5 de abril de 2013 - 22:26

Seguimos acumulando distorsiones

“Vale recordar que la fijación de un precio arbitrario para el barril de petróleo, mucho menor que el precio internacional, hace que la Provincia haya perdido más de 1.500 millones de dólares por regalías en los últimos 10 años”.

La economía argentina viene caminando por una senda peligrosa, por la cual, para mantener los objetivos del gobierno, se han ido acumulando muchas distorsiones que alteran los precios relativos, generando burbujas de bienestar pasajeras. En la medida que estas distorsiones no se corrijan rápidamente, colapsarán en algún momento y habrá que hacerlo todo de golpe, siguiendo la historia de correcciones bruscas que ya hemos conocido.

Vamos a repasar algunas de ellas para tener una idea clara del tema:

1) Tarifas de servicios públicos:

cuando se produjo la pesificación asimétrica en 2002, las tarifas, que estaban en dólares en la convertibilidad, fueron congeladas en el mismo valor pero en pesos, lo que implicó una rebaja del 60% en dólares.

Nunca se quiso avanzar en la actualización para reconocer los mayores costos, y para evitar aumentos de tarifas, el gobierno comenzó a subsidiar las mismas. Al día de hoy, persisten los subsidios a la electricidad (aunque se ha quitado en ciertos barrios y a determinadas actividades), el gas, combustibles y transporte público.

En el caso de la energía el costo de la distorsión es gravísimo. Se gastan 15.000 millones de dólares anuales para importar combustibles, gas y electricidad y, además, los montos de los subsidios en este sector están cerca de los 60.000 millones de pesos anuales.

En el caso del transporte público el problema es más complejo. Las empresas reciben una compensación o subsidio por el consumo de combustibles, que ya está subsidiado, y además otro subsidio para pagar aumentos salariales. Además, como en el caso de Mendoza, el gobierno provincial también subsidia la tarifa.

Todos estos subsidios han generado una sensación de mayor poder de compra en los salarios y, ante tanta energía barata, un estímulo al consumo excesivo. En la medida que los valores se comiencen a sincerar, las ecuaciones van a cambiar significativamente.

2) Cepo cambiario:

se denominó así a la decisión del gobierno de prohibir la libre compra de divisas extranjeras a ciudadanos y empresas, ya sea en casas de cambio como en bancos. La idea fue proteger las reservas del Banco Central ante la clara fuga de capitales que se venía registrando. Con todo, el BCRA perdió 6.000 millones de dólares de reservas el año pasado.

El cepo se complementó con prohibiciones para importar, bajo el mecanismo de licencias no automáticas. Estas restricciones afectaron sistemas productivos que dependían de insumos importados, porque había que conseguir el permiso para importar y luego las divisas para pagar, y no siempre se conseguían las dos cosas.

Pero como todas las regulaciones tienen  fugas, al gobierno se le escapó el tema del turismo y las compras en el exterior con tarjetas de crédito. Ante el atraso cambiario generado por la inflación, los argentinos, al no poder comprar dólares, aprovecharon a viajar y comprar en dólares oficiales en el exterior. Cuando la AFIP se dio cuenta de esta salida, puso un gravamen del 15% para compras en el exterior, que recientemente aumentó a 20% y lo extendió al precio de los paquetes turísticos y pasajes al exterior.

Así se constituyó el “dólar turista”, que es un 20% más caro que el oficial ($ 6,20 aproximadamente), pero que sigue siendo mucho más barato que el dólar blue. Según cálculos de la cámara que agrupa a los negocios de electrónica, en 2012 los argentinos compraron en el exterior casi 1 millón de artículos electrónicos (televisores, teléfonos, notebooks, netbooks y tablet), lo que significó un 200% de aumento respecto de 2011 y un 900% más que en 2010. Esta es una clara distorsión por aplicación del cepo cambiario, que es una distorsión en sí misma.

Las limitaciones a las exportaciones, en principio, parecen haber desaparecido, ya que el gobierno dejó sin efecto las licencias no automáticas, pero sigue poniendo obstáculos para autorizar el ingreso de mercadería de Brasil, por ejemplo.

3) Inflación:

es la mayor de las distorsiones, porque altera los precios relativos. Aparte de la gravedad del proceso en sí mismo, el gobierno lo agrava mintiendo sobre las cifras reales, lo que genera mayor desconcierto y, en buena medida, alienta más la inflación, ya que, ante el miedo a perder, todos tratar de sacar la mayor porción.

El ocultamiento de la inflación genera otras distorsiones, por ejemplo en el plano impositivo. El gobierno debería actualizar, con la inflación, las bases imponibles del impuesto a las Ganancias, tanto para trabajadores en relación de dependencia como para autónomos. Al no hacerlo, cada vez más personas son alcanzadas por el impuesto.

Lo mismo ocurre con las actualizaciones de las escalas que gravan el impuesto al patrimonio. La continua revaluación de inmuebles y automotores hace que con patrimonios muy pequeños haya que pagar este impuesto, que nació como “a la riqueza”. De la misma forma están desnaturalizando el monotributo, ya que se aumentan las cuotas pero no se actualizan las escalas de ingresos y cada vez menos personas pueden permanecer en el régimen.

La inflación es generada y estimulada por el Estado y altera todos los sistemas de relación. Los que venden bienes transables van actualizando los valores pero los que venden servicios no pueden aumentar en la misma medida.

4) Coparticipación:

el gobierno nacional ha ido distorsionando la relación que debería existir entre Nación y provincias y no se respetan los porcentajes fijados por la ley. Las provincias deben asumir cada vez más responsabilidades y no llegan los fondos suficientes. Ante esta realidad, las provincias están aumentando impuestos, que, sumados a la inflación, están impactando en el nivel de actividad.

Además, se mantiene la retención del 15% de la masa coparticipable que las provincias cedieron en 1998 para financiar al Pami y a la Anses. Esta cesión se hizo por un convenio que finalizó en 2008 y la Nación la estiró arbitrariamente.

Para el caso de Mendoza, además, vale recordar que la fijación de un precio arbitrario para el barril de petróleo, mucho menor que el precio internacional, hace que la Provincia haya perdido más de 1.500 millones de dólares por regalías en los últimos 10 años.

Hay muchas más distorsiones, pero solo estas generan desequilibrios muy grandes en la economía. No se pueden solucionar de golpe, pero deberán hacerlo en forma paulatina antes de que la realidad las ajuste sin pedir permiso.

LAS MAS LEIDAS