8 de agosto de 2014 - 00:00

Sáenz Peña, centenario de su muerte

El 9 de agosto de 1914 fallece el presidente Roque Sáenz Peña en la ciudad de Buenos Aires, la misma en la que nació el 19 de marzo de 1851.
Sus padres eran el jurisconsulto Luis Sáenz Peña, presidente de la Nación entre 1892 y 1894 y Cipriana Lahitte.

Era una familia de tradición rosista. Sus dos abuelos (Roque Julián Sáenz Peña y Eduardo Lahitte), integraron la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires durante los gobiernos de Juan Manuel de Rosas, herencia de la que no renegaron y postergaron durante un tiempo las aspiraciones políticas de su padre.

Roque Sáenz Peña se educó en el Nacional Buenos Aires y luego ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires donde obtuvo el doctorado en 1875.

En 1876 fue electo diputado provincial por el Partido Autonomista de Adolfo Alsina y pronto presidió la Cámara por poco tiempo, pues renuncia en oposición a la política de “la conciliación”  que  Avellaneda  promueve para evitar la sublevación del mitrismo.

Precisamente, en 1874, cuando Mitre desconoce el triunfo de Avellaneda, en los comicios presidenciales el joven Roque Sáenz Peña participa de las fuerzas que reprimen la revolución.

En 1879 el joven abogado parte para Perú. Ha estallado la guerra del Pacífico. El gobierno peruano le reconoce el grado de teniente coronel y le da el comando de un batallón participando del triunfo de Tarapacá.

Luego se bate en la batalla de Arica, en la que muere el general Bolognesi. El futuro presidente argentino es herido, tomado prisionero y enviado a Chile donde es sometido a un Consejo de Guerra.

El político mendocino Lucas González, entonces canciller, gestiona con éxito su liberación y retorno a la patria. Años después se casará con su hija, Rosa González Delgado.

En 1885 el gobierno del Perú le otorga el grado de coronel de su ejército y en 1905 el de general de Brigada que, por ley, le autoriza a aceptar el Estado nacional, además de medallas y condecoraciones por su valor en combate.

Con el ascenso de Roca a la presidencia es designado subsecretario de Relaciones Exteriores por el ministro Bernardo de Irigoyen. Sólo permanece un año en funciones y luego parte.

En Inglaterra se encuentra con Carlos Pellegrini estableciéndose una sólida amistad y se asocian, junto a Federico Pinedo, en un estudio jurídico.

Participa de la fundación del periódico Sudamérica que apoya al candidato presidencial de Partido Autonomista Nacional Miguel Ángel Juárez Celman, que llega al poder gracias al apoyo de la mayoría de las provincias. Era el cuarto presidente provinciano desde que Mitre entregara el poder a Sarmiento en 1868, cuestión que irritaba a los porteños.

Juárez Celman nombra a Roque Sáenz Peña para la Embajada en Uruguay y luego con Manuel Quintana representa al país en la Conferencia Panamericana de Washington.

En la misma se opone a la constitución de una zona aduanera americana con moneda única tutelada por los Estados Unidos y que resume en la famosa frase “América para la Humanidad” en contraposición a la doctrina Monroe de “América para los americanos”, que se interpretaba como el continente para la expansión de los Estados Unidos.

Pellegrini lo sugiere como candidato presidencial y convence a Juárez Celman que lo nombre ministro de Relaciones Exteriores, ya en plena crisis política que desembocará en la revolución porteña del noventa.

El Partido Modernista

Luego de vencer a los porteños sublevados en la llamada Revolución del Parque, Juárez Celman no puede sostenerse en el poder, por falta de apoyo en su propio partido sobre todo en los leales al general Roca.

Los jóvenes que simpatizaron con Juárez Celman, la mayoría muy talentosos, vieron en Sáenz Peña el candidato para renovar el PAN y que les garantizara el mantenimiento de las autonomías provinciales, que en el gobierno del presidente Juárez Celman alcanzaron un grado  mayor que en los gobiernos anteriores y posteriores.

Los gobernadores de Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba se pronunciaron a favor de su candidatura y en contra del acuerdo entre Roca y Mitre.

Con esos apoyos la presidencia estaba asegurada pero Mitre sugiere la candidatura de su padre Luis Sáenz Peña quien la acepta provocando la renuncia de su hijo.

