El funcionamiento del sistema visual tiene cambios a lo largo de la vida. Se pueden establecer tres grandes etapas en el ciclo vital de la visión: desarrollo, estabilidad y decaimiento. Y en cada una, los controles y cuidados serán diferentes.
El funcionamiento del sistema visual tiene cambios a lo largo de la vida. Se pueden establecer tres grandes etapas en el ciclo vital de la visión: desarrollo, estabilidad y decaimiento. Y en cada una, los controles y cuidados serán diferentes.
Los controles deben realizarse, al menos, una vez al año: cada seis meses, en niños que usan anteojos; cada cuatro, en situaciones que pudieran generar ambliopía, dado que la visión que se pierde en la infancia temprana es la más difícil de recuperar.
Durante los años de estabilidad visual, se distinguen dos etapas: la madurez temprana y la présbita. Se estima que, de los 25 a los 40, la visión permanece estable, y si no han aparecido afecciones previas, es poco frecuente que sucedan ahora. Se recomienda control cada dos años.
Pero también es cuando pueden surgir otras alteraciones oculares como el glaucoma, u otras derivadas de patologías generales como la hipertensión arterial, diabetes y problemas de tiroides, entre otras. Los controles deben ser anuales o más frecuentes.
Se pueden acentuar las alteraciones visuales previas y/o aquellas asociadas con enfermedades generales. Surgen las cataratas y se va registrando una importante disminución en la calidad y cantidad visual.
Otra alteración que aparece o se exacerba con los años es el síndrome de ojo seco ya que la calidad de las lágrimas disminuye con la edad y, en algunas enfermedades reumatológicas, se afecta de manera severa. Además, la piel palpebral se pone más flácida y altera el parpadeo
Pero no debemos temer ante la palabra “decaimiento” porque es parte de nuestro ciclo biológico normal.
*Médico oftalmólogo, Jefe de Trasplante de Córnea en Clínica Nano. [email protected] Contenido exclusivo de la revista Rumbos.