Con el tiempo, a medida que se popularizaron, les fueron atribuidas propiedades de todo tipo: los hay para ahuyentar las malas energías y atraer las buenas, para conciliar el sueño o despertar pasiones o simplemente, impregnar el ambiente con aromas a lavanda, limón, vainilla o sándalo, entre otros. Elaborados con productos que prometen ser naturales y en muchos casos armados de manera artesanal, los inciensos se venden como pan caliente en supermercados, dietéticas, santerías y negocios dedicados a la venta de artículos ligados a lo místico.
Lo cierto, es que si bien su utilización ha llegado a ser un hábito casi obligado en muchos hogares al momento de buscar ese ansiado momento de relax, estas varitas están desaconsejadas desde el punto de vista médico. Ocurre que al quemarse, su humo contiene sustancias tóxicas que se esparcen en el ambiente y son nocivas para el organismo. Inclusive, dependiendo de la concentración obtenida por la combustión, algunos estudios científicos efectuados recientemente en Oriente advierten que sus efectos adversos en lugares cerrados pueden llegar a superar a los del tabaco.
Uno de ellos es el que llevó adelante el médico chino Rong Zhou, de la Universidad China de Tecnología del Sur. Entre las conclusiones que fueron difundidas figura que el humo de los sahumerios “es más mutagénico, genotóxico y citotóxico que el del cigarrillo”. Esto, según Zhou, genera un potencial riesgo de padecer mutaciones genéticas, cáncer y cambios en las células de ADN de las personas expuestas de manera prolongada y constante a este humo que aparenta ser inocuo para la salud.
En Mendoza, los especialistas también han llamado la atención sobre la utilización de productos que en lugar de ser beneficiosos para la salud, se ubican entre los llamados contaminantes ambientales. Si bien las sustancias utilizadas para fabricarlos son tan variadas como los tipos existentes de sahumerios, algunos están armados a base de caña de bambú, aserrín, aceites esenciales, carbón, nitrato de potasio, alcohol, colorantes y resina.
Sergio Saracco, jefe del departamento de Toxicología de la provincia, aclaró que aunque estos compuestos aparenten no ser nocivos, se trata de sustancias orgánicas que cuando se queman desprenden monóxido de carbono, formaldehídos, bencenos y partículas finas. Procesos inflamatorios y alérgicos, estornudos, nariz irritada, dolor de cabeza, ojos llorosos y sequedad en boca y garganta, suelen ser las consecuencias más superficiales al inhalar estas sustancias.
El nivel de nocividad puede potenciarse -advirtió Saracco- en bebés, niños, embarazadas y personas que sufren de afecciones respiratorias -como el asma- o alergias. “En concentraciones altas, este humo puede tener consecuencias similares a las del tabaco a nivel de las vías respiratorias. Las partículas finas pueden llegar al nivel de los bronquios y bronquiolos provocando complicaciones pulmonares”, dijo el profesional, y detalló que algunos formaldehídos (dependiendo de sus concentración) pueden ser cancerígenos.
En ese sentido, la recomendación consiste en evitar el abuso de estos productos y en el caso de utilizarlos, no encenderlos en ambientes cerrados. “Es muy importante ventilar el hogar en un horario adecuado y dejar ingresar el sol, que tiene un efecto bactericida y colabora con la degradación de las sustancias químicas que puedan haber permanecido en el ambiente”, aconsejó.
El neumonólogo Ramón Alchapar coincidió con Saracco y agregó que todos los elementos que produzcan humo, gases, vapores o aerosoles en mayor o menor medida terminan siendo perjudiciales. Por eso, el especialista incluyó en el “combo” de los artículos no recomendables para la casa, a las velas aromatizantes, los hornillos, los ambientadores y los aceites con esencias, cuya utilidad consiste en disimular o tapar otros olores.
Alchapar explicó que entre los contaminantes más comunes puertas adentro de las casas figura en primer lugar el humo del tabaco y le siguen estas sustancias. “En general, hay que advertir que todas tienen su costo bronquial y de hecho, siempre que quemamos sustancias orgánicas se van a liberar partículas cancerígenas”, aclaró.
En su consultorio, el médico suele desaconsejar a sus pacientes el uso de estos productos. “A los pulmones no nos debe llegar más que el aire”, sintetizó Alchapar, e incluyó entre los agentes perjudiciales al humo del asado, ya que tanto el carbón como la leña y el papel quemado liberan sustancias que producen EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica) e inflamaciones en la vía aérea superior como consecuencia de las altas concentraciones de monóxido de carbono.