Si la Argentina pudiera describirse con el nombre de un plato,
Si la Argentina pudiera describirse con el nombre de un plato,
Takehiro Ohno
pensaría en cocinar “un buen locro: llevaría tres días de preparación, no podría hacerse de un día para otro, sería como un guiso de estilo español que adaptó los ingredientes. Y el primer ingrediente en notarse sería el amor”. El chef japonés que muestra su arte en Elgourmet (conduce “Okashi. Dulces Ohno”), adoptó al país como suyo hace 17 años: “Mi parte humana estaba escondida. Yo tenía que ser japonés, pero aquí solté al humano. La Argentina me enseñó sentimientos”.
Nacido en Hokkaido, descendiente de samurais, su abuelo participó de la Revolución de Meiji. A los 46 años, es Takehiro quien intenta participar de “otra revolución, la de los sabores”. Es especialista en cocina vasca desde que estudió cocina y nutrición en Osaka. Su aterrizaje en España lo obligó a aprender un idioma desconocido, del que sólo sabía pronunciar la palabra “cebolla”. Su cruce con el chef Fernando Trocca fue el puente hacia el país que le dio “esposa, hijos y un lugar en la TV”.
“La Argentina me quitó esos prejuicios que hay en Japón acerca de mostrar los sentimientos. Yo ahora también tengo ganas de abrazar a la gente. También tuve alguna vez ganas de llorar, pero en Japón, si llorás eres un hombre flojo. En ese sentido, ya soy argentino”, asegura. Hoy, con un ciclo dedicado a los dulces japoneses, vuelve a formar parte de la renovación de imagen de la señal Elgourmet. Su programa puede verse los domingos a las 22.30, lunes a las 6.30, martes a las 15, los miércoles a las 8, 14 y 20, los jueves a las 16.30, viernes a las 22 y sábados a las 6 y a las 21.30.
“Este país tiene una creatividad increíble y eso es gracias a la libertad. Los canales japoneses de televisión enfocan más los programas de cocina a las amas de casa y no a lo artístico como acá”, juzga. “Siento que la señal está creciendo a la par de la cocina argentina. Cuando yo llegué, hace 17 años, no había sushi, ni mucha oportunidad de presentar comida asiática. Pero siempre digo que yo, más que cocinar, presento cultura de Asia para América latina. Siento responsabilidad al hacerlo, estudio para eso, porque si me equivoco, América Latina se equivoca”.
Cuando mira atrás, se recuerda entre una madre repostera y un padre hotelero, en pleno enamoramiento de lo que sería su vocación. Podrá extrañar el ozoni (sopa japonesa) y los osechi ryori (alimentos tradicionales de año nuevo), cambiarán los nombres de sus platos y el entorno, pero sabe que hay algo que no muta: “Comida no es llenar la panza. Es espíritu y cultura. El primer ingrediente que se nota es el amor”.