10 de mayo de 2013 - 23:27

Señales inconfundibles, pero inconfesables

Cada vez que aparecía una crisis económica, el gobierno recurría a alguna forma de financiamiento: mayor endeudamiento, confiscación de depósitos o apropiación de activos, pero lo último es lo más creativo: tomar deuda a tenedores de moneda ilegal a cambio de blanquearla sin costo alguno.

Queda claramente explicitada y sobre la mesa la preocupación del gobierno por la pérdida sistemática de reservas y también la imposibilidad de recomponerlas, a pesar de tener un año tranquilo en materia de obligaciones.

En lo que va de 2013 el Banco Central perdió reservas por 3.800 millones de dólares. No obstante, durante abril el complejo cerealero liquidó exportaciones por más de 3.000 millones de dólares, cifra que supera en un 16% a lo liquidado en 2012 y en un 24% a lo de 2011.

Esto significa que no se puede imputar a los productores una actitud especulativa ya que liquidaron más de lo que esperaba. No obstante, en abril el BCRA perdió 700 millones de dólares. Como alguien referenció, es como tener una heladería y no vender helados en enero. Abril y mayo son los meses en los que se debería crecer, nunca decrecer.

Sin embargo, entre los rubros previstos, aparecieron mayores importaciones de combustibles, más importaciones privadas y casi 1.000 millones de dólares de gastos en turismo (entre viajes y el “dólar Colonia” sacado de cajeros con tarjeta de crédito).

Con este panorama a la vista, la Presidenta les había pedido a los integrantes de su equipo económico que pergeñaran medidas para recomponer las reservas y de ahí la aparición de estos bonos para blanquear capitales en la marginalidad. El gobierno reconoce que los argentinos tienen unos 40.000 millones en los colchones o cajas de seguridad y otros 120.000 en el extranjero y se contenta con que se blanqueen entre 4.000 y 5.000 millones.

Más allá de la inmoralidad que significan los blanqueos, Argentina abre las puertas para transformarse, durante 90 días, en un paraíso fiscal. Los funcionarios que trabajan contra el lavado de dinero deberán tomarse vacaciones y el país deberá dar explicaciones ante los foros internacionales, donde ya es cuestionado por la laxitud de los controles. El más reciente fue el fiscal encargado de investigar que excluyó expresamente a Lázaro Báez de una investigación.

El fracaso de YPF

Otro tema que queda al descubierto es el fracaso en la estrategia de estatización de la empresa petrolera. Con el objetivo de alcanzar la “soberanía energética” hoy estamos frente a aumentos en las importaciones de luz, gas o naftas, con la agravante de que los combustibles siguen baratos mientras aplicaron un dudoso congelamiento que no tiene nada de frío, porque los precios siguen creciendo.

Cuando el gobierno expropió YPF, la empresa ya había sufrido una pérdida de su calificación crediticia, la cual se agravó a partir de ese momento, pero los funcionarios que idearon su traspaso al Estado creían que tenía una poderosa caja de la cual se pagarían las importaciones de combustibles y las nuevas exploraciones, algo que nunca pudo ocurrir.

La realidad es que YPF no consigue crédito internacional y el endeudamiento interno es caro y a corto plazo. De ahí que este año se dispusiera crear un Fondo con reservas del BCRA por 2.000 millones de dólares para financiar nuevas exploraciones.

Y ahora se crea un bono destinado a financiar lo mismo junto a las importaciones de combustible financiado con la única fuente que le queda por explorar: el lavado de dinero.

Además, la empresa petrolera no consigue anudar ningún negocio para asociar a compañías petroleras internacionales para encarar la explotación de los yacimientos de shale-gas y shale-oil porque los inversores no encuentran garantías para ingresar sus capitales en Argentina.

Es otro fracaso de voluntarismo ideologista que parte de la negación de la evidencia para justificar cualquier cosa. Esta forma de negar la realidad, tal como hacen con la inflación, ya se acerca a una conducta patológica.

Una historia repetida

Cuando Domingo Cavallo formuló el Plan de Convertibilidad, en 1991, lo hizo bajo la convicción de que los argentinos ya habían adoptado al dólar como moneda de atesoramiento para protegerse de las erráticas políticas económicas que llevaban inevitablemente a la inflación y se consumían sus ahorros.

Por eso ideó un programa bimonetario que permitió legalizar los dólares que la gente tenía en los colchones, les permitió que circularan libre y legalmente y hasta se podían abrir cuentas bancarias y hacer plazos fijos. Esa decisión, sumada a la limitación para que no se pudiera emitir moneda sin respaldo en dólares, fueron las que permitieron monetizar rápidamente la economía y conseguir la reactivación en un término rápido.

Hoy, Axel Kicillof reconoce que los argentinos ahorran en dólares, pide que no se criminalice la tenencia de dólares pero se lo pide a la oposición en lugar de hacer un mea culpa, y además dice que la pesificación es un éxito. Realmente, la cadena de incongruencias es asombrosa.

Solo resta saber si aquellos que compraron dólares y aprovecharon para ocultarlos aceptarán la oferta del gobierno para exteriorizar esta tenencia de capitales. Los ahorristas tienen mucho que perder si el gobierno, por una urgencia, decide no devolver los dólares, posterga la misma o prefiere canjearlos al tipo de cambio oficial.

En esta situación, los más tentados serán los que tienen dólares de extraño origen y, ya sea por sí o por testaferros, aprovechar a blanquear una parte de lo que tengan, aunque hay que reconocer que un paraíso fiscal de 90 días no es tan atractivo como un paraíso permanente, donde las reglas de juego son más estables.

En todo momento el gobierno ha evitado cualquier referencia a la inflación y siguen negándola, cuando este proceso ha sido el que volcó a los argentinos a atesorar en dólares ante el evidente atraso cambiario que se producía por el estancamiento en el avance del dólar oficial.

La realidad es que, si el gobierno anunciara medidas que indicaran que está en el camino de disminuir la inflación, no necesitaría de esta batería de parches inútiles que lo único que hacen es agregar más distorsiones a una economía llena de confusión.

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