Alejado por largo tiempo de la política, luego de la ruptura de Roca con Carlos Pellegrini, retorna a la misma como candidato a diputado nacional del pellegrinismo en 1902.

En 1906 es electo diputado nacional en la lista de Pellegrini que vence a la del oficialismo del presidente Quintana en la ciudad de Buenos Aires. En ese año fallecen Quintana (al día siguiente de su derrota), Mitre, Pellegrini y Bernardo de Irigoyen. Al año siguiente el nuevo presidente Figueroa Alcorta termina con el poder de Roca y en una entrevista con Hipólito Yrigoyen le anuncia que respaldará como sucesor a Sáenz Peña.

El 12 de octubre de 1912 asume la presidencia Roque Sáenz Peña, quien había sido embajador del gobierno anterior en Italia y representante en la Conferencia Internacional de La Haya con Luis María Drago.

El vicepresidente era el Dr. Victorino de la Plaza, de larga actuación desde el gobierno de Sarmiento y con sólidos vínculos en Europa. Antes de asumir, el nuevo presidente se reúne con el jefe del radicalismo. Allí Sáenz Peña anuncia la reforma electoral e Yrigoyen se compromete a respetar la legalidad y renunciar a la revolución.

Sáenz Peña designa ministro del Interior al salteño Indalecio Gómez que se aboca a la redacción del proyecto de reforma de la ley electoral que el Congreso vota en 1912.

Sobre este tema hay dos errores que se repiten sin fundamento: uno es que estableció el voto universal; en realidad el mismo ya existía y en la provincia de Buenos Aires fue aprobado en 1821 durante el gobierno de Martín Rodríguez.

El otro, que era imposible competir con el oficialismo. Hubo numerosas elecciones nacionales y provinciales donde los oficialismos perdían, como lo demuestran investigaciones fundadas.

Las innovaciones de la Ley fueron la adopción del padrón militar, eliminando las confecciones de los padrones antes de cada elección como aún sucede en muchos Estados de los Estados Unidos; la obligatoriedad del voto y su carácter secreto.

Además, el otro cambio fue la representación de las minorías al dar dos tercios de las listas legislativas a los ganadores y un tercio al segundo partido.

En ese mismo año se votó con la nueva Ley en Santa Fe, donde el interventor federal recibió instrucciones de no ayudar al partido oficial para convencer a Yrigoyen de la buena fe presidencial.

En la ciudad de Buenos Aires el oficialismo sacó 40 mil votos pero en dos listas; los radicales 34 mil y los socialistas cerca de 21 mil votos. Como el sistema permitía reemplazar candidatos (la borratina), fueron elegidos cinco diputados radicales, cuatro conservadores ( dos por cada lista) y tres socialistas.

Posteriormente el radicalismo obtuvo la gobernación de Entre Ríos y los conservadores ganaron en provincias como Buenos Aires, Córdoba y Salta.

Sáenz Peña fomentó la explotación petrolera, la extensión de los ferrocarriles en los territorios nacionales, llegando un ramal a Posadas. Se iniciaron los trenes del Chaco y la Patagonia, aunque luego varios de esos ramales quedaron inconclusos y otros se terminaron en la década del treinta.

Con su ministro Ramos Mexía proyectaron un polo industrial en Río Negro con energía del Chocón, obra que se postergó medio siglo.

En su gobierno se inauguró el primer subterráneo, que convirtió a Buenos Aires en la única ciudad latinoamericana, hasta fines de la década de los sesenta, en contar con ese servicio.

Pero sin duda la obra cumbre de Sáenz Peña fue la ley electoral, que triplicó la participación ciudadana en los comicios e incorporó nuevos sectores a la vida pública constituyendo Congresos más representativos.

La Argentina políticamente se puso a la altura de su progreso material y educativo. Baste recordar que recién hace medio siglo países como Brasil o Chile reconocieron el voto universal.

Fue el broche de oro de la generación del ochenta, ésa que convirtió, en sólo treinta años, un desierto en el país más avanzado de la región porque, además del enorme progreso material leyes como la 1420 de enseñanza primaria obligatoria y gratuita promovida por Roca en su primera presidencia y la ley electoral que pasó a la historia como Ley Sáenz Peña, conformaron esa Argentina especial de dinamismo social con vastas clases medias.

Como titulara, en un enjundioso libro, Miguel Ángel Cárcano, Roque Sáenz Peña realizó una revolución por los comicios.

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