20 de abril de 2013 - 20:38

Se rompe una legendaria tradición con la grave crisis de la casa real española

La gravísima crisis económica española también está arrastrando consigo al rey Juan Carlos y su familia, hasta el extremo de que algunos ya proponen el fin de la monarquía.

Durante décadas, la población, los políticos y los medios trataron a los integrantes de la familia real de España con profunda deferencia. En general, no se investigaba la vida privada, no se reportaba su paradero, ni se hablaba de las fuentes de la vasta riqueza personal del rey Juan Carlos, aun cuando subió al trono casi sin dinero en 1975, después de la muerte del general Francisco Franco.

Sin embargo, los tiempos han cambiado, tanto para el rey como para el país. España se encuentra en medio de una crisis económica y de identidad al haber amarrado su destino a la Unidad Monetaria Europea, hoy aquejada por los problemas.

El rey de 75 años es cada vez más impopular y las encuestas de opinión indican que lejos de suscitar solidaridad, su salud menguante ha intensificado los llamados a que abdique a favor de su hijo, el príncipe heredero Felipe, de 45 años.

Políticos y periodistas empiezan a escarbar más profundo ahora y están desapareciendo los tabúes. Pareciera que casi cada semana la familia real confronta vergüenzas y acusaciones nuevas, algunas dirigidas contra el propio rey, y casi todos los aspectos de la vida personal y de las finanzas de la familia se han convertido en blanco.

"Simplemente, desapareció el escudo protector de la casa real", dice Carmen Enríquez, quien ha escrito varios libros sobre la familia real y quien fue corresponsal de la realeza en la cadena de televisión nacional de España durante casi dos décadas. "Estamos en una crisis grave, en la que los ciudadanos que sufren opinan que deberían saber en qué se gasta cada centavo del dinero público, incluida la monarquía".

Miles de personas se manifestaron en contra de la monarquía en el centro de Madrid el domingo, en el aniversario 82 del establecimiento del último gobierno republicano de España, al que se suplantó con la dictadura franquista después de una guerra civil. Varios manifestantes sostenían carteles en los que se llamaba a remplazar a Juan Carlos con un jefe de Estado elegido.

A principios de este mes, el principal partido socialista de oposición tomó medidas en el Parlamento para que, por primera vez, se solicite formalmente información sobre las finanzas personales del rey.
 
La solicitud siguió a un artículo publicado en el periódico El Mundo, en el que se asevera que Juan Carlos tiene guardado dinero en un banco suizo, en cuentas que heredó de su padre. La casa real dijo que examinaría los alegatos antes de emitir cualquier respuesta.

Se publicó la semana pasada un libro en el cual se hacen varias afirmaciones vergonzosas sobre la historia personal de la princesa Letizia, la esposa de Felipe. Se agotó la edición casi de inmediato. David Rocasolano, un primo de la princesa a quien alguna vez contrató como abogado, escribió el libro.

El libro provocó el desprecio inmediato de los partidarios de la realeza, quienes dijeron que es impreciso y equivale a un acto de traición. Cualesquiera que sean las imprecisiones, la publicación subrayó la amplitud y la intensidad de las críticas dirigidas contra la familia real.

Es probable que la apertura que expuso a la familia al escrutinio profundo haya sido la investigación por corrupción centrada en Iñaki Urdangarín, el yerno del rey. El asunto tocó al propio rey la semana pasada cuando la casa real se enfrentó a acusaciones de que Juan Carlos intervino personalmente para asegurar el nombramiento de Urdangarín, un ex jugador olímpico de balonmano, como entrenador asistente del equipo nacional de Catar.
 
El palacio dijo que si bien el rey telefoneó al jeque Hamad bin Jalifa al Tani de Catar varias veces, las conversaciones se relacionaron con un contrato español de construcción naval y no sobre las ambiciones deportivas de Urdangarín.

Fue sorprendente que los medios siquiera plantearan el tema. Llamar a amistades influyentes ha sido, desde tiempo atrás, la forma en la que el rey hace negocios para la familia, según observadores de la realeza. Ese patrón se puede observar también en los correos electrónicos que se filtraron en la investigación de Urdangarín, que conciernen a contratos lucrativos que le otorgaron gobiernos regionales españoles para organizar actividades deportivas.

Hace poco, el juez del caso también hizo comparecer a la esposa de Urdangarín, a la princesa Cristina, una medida sin precedente en los tribunales españoles que manchó aún más la imagen real.

La realeza no es la única que está bajo mayor escrutinio: casi ningún partido político en España se ha escapado de alguna indagatoria. Podría decirse que lo más dañino terminó a la puerta del primer ministro Mariano Rajoy y su gobernante Partido Popular, al que se acusa de operar un fondo para usos ilícitos. La corrupción y la decepción popular han tocado a casi todas las instituciones de poder en el país.

No obstante, que la familia real haya caído de la gracia popular es probablemente el ejemplo más notable. Pareció comenzar en serio en abril del año pasado, cuando el rey se vio obligado a ofrecer una disculpa, algo extremadamente excepcional, cuando regresó de una suntuosa excursión para cazar elefantes en Botsuana, lo que captó la atención popular sólo porque se cayó y se fracturó la cadera durante el viaje.

Desde entonces, el rey se ha sometido a más procedimientos quirúrgicos, lo cual provocó que hasta algunos partidarios de la monarquía sugieran que abdique, incluido el prominente columnista político, José Antonio Zarzalejos, un exeditor en jefe del diario conservador ABC.
"Es claro que la salud del rey no está en perfectas condiciones y ha cometido muchos errores, así es que no tiene la capacidad para dirigir que tiene su hijo", opina Zarzalejos, quien se describió como "un monarquista absoluto".

Dijo que durante su gestión como editor en ABC, la familia real no lo censuró formalmente, pero se contuvo la cobertura de la monarquía en forma voluntaria, como lo hicieron otras publicaciones.

"Los medios accedieron a no publicar algunas cosas", informó Zarzalejos. "No lo motivaba el temor, sino el respeto y la gratitud" por el papel que jugó el rey para anclar el retorno de España a la democracia después de décadas de dictadura bajo Franco.

Un portavoz de la casa real dijo que está muy consciente de la caída de la popularidad de la monarquía y del propio rey, pero también sostuvo que la monarquía sigue siendo más popular que muchas otras instituciones del país. Subrayó los esfuerzos para hacer que la casa real sea más transparente, incluido el hecho de dar a conocer más información sobre los activos financieros, lo cual se mandataría con una ley más amplia que impulsa el gobierno de Rajoy en el Parlamento.

Sin embargo, Enríquez, la ex corresponsal de televisión, dijo que en la España de hoy, es posible que la familia no haya tenido muchas opciones: "La casa real en sí misma ha llegado a entender que no podría quedar fuera de la ley de transparencia, sin provocar un genuino clamor popular".

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