El gobernador Francisco Pérez volvió de sus vacaciones pensando en la forma más idónea de atravesar el año electoral, que tendrá más complicaciones desde el plano económico de las que él mismo quisiera. Es que, como es sabido, en estos tiempos, las complicaciones políticas consumen mucho esfuerzo y si a eso hay que añadirle el plano económico, no pinta un año tranquilo.
Los primeros anuncios del Gobernador fueron los incrementos en el precio de la luz y del boleto de colectivo. ¿Por qué tan rápido? Básicamente porque es preferible hacer estos anuncios ahora, no volver a desgastarse con ellos durante el año y si hay que hacer algún ajuste, esto vendrá después de las elecciones.
En el caso de la luz, hay que aclarar que estos aumentos son básicamente destinados a aumentar la retribución de las distribuidoras, que están en una situación caótica e incluso algunas no han podido pagar el último aumento salarial. Dada la presión de Oscar Lezcano, titular del gremio de Luz y Fuerza, desde el ministerio de Planificación liberaron a las provincias.
Por ahora, y por el mecanismo propuesto por el EPRE, se harían ajustes trimestrales cercanos al 5% y esto sería independiente de los aumentos que pudieran surgir desde la Nación por disminución parcial o total de subsidios. De todos modos. Una fórmula gradual anticipada le permite al gobierno presionar a las distribuidoras por mayores inversiones.
En el caso del boleto de colectivo, ya habíamos anticipado que era inevitable y la realidad que el error fue no haberlas adecuado durante el gobierno de Jaque, cuando Pérez era el ministro del área a cargo del tema.
Si bien el aumento fue justificado por las mejoras en el sistema y no por los mayores costos o la inflación (en Mendoza no existe), la verdad es que habían pedidos de las empresas por el aumento de los combustibles y otros gastos generales.
En el anuncio, el director de Transporte dejó entrever que no habría nuevos aumentos en el año, pero eso es imposible de sostener.
Cabe recordar que el gobierno nacional congeló el monto de subsidios al transporte público y dejó claro que cualquier aumento de costos deberá ser trasladado a precios o subsidiado por las provincias. La perspectiva es que los combustibles aumenten cerca de un 30% este año, pero lo más complejo serán las paritarias con los choferes.
El 65% de los subsidios actuales es para ayudar a pagar sueldos y un nuevo aumento salarial no tendría cobertura nacional y debería ir totalmente a la tarifa. De todos modos, es verdad que Mendoza tiene la tarifa más baja, pero eso es por los subsidios que paga el gobierno provincial. Pero no tiene techo para pagar una fiesta interminable.
Los contratiempos cambiarios y la inflación
La producción local tendrá un año complejo por la pérdida de competitividad generada por una combinación de inflación y desactualización o revaluación real del tipo de cambio para los exportadores.
Este problema se verá reflejado en los precios que se pague al productor primario. El tema ya surgió con el durazno, en el que el gobierno armó un fideicomiso para ayudar a los sectores industriales y se fijó un precio base, dejando la puerta abierta para que los productores puedan obtener mayor valor si mejora el precio final de mercado.
En el sector vitivinícola se está viviendo un tiempo de pujas silenciosas. Salvo los que forman parte de un sistema de integración, el resto está guardando las cartas para el final.
La mayoría piensa esperar hasta los últimos días para ver si el clima juega una mala pasada y les permite mejorar los precios de sus productos.
En el caso del mosto, algunos industriales pensaban que el precio de la uva podría bajar si hay más producción, pero si hay una mayor demanda, la oferta quedará totalmente colocada. Nadie quiere hacer movimientos y esperará casi hasta el final del ciclo para ver qué puede obtener.
En el caso olivícola el problema es mayor. Sabemos que la mayor demanda está en Brasil y subsisten problemas de trabas a los productos argentinos. Además, la economía brasileña no está respondiendo como se esperaba.
Otro de los rubros que está expectante es el del turismo, ya que tendremos un récord de feriados en 2013. No obstante, ha disminuido el turismo extranjero y nuestros precios no tientan como antes para compras, más allá de algún recuerdo típico. El sector directamente ligado podrá tener un año aceptable, pero no será como antaño.
El panorama es más complejo en el sector comercial. Dependiendo cada vez más del consumo local, el comercio tendrá un año muy complicado. En todo el sector de textiles e indumentaria se encuentran cada vez con más gente que aprovecha cualquier viaje para comprar fuera de la provincia.
Es que los precios de Mendoza son mucho más caros en este rubro y alientan a los mendocinos a cuidar su poder adquisitivo viajando a otras provincias o a Chile.
En lo que hace a tecnología y electrónica, lo único que se consigue es producción nacional, de tecnología antigua y al doble de precio de los que puede comprar en Chile la última tecnología.
Los que pueden cruzan la cordillera y los que no, apelan a tarjetas y ciertos planes para comprar tecnología en desuso en el mundo.
Por otra parte, los sectores del comercio se quejan por la desarticulación del Instituto de Desarrollo Comercial, que en su momento fue creado para que los comerciantes tradicionales pudieran ganar competitividad frente a las grandes superficies y ahora ha sido transformado en una comercializadora de productos primarios en otras provincias.
Todo esto repercutirá en el nivel de empleo y en la recaudación. Para que quede claro, las causas están en el tipo de cambio y en la inflación, que el gobierno provincial no puede solucionar, pero las autoridades locales agravan el problema con mayores impuestos y tasas municipales.
Es un año electoral. Habrá conflictividad grande por las paritarias de los distintos gremios y muchos querrán sacar partido de la situación para obtener algún rédito político. Es indudable, no será un año fácil.