15 de marzo de 2015 - 00:00

Romeo Santos... o demonio

Su actuación en la Fiesta Nacional de la Vendimia suscitó indignación entre los artistas locales. Su alto cachet, las palabras machistas sobre el escenario, el horario del show... Liliana Bodoc, la escritora y guionista de “Postales de un oasis que late”

Noche de martes y, más allá de las modificaciones impuestas por la lluvia, Romeo Santos cerró la Vendimia 2015. ¿Lloraba el cielo, anticipadamente, lo que se avecinaba?

Mi respeto hacia el arte popular es profundo y definitivo. Y honro la deuda que tiene el arte con el pueblo que lo ha acuñado, y que le da de comer símbolos, sonidos y  palabras. Si deploro la presentación de Romeo Santos no es por su  pretendida adscripción a la música popular sino por su discurso... Ahora me pregunto si merece llamarse discurso el hilván de palabras anacrónicas, abusivas y grotescas con el que manchó la fiesta.

Esto nada tiene que ver con el arte popular; ése que los pueblos construyen con su ternura, con su dolor, con su necesidad de ir a cantando al frente de batalla. Sería largo diferenciar aquí entre arte popular y cultura de masas.

Mi intención no es idealizar un espacio contradictorio y conflictivo, lleno de tensiones sociales y culturales. Pero me reservo la expresión arte popular para aquel que, siendo emergente del pueblo, jamás lo degrada.

Lástima que en el anfiteatro hablara esta lengua del pasado, regodeándose en su genitalidad, apelando a insultos "simpáticos" para levantar a su público.

Por otra parte, qué desacertada la decisión de permitir que Romeo Santos hiciera su presentación antes del espectáculo vendimial. Hubo mucha gente trabajando, intentando honrar un escenario y una tradición.

Entonces, de pronto, llega este triste rey y atropella una tarea que costó sudor y lágrimas. ¡Nunca más literal! Canta, descalifica y se va. Deja vacío y sucio un escenario que el equipo de vendimia merecía recibir antes que nadie. En lo personal, esto me dejó un sedimento de tristeza que deberé procesar.

También hay otra variable en este asunto: el público. Hubiera sido maravilloso que, frente a las expresiones machistas y burdas de Romeo Santos, subiera una digna silbatina desde las gradas. Un coro de chiflidos que avergonzaran al rey de la bachata, y le dejaran claro que el pueblo de Mendoza empieza en sus mujeres.

No ocurrió nada de eso, sino al contrario. Qué bien si ninguna joven hubiese subido al escenario ante sus requerimientos. ¡No debió haber Julieta para este Romeo! Desdichadamente la hubo.

Perdimos la oportunidad de dejar claro que el pueblo mendocino, que no llora por cualquier cosa, tampoco se ríe de cualquier cosa.   
Con seguridad alguien podrá decir que me estoy tomando demasiado a la tremenda unos pocos chistes, pero el humor refleja prejuicios, escala de valores, construcciones culturales.

Por su arte, el pueblo construye identidad. Romeo Santos construye una cuenta bancaria. A través de sus artistas, el pueblo propone conceptos y paradigmas. Romeo Santos propuso un modelo de machito temperamental que ofende a las mujeres y a los hombres.
Por suerte la vida es mucho más grande que cualquier escenario. Y el aprendizaje es lo único eterno.

LAS MAS LEIDAS