Siempre le gustó el blues y es el género que mejor le sienta a la armónica, el instrumento que eligió Sandra Vazquez a los 20 años, y no paró de tocar.
Siempre le gustó el blues y es el género que mejor le sienta a la armónica, el instrumento que eligió Sandra Vazquez a los 20 años, y no paró de tocar.
Por ese entonces, discos de Bob Dylan, el blues de Chicago y algo de rock internacional eran su escuela. Luego conoció a León Gieco, y unos meses después ella y su armónica salieron a recorrer los escenarios más convocantes de todo el país.
Hoy, después de haber grabado su primer disco y DVD “Pateando el tablero”, la artista agita la escena independiente del blues, aportando una fresca mirada a clásicos del género y de la música nacional.
Su álbum debut, fruto del financiamiento colectivo, fue nominado a los premios Gardel y se alzó con la estatuilla a Mejor Álbum Nuevo Artista de Rock.
Las chicas quieren blues
Sin importar demasiado las etiquetas, remó en un ambiente familiarizado con los hombres y derribó el prejuicio de que tocar la armónica era cosa de chicos. Sin un camino trazado se va alimentando del intercambio entre la gente y así expande su arte.
“Laburo de manera independiente, asique recién ahora estoy armando un equipo de trabajo. Porque generalmente no llego por el tiempo a armar un show”, sostiene Sandra Vázquez quien para este año planea generar una gira por distintas provincias con su banda.
Temas como “Ruta 66”, “Una casa con 10 pinos” y hasta “Hay de mí”, de Charly García, son algunas de las versiones que se pueden escuchar en su disco grabado en vivo en La Trastienda Club.
- Pasaron muchos años hasta que grabaste tu primer álbum...
- Tardé bastante en sacarlo. Hace 20 años que me dedico a esto y recién ahora saqué un disco, pero todo lo demás se aceleró. Las cosas se dan cuando tienen que ser. Hice un disco en vivo, que se grabó en una sola toma, con una producción independiente. Cuando terminé de hacerlo lo puse en un financiamiento colectivo, y la gente en seis días lo financió.
Yo había hecho un proyecto para 37 días, entonces me sobraban días. Y propuse hacer un video de una de las canciones que eligió la gente. Fue “María del campo”, el tema difusión. Y la gente financió el videoclip y junté tres veces más de lo que yo pedí en el proyecto. Y el video lo lancé hace un mes, y tiene como característica que la gente que lo financió está como extra en el clip.
- ¿Por qué el blues y no otros estilos?
- Cómo empecé a tocar la armónica, es uno de los instrumentos que se siente cómodo en el blues. Después uno se puede tirar para otros géneros. Es como el lugar donde uno empieza, a eso se le suma que siempre me gustó el blues, y empecé desde ahí. Después me abrí y hay algunas cosas que son más rockeras.
Tampoco me gusta encuadrarme demasiado, hago la música que me gusta. Estoy abierta a incorporar otros instrumentos que no sean del blues, si me cuadra el reggae lo hago.
-¿Es difícil siendo mujer tocar la armónica?
- Eso lo sentí cuando empecé, porque en ese momento nadie tocaba la armónica, y era un ambiente de hombres. Nunca me importó demasiado, y siempre me llevé bien trabajando con los hombres.
Después que empecé a tocar en lugares más masivos, y sucedió que la mitad de mis alumnos eran mujeres. Eso no pasaba antes, hubo un cambio de miradas y está bueno.
- ¿León Gieco es un padrino artístico para vos?
- Sí, totalmente. Yo lo conocí en 2001 y empecé a tocar con él como artista invitada, en festivales como Cosquín, Quilmes Rock o el teatro Ópera. Siempre tocaba unos temas de invitada y la gente me conoció a partir de ahí. Yo a León lo considero un amigo y un padrino artístico. Tuve la suerte de que participe en mi primer material, junto a Ricardo Tapia, Don Viraloma, Ciro Fogliatta, Daniel Rafo.
- ¿Se te dio por componer?
- Por el momento estoy dedicada a hacer versiones de otros temas. Me siento cómoda en ese lugar, tengo un par de temas que son míos, en el disco grabé un tema instrumental propio.
Pero me siento cómoda y me divierte. La idea es hacer versiones que esté despegadas de la versión original, como por ejemplo “María del Campo” o “De mí” de Charly García. Pero mientras voy trabajando cosas mías, para en algún momento grabarlas.
- Siendo parte de la escena, ¿cómo ves la movida autogestiva ?
- Por ejemplo el año pasado di dos charlas en las universidades. Me llaman para que cuente la experiencia de la autogestión. Hay cosas que voy haciendo y se van dando. Uno no va siguiendo un camino, sino que lo vas armando a medida que lo haces. Eso es lo difícil, porque no hay nada trazado. Cada tanto encuentro gente que me gusta y aprendo de como trabajan ellos.
Una cosa que utilizo mucho es el intercambio, porque lo que nos sobra a los músicos independientes es tiempo, y lo que nos falta es plata. Y el tiempo es oro. Por ejemplo una vez agarré y abrí en un día un curso de armónica, para gente que no tuviera plata para pagarlo.
Entonces se anotaron 27 personas y empecé a darles clases grupales a ellos, y cuando tenía un show les mandaba un mail en cadena, con una lista de todo lo que necesitaba.
Y cada uno se anotaba en lo que podía hacer, y hacíamos ese intercambio. Yo tenía resuelto el catering, el flete para los músicos, otro me diseñaba el afiche, otro repartía volantes. Muchas veces los artistas no se dan cuenta que muchas personas alrededor nuestro quieren ser parte de lo que nosotros hacemos.
Entonces lo único que tiene que hacer uno es organizar a la gente, abrir la puerta y dejarlos pasar. Uno va al camino armado, pero si vos buscas desde otro lugar lo conseguís, yo en una tarde junté a 27 personas que tenían ganas de trabajar para mí y yo para ellos.