Los investigadores masculinos, no las mujeres, inducen un estrés tan intenso en los roedores que puede amortiguar las respuestas al dolor, según un artículo publicado en Nature Methods. Estas reacciones afectan el comportamiento de los roedores y potencialmente confunden los resultados de estudios en animales, sugiere el estudio.
Los autores descubrieron esta sorprendente disparidad de género durante una investigación de si la presencia de experimentadores afecta a los estudios del dolor en un roedor. Durante años, los informes anecdóticos habían sugerido que los roedores muestran una respuesta disminuida al dolor cuando un manipulador permanece en la habitación.
Este efecto aparente es "algo que la gente ha estado susurrando en las reuniones por años", dice Jeffrey Mogil, el autor principal e investigador del dolor en la Universidad de McGill en Montreal. "Pero nadie se había molestado en mirar esto de manera sistemática".
El equipo de Mogil mide la respuesta de los ratones y las ratas a una inyección en el tobillo, ya sea en presencia de diferentes experimentadores o en soledad en una habitación vacía (los investigadores aplican la inyección y luego rápidamente salen de la habitación). Para su sorpresa, los animales parecían mostrar una disminución en la respuesta al dolor en un 40 por ciento cuando un hombre y no una mujer se quedaba en la sala, analizada con base en los niveles de dolor en la escala de muecas del ratón.
Una camiseta usada por un hombre la noche anterior, colocada en la habitación con los animales, tuvo el mismo efecto. E igual efecto hizo el olor de los productos químicos de la axila, llamados secreciones axilares, algunas de las cuales se encuentran en concentraciones más altas en mamíferos machos que en hembras.
Pero las mujeres investigadoras no alteraron la respuesta al dolor de los animales. De hecho, la presencia femenina (o la de sus camisetas) parecían contrarrestar la respuesta causada por los hombres.
El estrés suaviza el dolor
Cuando los autores investigaron más, descubrieron que estos estímulos de olor masculinos no estaban actuando en las vías del dolor como un analgésico. En cambio, los animales estresados tenían niveles elevados de la hormona del estrés, la corticosterona, en la sangre. La tensión había anulado, temporalmente, la respuesta al dolor.
No fueron sólo hombres los que causaron el pico de estrés en los roedores, sino cualquier animal masculino que estuviese cerca, incluidos los conejillos de Indias, ratas, gatos y perros. Los compañeros de jaula masculinos del animal que está siendo experimentado fueron la única excepción y no produjeron cambios en los niveles de hormonas de estrés.
Es más, los investigadores replicaron el efecto en otro ensayo de comportamiento, llamado prueba de campo abierto, que mide la ansiedad en lugar del dolor. Y colaboradores suecos de Mogil replicaron algunos de los experimentos del estudio en su propio laboratorio y obtuvieron los mismos resultados.
Mogil dice que "a la conclusión que se llega es que la exposición a los estímulos olfativos masculinos es estresante para los ratones, escandalosamente estresante en comparación con otros factores de estrés conocidos".
Más que una simple curiosidad, esta respuesta de estrés puede dar resultados inesperados en un estudio. Al reanalizar datos de estudios anteriores del grupo, como la sensibilidad al dolor con agua caliente, los investigadores encontraron que los ratones de prueba mostraron un umbral de dolor más elevado cuando fueron manipulados por hombres, que el umbral mostrado cuando la manipulación fue efectuada por mujeres.
El trabajo demuestra indirectamente efectos potenciales en casi cualquier tipo de investigación médica, dice Joseph Garner, que estudia el comportamiento y bienestar de los ratones en la Universidad de Stanford en California.
¿Cómo deben abordar los investigadores este factor de confusión, potencialmente poderoso? Mogil dice que, junto con los hallazgos, se debería reportar el género de los investigadores en las publicaciones, y si hay cambio de investigadores a la mitad del camino, incluir el género como una variable en la misma investigación.
"Es el tipo de resultado que mucha gente desea que no pase", dice Douglas Wahlsten, profesor emérito de Psicología en la Universidad de Alberta, Canadá, que ha estudiado cómo reaccionan los animales a los investigadores que experimentan con ellos. Estos efectos se deben tomar más en serio, dice Wahlsten. "Creo que este trabajo hará que la gente sea más consciente".
Los investigadores de animales, dice Garner, tendrán que adoptar métodos estadísticos que compensen un mayor rango de variabilidad. "Tenemos que pensar en los animales más como seres humanos que como reactivos controlables".
