
Puede haber caída total de hojas, especialmente si se produce un brote de la enfermedad cerca de la madurez de los racimos. En hojas jóvenes, si la superficie afectada supera el 30%, éstas pueden caerse. En hojas maduras la superficie afectada debe superar el 50% para que la caída suceda. La caída intensa de hojas provoca falta de madurez de bayas, lo que produce luego vinos ácidos y de muy mala calidad. Consecuentemente, se atrasa la cosecha, aumentando las probabilidades de que el viñedo sufra daños por granizo y podredumbres.